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Yes I can

O sería mejor decir, Yes I could. ¡Lo conseguí! ¡Lo he dejado!
  • ¡No jodas!
  • ¿En serio?
  • ¿Qué tal lo llevas?
  • ¡Me alegro un montón!
  • ¿Cómo lo has hecho?
  • ¡No puede ser!
  • ¿Ves como podías?
  • ¡Bien!
  • ¿Te ha costado mucho?

Algunas de estas frases, o todas a la vez, son las que llevo escuchando desde hace más de un mes. Exactamente desde el mismo día que decidí contarle a mi familia, amigos y conocidos (sin usar Facebook, Twitter o cualquier otra red social) que lo había conseguido. ¡He desinstalado Candy Crush del teléfono!


¿Qué? ¿Cómo se te ha quedado el cuerpo? Esto sí que no lo esperabas. Fuerza de voluntad que se llama. Envidia ¿eh? Yo solito. Sin ayuda ni nada. Ni sesiones de hipnosis, libros de autoayuda, ni medicamentos, sin parches, sin alcohol, sin aditivos. Así a pelo. Pasaré unos días en un centro de rehabilitación, y en breve estaré con vosotros de nuevo.  


Vale. No sabes, y te da exactamente igual, qué cojones es Candy Crush. Pues es un juego que… (¡Coño! Poned algo de vuestra parte y buscadlo en Google. O también mirad el link de arriba y ya de paso, le echáis un ojo a esta noticia). Si notáis que estoy un poco más irritable que de costumbre, puede ser porque he dejado de fumar, y seguro que algo influye.


Sí amigos, dos éxitos al precio de uno. Ya, ya sé que no tiene nada que ver una cosa con la otra. Ni punto de comparación. No os podéis imaginar lo difícil que es dejar algo que llevas mucho tiempo haciendo y en lo que piensas a todas horas. Te levantas pensando en este jodío vicio. Tienes un rato libre y lo dedicas a esta adicción. Vuelves a mirar el reloj para ver cuánto ha pasado desde la última vez… toda tu vida gira en torno a esto. No quieres dejarlo. Sudores fríos, temblores, ansiedad….y además, también está lo del tabaco.

Como de Candy Crush ya han escrito los de El País, os cuento algo más sobre “lo del tabaco”.

36, 650, 144,
No, no es la combinación de una caja fuerte, ni los números de la lotería primitiva, ni las medidas de la Duquesa de Alba… (Aunque pensándolo bien podría ser. 36 de pecho a la altura del pecho, 650 de cintura contando el pecho, 144 de cadera…).

Estos números son: 36 días que llevo sin fumar, 650 cigarros que no he fumado (¡Qué poético! Esta frase podría servir para una canción de Pablo Alborán) y 144 euros que he ahorrado desde que lo dejé. Ya sabéis que soy muy malo con los números. Tengo un programa en el móvil que me lo dice… Pero no, no estoy obsesionado con ello.


Más numeritos
Cuando decidí dejar de fumar, pero de verdad (no valía eso de: “a ver si lo dejo”), me puse a hacer números. Seguramente no sean del todo correctos, pero esto es lo que me salió teniendo en cuenta que llevo fumando desde hace casi 30 años. ¡Jodó!

DINERO GASTADO: Un cojón de las antiguas pesetas y la hostia puta en euros (no sé a cuanto está el cambio exactamente). Me daría, más o menos, para regalaros un montón de vidas del Candy Crush a todos los españoles y portugueses... (para los brasileños ya no, que son muchos).  

NUMERO DE CIGARRILLOS FUMADOS: Pffff. Ni a Julio Iglesias le hubiera dado tiempo a fumarse tantos después de… y mira que Julito ha tenido “después des”.

TIEMPO EMPLEADO EN FUMAR: El mismo que lleva Rajoy dando por saco al personal… una eternidad.

Podríamos sacar más estadísticas, pero todas serían igual de inútiles… Os avisé que era muy malo con los números.

¿Por qué?
¿Por qué lo he dejado? ¿Por qué no lo he dicho antes? ¿Por qué ahora? ¿No os parece que son demasiadas preguntas? ¿Y además, no sabéis que los que dejamos de fumar se nos agría un poco el carácter? Mira Fernando Fernán Gómez.


¿Y qué tal lo llevas?
Muy bien. De verdad. No me acuerdo del tabaco en ningún momento. Termino de comer, y no me apetece un cigarro. ¿Un cafetito? Y tampoco me acuerdo.  ¿Veo a mis amigos fumar? Y nada, no me fumaría ninguno ¿Me voy a la cama?  ¡A LA MIERDA! ¿A quién quiero engañar? Claro que me acuerdo, pero….. (tiempo para respirar profundamente), lo llevo bien.


¿Cómo?
Para que una noticia sea completa debe responder a estas 5 preguntas ¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? El qué, quién, cuándo ya lo sabéis. Dónde, da un poco igual en este caso. Lo importante es el cómo. Pues ahora voy y no contesto si no es en presencia de mi abogado… Ya hablando en serio. Lo importante es querer dejarlo. Si quieres, ya tienes la mayor parte del camino, pero ya sabes, la fama cuesta.

Algunos os estaréis preguntando (no tengo ninguna duda de todos los que me leéis sois más listos que el hambre), si voy a cambiar el nombre al blog. ¿Y ahora que no hay cigarrito va a ser “Y a la Cama”? Vamos a dejarlo como está. Si se llamara así, parecería el blog de Julio Iglesias. Aunque no creo que este hombre pierda el tiempo en escribir lo que hace en la cama. Julito hace las cosas, o no las hace.




Comentarios

  1. ¡Bravo, Javier! ¡Mucho ánimo! ¡Tú eres fuerte! ¡Adelante!
    Besotes,
    Isabel

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  2. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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