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La lámpara maravillosa y otros descubrimientos

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No estamos para que nos cuenten cuentos, ni mucho menos cuentos antiguos como el de Aladino y la Lámpara Maravillosa. Que resulta que Aladino se llama ahora Aladín (no, no voy hacer la broma de ponerle apellidos como Aladín Aladán aladín bom ban). Tampoco os voy a explicar que el nombre real es Al-Ladín, que en árabe de Arabia significa “ahí a 5 minutos andando”. Lo que sí os voy a contar es mi historia con una lámpara. No es una lámpara maravillosa. Es más bien normalita. Ni siquiera te concede tres deseos. El único deseo es que, si de verdad quieres que se encienda, sólo tienes que dar a un botón (tenerla enchufada y tener pasta para pagar la factura. Esto ya es más complicado, pero no tiene la culpa la pobre lámpara. Ni Aladín, ni Aladán…) Lo maravilloso de la lámpara es que tenía un botón que he encontrado casi un año después de comprarla. Con una sola bombilla, la lámpara tiene muchas más luces que el dueño. Durante bastante tiempo he estado desenroscando la bombilla, o desenchufa

Moderna, Pfizer, AstraZeneca y la vacuna Matata

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Cuando llegue… Pues yo no me la voy a poner… Nos van a instalar un chis y vamos a… Estoy deseando que … Pues ya ha llegado. No han llegado a todos, ni a todas partes del mundo. De hecho, algunos todavía tendremos que esperar y es posible que nos pongan una vacuna que aún no se ha inventado. O una mezcla de varias vacunas. Yo me pido la de Moderna y Astrazeneca, la “Mostrenca”. Yo la rusa, la “Vakunin”, o la árabe que creo que se llama “Al Jer Inga”, la india, también conocida como Indi Ción. Los chinos también tendrán la suya, pero como no sé leer en mandarín, será la palito, palito, palito, y a casa (los chinos se ponen tres dosis, por si acaso). El caso es que como no soy tan mayor, ni trabajador esencial, ni tan trabajador, ni obispo, ni alcalde, pues todavía no me han llamado tampoco para ponerme la vacuna Matata, que es la modalidad africana. Lo que sí que he hecho, como siempre, es documentarme para ver los efectos de la vacuna. He intentado entrevistar a pestrigio, pr

Yo no soy experto, pero…

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¿No tenéis la sensación de que estamos rodeados de expertos? En la tele, expertos, en la radio, más expertos. En los periódicos, en las redes sociales, en la calle. Vas tan tranquilo y aparece un experto para dar su opinión. Hay más expertos que temas en los que experimentarse. Incluso nosotros somos expertos. De todo sabemos y si no lo sabemos, siempre tenemos la opción de: “Yo no soy experto, pero…” Hace tiempo que os hablé de los peros y de sus variedades. El adversativo, el copulativo el PEROgrullo, el PoromponPero y el Pero ladrador poco mordedor. Así podría estar durante varias horas hablando del tema como buen experto que soy… Vale, no soy experto en peros. Ni peros, ni señales, ni en nada. Pero hay que tirar para adelante, seguir opinando, hacer como si no pasara nada y seguir exponiendo tus puntos de vista sobre cualquier materia. Para eso tienes un máster en “expertez”. No, no me voy a meter en jaleos de “másteres”. Con lo que sí me voy a meter es con los expertos que sa

¿Este cuento se ha acabado?

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Colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Así terminaban algunos cuentos. En otros comían perdices y eran felices. Desconocemos si las perdices también estaban de acuerdo en la forma de acabar un cuento. Como no les hacían encuestas de satisfacción… “¿Del 0 a 10 cómo de satisfecha está usted con que la gente feliz coma perdiz?”. ¡Qué injusto ha sido el mundo de los cuentos en particular y el mundo mundial en general, con estas aves! También podían acabar las historias comiendo codornices, que también rima. Tapices, narices… Meretrices, también rima con felices, pero eso sería otro cuento y un final diferente. Hoy quería hablaros del final de los cuentos. ¿Alguna vez os habéis preguntado qué fue de los enanitos de Blancanieves? ¿Qué pasó con Pinocho cuando se hizo mayor? ¿Donó la Bestia el pelo a Turquía? Ya sabéis que en muchos cuentos lo importante era casar a los muchachos. ¡Las ganas que tenían los reyes de quitarse de en medio a los chiquillos! Rey que tiene un príncipe o

¿Te acuerdas cuando íbamos a Netflix?

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Hoy toca el turno del abuelo Cebolleta. Las jóvenas y jóvenes no sabréis ni quién es. Ya os lo cuento. El Abuelo Cebolleta era un personaje de tebeo. Un señor mayor que contaba historietas de su época. Como todos los señores, pero algunos no nos apellidamos Cebolleta. Yo voy a hacer de abuelo Cebolleta y como os decía en el título del post, hubo un tiempo en el que íbamos a Netflix. No hasta Palo Alto o Mangas Verdes, o como quiera que se llame el sitio donde ponen todas estas empresas “cuquis”. Sino a unas sucursales, como lo que tenían antes los bancos en cada esquina, que se llamaban “ videocluses ” (el plural de Videoclú ). Algunos diréis que todavía queda algún videoclú . Y tendréis razón. Vale, también quedan tiendas de Ultramarinos, que eran cosas traídas de otros continentes (o Pryca). Ahora los que vienen de otros continentes son los que te venden las cosas. ¿Qué es un videoclub? Videoclub era un sitio en el que había películas. Como en Netflix, pero aquí el que te las