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Razones para no odiar, demasiado, el Mundial de Fútbol

¿Estás harto del Mundial y querrías que se acabara ya mismo? ¿Tu televisión se ha llenado de gente en pantalón corto con nombres raros? ¿Tus amigos no quieren quedar contigo porque prefieren ver el partido entre la selección nigeriana e Islandia? Puede que incluso no sepas que hay un Mundial de Fútbol. Conozco gente, y son personas normales, que no tienen ni idea de que se han juntado varios países en Rusia para dar patadas a un balón (No al mismo balón, que sería un lío y no habría campos tan grandes, ni siquiera en Rusia). Hay otros que sí que saben que hay fútbol, otra vez, pero no disponen de toda la información. Pero para eso estoy yo aquí. Como ya hemos dicho, el Mundial es en Rusia, un país tan grande que ni siquiera puede medirse en campos de fútbol. El Mundial aunque a algunos les pueda parecer eterno, sólo dura hasta el 15 de julio. Operación Triunfo duró más y estabais todos tan contentos… hasta que llegó Eurovisión. En el mundial no te dan puntos si cantas. De hecho, es mej…
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Presidente, Ministras y Ministros y viceversa

En un segundo pueden pasar muchas cosas. En un noveno también y además tienen mejores vistas. Pues imaginad en una semana la de cosas que pueden suceder. Por poner un ejemplo, en menos de una semana no habrá más que señores jugando al fútbol y el resto de las cosas que pasen en el mundo pasará a un segundo, tercer o cuarto plano o puede que en fuera de juego. Primero el fútbol y luego las repeticiones… Y después, las mejores jugadas, entrevistas con los señores que juegan al fútbol y otros señores que te explicarán todo lo relacionado con el deporte rey. El cómo, cuándo, dónde… ¿¿Por qué?? En una semana también han pasado otras cosas. Por ejemplo en España ha cambiado el gobierno. Y estamos todos un poco descolocados. Como cuando te cambias de ordenador y no sabes muy bien dónde están las teclas (¿Dónde están los números? ¿Y la ñ? ¡Me la han cambiado! A este ratón le faltan botones! ¿Y esto dónde se enciende?) Así estamos todos con el cambio de gobierno. Sobre todo los que estaban y ya n…

Tenemos que hablar y otras frases de 3 palabras que asustan

Estamos en una época de economía del lenguaje. No hacen falta más que tres palabras para acojonar. Si no, mira estos días en España, Moción de Censura. Que a ti a lo mejor no te asusta, y a Rajoy tampoco le preocupaba, pero ya ves...

No más política… ¿Ves? Más frases de tres palabras. Lo estoy clavando, estoy en racha, hoy me salgo. Vale, ya paro. O mejor, no. ¡Seguimos con esto!
Sin más “dilatación”, hoy quería hablaros de estas frases cortas que no quisiéramos o quisiésemos (presente del subjuntivo imperfecto Madrid Barajas Adolfo Suárez del verbo querer) escuchar. Bueno, vamos allá.

Reinventando las canciones del verano

Igual debería cambiar el título y poner reventando las canciones del verano, pero no me gusta hacer spoilers (lo que antes era joder el final, ahora lo llaman spoiler).
El caso es que estamos a punto de llegar a la época estival (el calorcito, para los que no tienen estudios) y aún no hay canción del verano. ¡Qué tiempos aquellos en los que Georgie Dann o su primo King África nos daban la turra! ¿No lo echáis de menos?

Bares, qué lugares, para echar de menos

Una de las cosas que echas de menos cuando sales de España son sus bares. Que no es que no hayan puesto sitios en el extranjero para tomar un café, o una cerveza con los amigos, pero no hay torreznos, ni señores leyendo el Marca, ni otras muchas cosas que echas de menos de los bares, qué lugares, tan gratos para conversar. Yo soy un poco como los señores de la canción, que también me gustan los bares. Calor, amor y bar. Deben ser las primeras palabras que aprenden los guiris. ¿Dónde mejor que un bar para practicar la frase preferida de los señores que vienen del extranjero a un país en el que se hable español? “Dous cervezas” por favor. Hace poco entré a tomar un café en uno de esos bares típicos, de los de toda la vida. Un bar al “azahar”. Sólo quería que hubiera café… y me di cuenta que hay mucho más que café, y que los echo de menos más de lo que yo creía. Hoy te cuento por qué los echo de menos.

Papeleo, Internez y la madre que parió a los formularios

Vamos a empezar como si fuera un monólogo de un cómico. El otro día (tomando el otro día por cualquier momento que oscile entre ayer y otro día de la historia de la humanidad) tuve que ir a arreglar papeles.

Bonita expresión lo de arreglar papeles. Parece que los papeles se me habían roto, que no funcionaran. O que tuviera que darles con el destornillador de estrella (el plano no funciona para estos casos). Cuando decimos arreglar, queremos decir renovar, pagar, domiciliar… todas estas acciones que nos encanta hacer a todo el mundo. Tanto como madrugar para ir al dentista, o chupar una lija al mediodía en agosto… en Sevilla.

Hoy voy a contarte algunas cosas que pasan cuando estás papeleando. Seguro que la RAE no recoge este término, porque ya sabemos que está lleno de señores que no les gusta recoger cosas nuevas, ni viejas, que lo tienen todo perdido. Vamos que me lío y no quiero cabrear a Pérez Reverte... aunque igual ya venía enfadado de serie.

Vamos al papeleo.

Roma, la ciudad en la que te eternizas

Si alguna vez te has preguntado por qué llaman a Roma la ciudad eterna, ya te lo digo yo, porque te puedes tirar horas esperando. Esperas para ver un monumento, entrar en un museo, hacerte una foto sin que haya otros dos millones de personas con el palo selfie a tu alrededor, comer en un sitio decente, pedir un helado… Es el precio de la fama, yla fama cuesta, y aquí es dónde vais a empezar a pagar (una pasta por cierto). Y ahora que ya sabéis lo de la ciudad eterna, la fama y demás zarandajas (qué me gusta la palabra zarandaja… no para ponérsela a una persona, pero por ejemplo a una ensalada, o a una tienda de chuches, o a un pueblo con pocos habitantes), os voy a contar cosas sobre Roma. Sube que te llevo.