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Sobre mí

Nací en el seno de una familia en mayo de 1968, aunque tengo poco de revolucionario.  Pasé mi infancia y media adolescencia en Carabanchel en unos años bastante chungos (finales de los 70, principios de los 80).  Ya sé, todos los de Carabanchel tenemos que decir que somos de allí. No es que me sienta ni más ni menos orgulloso, pero tengo muy buenos recuerdos de un barrio muy vivo, con muchos amigos, jugando al fútbol,  todo el día en la calle y pasándolo muy bien.

En 1985, me fui con mis padres y hermana a vivir a Tres Cantos (Madrid). Cuando llegué allí éramos sólo 2.000 habitantes y nos conocíamos todos.  Hasta 2010 he vivido allí y luego me fui a Alcobendas, que  tampoco es cuestión de viajar mucho. 

Ahora vivo en Dublín, que ya pilla algo más retirado y aunque aquí es dónde fabriquen la lluvia, tampoco se está tan mal. Hay más sol en otros sitios, pero no vamos a quejarnos, que aquí se viene uno ya quejado. 

Estudié Ciencias Audiovisuales, o como se llamaba antes Imagen y Sonido. Quería ser director de cine (hacer la mejor película después de El Padrino) o guionista de series de TV (digamos que Farmacia de Guardia no me marcó demasiado, me gustaba más Cheers).  Empecé a escribir guiones con algunos amigos, pero o no eran suficientemente buenos o no dimos con la tecla. 

En 1995 me fui a Inglaterra a trabajar y estudiar para “perfeccionar” mi inglés.  Lo perfeccioné bastante, fui sin saber hablar casi nada y no entender un carajo y ahora, al menos puedo pedir una cerveza en un pub y que no me pongan un café.  También he estudiado en Los Angeles, para tratar de entender a los americanos… me refiero a su inglés, su forma de pensar , ya es otra cosa.

He trabajado en diferentes Departamentos de PR de empresas como Operama, ONCE y Panda Security. 

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Sí sí sí, el bombo ya está aquí

¡Albricias! Celebremos con regocijo (quienquiera que sea regocijo) la buena nueva. ¡Manolo podrá tocar su instrumento de nuevo!  

Para los despistados. Hablamos del bombo de Manolo, un señor que es famoso por tener un bombo. Como Bartolo con la flauta, pero en versión bombo. Ya, ya sé que llego un poco tarde a la noticia, pero es que hay cosas que necesitan tiempo para digerir, y reconocer su importancia. Y es que era un clamor. La gente preocupada, no se hablaba de otra cosa, un sinvivir, noches sin dormir (una, pero sin dormir… bueno, en realidad sí que dormí, pero no muy bien… El calor no ayudaba)

¿Por qué es tan importante que Manolo tenga su bombo? ¿De verdad os lo tengo que explicar? Está bien, allá vamos.


Yo os maldigo, jodíos móviles

No sé si os acordáis de Charlton Heston en El Planeta de los Simios en la escena final, más cabreao que una mona y “maldijiendo” a todos. Pues yo igual, maldigo a los móviles, que tienen la culpa de todo lo que sucede. Antes no había teléfonos inteligentes, ni siquiera un poco listos, y no pasaba lo que está pasando ahora. Si no, cómo os explicáis, que haya llegado Trump a ser Presidente. Pues por los móviles.

Y no sólo lo digo yo. También lo dicen los programas de la tele, y los de la radio y en los artículos de revistas y periódicos (por si no lo recuerdas, son esas cosas que venden en las tiendas con hojas… las lechugas, no, lo otro).

Pues eso, que lo dice todo el mundo. Todo el día nada más que “de mirar” el móvil y no hacemos otras cosas, no como antes que hacíamos…. por ejemplo… Dejadme pensar y ahora vengo.

Vuelve la vuelta al cole

Quizá el título no lo aprobarían en un periódico serio. También es verdad que cada vez quedan menos periódicos serios. Realmente,  tampoco es que haya demasiados periódicos y es mejor no tomarse las cosas demasiado en serio.
El caso es que estamos otra vez con la vuelta al cole. Cualquier producto es bueno para aprovechar la idea. Aquí no tenemos muy claro cuál es el público potencial. ¿Los padres? ¿Los profesores? ¿Los tiernos infantes? El caso, es que no está mal de precio.


Hoy vamos a hablar de las cosas que pasan cada vez que nos referimos a la vuelta al cole. Es como la vuelta a España. Tiene cuestas, gente sufriendo, uniformes… pero aquí no te puedes echar la siesta como cuando ves el ciclismo.

Una Navidad “inmóvil”

Nos quieren “inmovilizar” estas Navidades. Y esta vez no es culpa de Carmena… O no sólo culpa de ella. ¿Pues no quieren que dejemos de utilizar el móvil? No sé si habéis visto alguna de estas campañas en las que te dicen que tenemos que vernos más (hay gente a la que me gustaría ver menos, pero eso es otra historia) o que sabemos muy poco de la familia. Eso pasa porque la gente pone cada vez menos cosas suyas en Facebook o en Twitter. ¿Qué queréis? ¿Que hablemos entre nosotros? Como si estuviéramos en la Edad Media. ¿Qué será lo próximo? ¿Que nos mandemos cartas? ¿O que hablemos por teléfono? Hablando un poco más en serio. ¿De verdad pensáis que es culpa del teléfono que sepamos muy poco de las cosas importantes de la familia? ¿O que pasamos tanto tiempo conectados a las redes sociales, que hemos desconectado de la gente que tenemos a nuestro alrededor? Sinceramente, creo que no hay una respuesta única. No todo es blanco o negro, como las cebras o los pingüinos. Hay gente que gracias a l…

Empanaos sin fronteras

Antes de nada vamos con la definición de empanao. Es muy probable que seas uno de ellos y no lo sepas. Es como los zombis, que no lo saben, como no tienen televisión ni van al cine... O los cansinos, que no se dan cuenta que lo son. La RAE recoge empanada mental como confusión de ideas, pero no define el término empanao.

No es aquel que está recubierto de pan rallado y huevo antes de realizar una fritura con aceite o estas guarrerías que hacen algunos con la mantequilla. Seguimos hablando de la cocina y freír cosas, que ya os veo venir y empezáis a imaginar a gente usando mantequilla para…. Paro que si no os lo estábais imaginando, ya os doy ideas. El caso es que un empanao es el que no se entera, el que está distraído, que está más pallá que pacá (esta definición no es la más técnica, pero es la que más se acerca a la definición real).

Y hay empanaos en todas partes del mundo. Aquí no hay discriminación por sexo, raza, religión, credo o avemaría cuando serás mía. ¿Pero cómo reconocerl…