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¡Crismasmarquet!

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¿Qué? ¿Aún no has ido al Crismasmarquet ? No me lo puedo de creer. ¡Es lo más! ¿Cómo? ¿Que no sabes qué es? No, no es una de esas cosas modernas que hacen ahora los jóvenes en el internez y hacen bailecitos poniendo caritas. Algún día hablaremos de la gente que pone cosas en Internet bailando y poniendo caritas. Que no son sólo jóvenes. Que hacer el ridículo no tiene edad. Pero hoy estamos a lo que estamos y os voy a contar cosas de los “Christmas Market” o como lo llaman en Alemania, Weihnachtsmarkt . Los suizos tienen de todo, y también lo llaman Christkindlimarkt, que son muy de poner nombres imposibles de pronunciar a las cosas. Con lo fácil que es decir Mercadillo Navideño. Cuando era pequeño, sí, ya había Navidad en aquella época, también había un mercadillo navideño. O al menos yo solo conocía uno. Es la desventaja de ser pequeño, que sabes pocas cosas. Luego de mayor ya vas aprendiendo que hay más cosas, aunque casi mejor que no las supiéramos. Pero esa es otra historia.

El niño de la piscina

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Hay historias tristes como la de El Niño con el Pijama de Rayas, algo más alegres como La Niña de tus Ojos o ésta de El niño de la piscina, que podría estar a mitad de camino. O es posible que sea un drama, una comedia o una historia de superación. Yo os la cuento, y luego ya decidís vosotros mismos. Este post es algo así, como elige tu propia aventura. Érase una vez en una piscina de un hotel en Estados Unidos. Año dos mil y trece de nuestro señor. Padre e hijo jugando a lanzarse una pelota de plástico de pequeño tamaño. De plástico y de pequeño tamaño, la pelota. No tengo nada en contra de los padres o los hijos de plástico, pero en este caso eran reales. El padre era un americano medio de gran tamaño. Tirando a muy grande, que suele ser la media de los padres de Estados Unidos. El niño de la piscina, nuestro protagonista, tampoco es de pequeño tamaño. Diríamos que es talla XXL. Imaginad ese actor infantil de las películas americanas. Ese chavalín que no suele ser el más popular,

Sálvame, pero poco

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Como casi siempre, comienzo por el principio, que es por donde se comienzan las cosas. Y una vez más tengo que explicar el título, porque como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación. Como ya os dije en el post de la semana pasada , yo conozco a muchos famosos. Cienes y cienes de ellos. A porrillo. A todos, no, pero a muchos. Si no es de una cosa, es de otra. Y si no los conozco, tengo un amigo, que tiene otro amigo que conoce a un famoso que también conoce… Se conoce que las cosas funcionan así. Pero ya está bien de hablar de famosos y vamos a hablar de nosotros. Los que no ocupamos portadas en el Hola, o salimos en el Sálvame. Cosa que, por otro lado, es de agradecer. No me gustaría que hablaran de mí en la tele y opinaran de la ropa que llevo puesta, con quién voy, con quién salgo, con quién entro… No sigo, porque…. ¿Os imagináis que vuestra vida fuera como la de los famosos? Un Sálvame de mercadillo en el que se hablara de cualquiera de nosotros. Allá vamos. “Sólo

Yo y los famosos

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¿Quién es más importante? ¿Yo, o los famosos? Por supuesto que no hay ninguna duda. Tened en cuenta que este blog es mío. Y no soy objetivo. Sin mí, este blog no existiría. Sobre famosos ya hay programas de televisión, de radio, revistas, su sección en el periódico, canales de “Llutú”, “poscast”, y un montón de gente hablando de ellos. O de sus novios, novias, parejas, parejos, hijos, hijas padres y madres que les parieron. En el post de hoy quiero hablar de nosotros, los que no somos tan conocidos y de la relación que tenemos con los famosos. Y es que todos, todos, hemos tenido una relación con una “celebriti”. De ahí lo de “Yo y los famosos”. Cuando digo yo, quiero decir tú. O nosotros.  A ver cómo lo explico… ¿Os he dicho que mi hijo es…? Los famosos tienen hermanos, primos, abuelos. Bueno, a lo mejor abuelos ya no, pero han tenido madre, y padre, aunque sean unos hijos de… El caso es que a los familiares les encanta decir que son familiares de….  ¿Quién no tiene un padre qu