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El amor en los tiempos del Tuenti



Exterior Noche- Estadio Vicente Calderón

Tres chicos jóvenes de unos 14 o 15 años gritando desde la grada a una periodista a pie de campo

Tres jóvenes al unísono (que quiere decir “todosalavez”)

¡Rubiaaaaaaaa, pásame el tuenti!!!!

La periodista rubia, sin girar la cabeza, hace caso omiso (que quiere decir ni puto caso) de los jóvenes que se desgañitan repitiendo la frase una y otra vez.

Palabrita del niño Jesús, que no me he inventado esta escena. Lo mejor de todo es que los chavales estaban indignados porque la rubia en cuestión no les hacía ni caso.  ¿Qué esperábais que fuera hacer la muchacha?


A – ¿Que os oyera mientras otros 50.000 tíos animando a su equipo y os gritara su perfil de Tuenti?

B – ¿Que se enamorara de los tres a la vez al veros tan apuestos y educados y corriera rauda y veloz a vuestro encuentro para salvar la distancia de 50 metros y os propusiera relaciones estables?

C - ¿Qué sólo se enamorara de uno de los tres, pero había que intentarlo?

D.- Ninguna de las tres primeras y echaros unas risas

Probablemente apostarían por la cuarta, pero ¿y si cuela?  Al fin y al cabo, ellos sólo pedían el tuenti de la rubia.  Luego todo lo demás, sería coser y cantar. Una vez tienes su perfil, la chica ya está en el bote.

¿Os acordáis cuando no había tuenti, ni Facebook, ni Twitter, ni Whattsapp, ni “ná de ná”? Por no haber, no había ni móviles.  No os estoy hablando de cuando todavía se entendía a la Duquesa de Alba al hablar.  Hace menos de 20 años de todo esto.  ¿Te gustaba una chavala?  Pues te jodías y tenías que llamarla por teléfono. Sí, sí, a ese teléfono fijo que todavía algunos tienen en su casa y que no suena más que para que un comercial te llame a las 10 de la noche para venderte algo. 



Los números de teléfono, si era en tu provincia sólo tenían 7 dígitos.  Si te molaba alguien de otra parte de España, estabas jodido, tenías que saberte 9 números.   ¿Quién se sabe ahora el móvil de otra persona?  Sin embargo me acuerdo del fijo de todos mis amigos (aunque no les llame nunca a casa).

A lo que iba, que siempre me pasa igual. Si te gustaba una jovenzuela, o ya te habías liado con ella, la primera prueba de fuego era conseguir hablar con ella por teléfono.  Ibas a una cabina (ese sitio donde se cambia Supermán), y llamabas.  Siempre, siempre, siempre, el teléfono iba a ser respondido por una voz masculina (las madres solo cogen las llamadas en las películas).  Había dos opciones, el padre, con voz de padre y poco simpático, o el hermano, en teoría más simpático, pero tirando a hijoputa.

En cualquier caso, la secuencia era siempre la misma. Tú con voz temblorosa, dirías, 
- Tú: Por favor, ¿podría hablar con “ponga aquí el nombre de su amada”? 
-Hermano:  ¡Pili! (¿Me habré equivocado?  ¡Me había dicho que se llamaba
 Pilar!).  “Te llama tu novio”.   
 – Tú: “No, que no soy tu novio, sólo somos…”

Pero ya estás hablando solo… o peor, ya estás hablando con ella y lo ha oído todo.
Si es el padre el que contesta, sería. 

–Padre: “¿Tú quien eres? “
- Tú: “Pues soy fulanito” (en el mismo momento que dices tu nombre, te cambia la voz y vuelves a tener cinco años).

Cuando contestaba el padre, la chica no estaba en casa, es una regla no escrita y te toca hablar más de la cuenta con un señor con una voz de más mala hostia que Fernando Fernán Gómez firmando autógrafos.

Una vez que lograbas dar con tu chica, o medio novia (tu quieres ser su novio, pero ella no), había que pasar un nuevo suplicio.  La velocidad con la que la cabina se tragaba las monedas.  Tenías 100 pesetas en monedas de 5 y aquello iba más rápido que Forrest Gump en los sanfermines.  Si se cortaba, tenías que volver a conseguir cambio y empezar el proceso de nuevo.

Había dos opciones, la carta (cuando aquello ya iba en serio) o los teléfonos.  Ahora, tienen todas las posibilidades de contactar con la chavala, o el chaval (que también ellas tienen derecho a entrar a los tíos).  Tienen el tuenti (menos el de la rubia de nuestra primera escena), Facebook, Twitter, Google+, whattsapp… mil y una posibilidades… Y con todas estas posibilidades, ¿lo único que se te ocurre es llamarla ¡Rubiaaaaaaa!?  Dios da pan a quien no tiene pañuelos (otra vez me he vuelto a liar).

En próximos capítulos explicaremos más a fondo las posibilidades del amor en los tiempos del Tuenti, o no...

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