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Pues parece que “refregca”



Aparte de una frase para entablar conversación en el ascensor, el frescor significa que ya hemos llegado a ese fatídico (mola esta palabra) momento en el que las mujeres hacen el cambio de armario.  Para los que no estéis familiarizados con esta época del año, tenéis mucha suerte.   Pasamos a la explicación.

El cambio de armario no es que vayas a ver a los amigos suecos, compres unas cuantas tablas y una llave Allen y te pongas a hacer el susodicho (palabra casi tan fea como exquisita o ambrosía), armario.  Por supuesto, un hombre de verdad lo hará sin necesidad del manual de instrucciones.  Tampoco significa que tengas que mover el jodío armario. Se trata de cambiar lo que hay dentro del armario (que os lo tengo que contar todo).  Cuando parece que “refregca” (se nota que soy de “Madrí”) llega ese momento.  Se guarda la ropa de verano en el trastero, en cajas, en otro armario (al que le sobren)… Advertencia, esto del cambio es aplicable únicamente a las mujeres.  Para nosotros es básicamente poner la rebequita o los “jerseyses” más a la vista y mirar si nos vale el abrigo del año pasado.

En el caso de las mujeres, esto es un trabajo en sí mismo. La frase “Habría que hacer el cambio de armarios” supone que te toca A TI hacer el cambio (como bajar la basura, comprar el periódico y el pan).  A ti, que sólo tienes que echar un ojo para saber dónde está el jersey, te toca mover “cienes y cienes” de tops, camisetas, shorts y guardarlos para el verano que viene, donde puedas, claro está.  Luego hay que sacar esos pantalones de otoño-invierno, las faldas largas, las chaquetitas, los zapatos de invierno, las botas, los bolsos de entretiempo (si, amigos, hay bolsos para diferentes épocas del año.  Por eso una mujer como Dios manda, necesita una media de 3000 bolsos y nunca son suficientes). Por supuesto que esto es una generalización y no siempre es así.  Cuenta una vieja leyendo ebria, digo… vieja leyenda hebrea  (homenaje a Les Luthiers - cuando digo homenaje es que se lo he copiado a ellos), que una mujer sólo tenía 30 bolsos.

Para los tíos no hay más cambios. El pantalón vaquero (otros le llamaréis tejanos o “jins”, pero a mí me suena como el gato de los “marditos” roedores), es el mismo que te has puesto para el verano.  A la camisa, le “desarremangas” las susodichas mangas. El polo de manga corta, también vale, el jersey va encima (o por los hombros si prefieres. Pero que sepas que queda muy malamente y te hace parecer el hermano pequeño de Aznar), y a correr.

El otoño sucks (que en inglés, es lo contrario de cool). No lo puedo evitar, es una de las épocas más tristes del año. No sólo supone que tu “txurri” ya no se pondrá de corto, sino que el resto de la humanidad tampoco.  Que los tíos vayan tapados, está bien (nos evitamos esos modelos de señor con las canillas al aire y las bermudas de colores violeta y amarillo piolín).  Pero ¿las señoras tapadas? Y es que las mujeres, mira que están bien acabadas y suelen salir bastante buenas, pero tienen un defecto de fábrica.  El termostato lo tenéis jodido.

Me explico, no puede ser que a 20 grados centígrados (si lo quieres en grados Fahrenheit o en Julios por Metro cuadrado, le preguntas al señor Goo o al señor Gle que uno de los dos seguro que te contestan en un periquete. ¡Qué bonita es la palabra periquete!) tengáis frío.  Al menos las españolas.  Las guiris también tienen el termostato estropeado… o llevan anticongelante. No puede ser que a 5 bajo cero salgan de fiesta con un camisón.



Volvemos a generalizar.  Estás en casa a 22 grados, el hombre está en camiseta y la mujer tan sexi, con la bata, la manta (o la batamanta) y llegado un punto te dice.  “¿Tú no tienes frío?”  Deberíamos poner la calefacción”.  Y lo siguiente que recuerdas es despertarte del desmayo porque estás a 30 grados y sudando como un pollo, mientras ella sigue acurrucada y enrollada en la manta.  Nos saldría más barato arreglar el termostato interno femenino que pagar la factura del gas.

Llega un día, en que sale el sol, y tú que eres hombre precavido, te quitas el jersey y llevas el polo de manga corta debajo, o te quedas en mangas de camisa (que expresión tan feérrima).  Pero ahí la tienes a ella, aguantando como una campeona con el jersey de cuello vuelto y sin protestar, porque las camisas de manga corta están todas guardadas… Es como una pequeña venganza.

Pero de nuevo vuelve el fresquito.  Hay un momento del día en el que abres la ventana para que salgan unos cuantos grados de los 30 que tienes en el salón.  En menos de 5 milisegundos llega la siguiente frase: “Deberíamos cerrar la ventana un poquito”. En este caso ¿Qué entendéis?:
a-      ¿Que la cierres 5 minutos?
b-      ¿Qué no la vuelvas a abrir?
c-       ¿Qué la dejes entreabierta?
d-      ¿Ninguna de las anteriores?

Voy a utilizar el comodín de la llamada. Yo he llegado a llamar por teléfono a Iker de Cuarto Milenio para que me resuelva el misterio.

A ver si Apple inventa el iTemperature o venden en el Play Market el “Android Termosteitor” y nos soluciona el problema.  Bueno chavales, vamos a abrigarnos un poquito que parece que refresca. Nos ponemos la batamanta, un ratito de tele, cigarrito y a la cama.

Comentarios

  1. Sencillamente genial. Me quedo con la frase:

    "Para nosotros es básicamente poner la rebequita o los “jerseyses” más a la vista y mirar si nos vale el abrigo del año pasado."

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    1. Gracias Patry! En los piti time me das más de una idea para las tonterías que escribo ;)

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