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Mostrando las entradas etiquetadas como animales

Un día en el zoo

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“Si quieren verte que vengan a casa.”   También podía haber titulado el post de esta semana así. Pero dejadme que os explique. Y atentos, que no lo repito. Hace un par de semanas, fui al zoo. Al de Zurich. Aquí los animales hablan en alemán, con acento suizo y se llaman de maneras muy extrañas. Unos más que otros. Tigre se dice Tiger, que es casi igual. León, Löwe, como el bolso que tiene una amiga. Conejo se dice Kaninchen, que parece más el nombre de un perro pequeño. Pero perro, se dice Hund. Sin embargo, no había perros en el zoo. Ni salvajes, ni sin “asalvajar”. Por si se los come el tigre. El caso es que os podría contar cosas del Zoo. Como una redacción de cuando íbamos al cole. Y había leones, y tigres, y elefantes africanos y asiáticos. Elefantes de Europa no vimos. Tampoco vimos a los osos, porque estaban “inviernando”. Nosotros veraneamos, y hay bichos que inviernan. ¡Qué cosas! ¿Verdad? Pero lo que me encantaría es saber qué dirían los animales si les dejáramos que hi

¿Vacaciones en el mar?

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De pequeño te crees casi todo. Los Reyes son buenos y te traen regalos. También piensas que tus padres tienen superpoderes, son los más fuertes y saben de todo como un tertuliano de la tele. Tienen respuesta para cualquier cosa que les preguntes… Luego te das cuenta de que responder, responden, pero no siempre de forma correcta. Luego, ya empiezas a preguntarte cosas y de mayor tienes más dudas que un disco de los Panchos. El caso es que estaba leyendo el Génesis (palabrita del niño Jesús, que me lo acabo de volver a leer) y había muchas cosas que no me cuadraban. Vale que se puede crear el mundo en 6 días y tomarte el domingo libre, que para eso son los domingos. Aunque díselo a Rafa Nadal después de pasarse el domingo entero dando raquetazos. Otras cosas del Génesis es que te das cuenta de lo malamente que se llevan los hermanos en el libro. Que aquello parece una telenovela venezolana. Sin tetas no hay paraíso, Sodoma, Gomorra, Abraham a punto de sacrificar a su hijo, Yahvé po

Sálvame, pero poco

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Como casi siempre, comienzo por el principio, que es por donde se comienzan las cosas. Y una vez más tengo que explicar el título, porque como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación. Como ya os dije en el post de la semana pasada , yo conozco a muchos famosos. Cienes y cienes de ellos. A porrillo. A todos, no, pero a muchos. Si no es de una cosa, es de otra. Y si no los conozco, tengo un amigo, que tiene otro amigo que conoce a un famoso que también conoce… Se conoce que las cosas funcionan así. Pero ya está bien de hablar de famosos y vamos a hablar de nosotros. Los que no ocupamos portadas en el Hola, o salimos en el Sálvame. Cosa que, por otro lado, es de agradecer. No me gustaría que hablaran de mí en la tele y opinaran de la ropa que llevo puesta, con quién voy, con quién salgo, con quién entro… No sigo, porque…. ¿Os imagináis que vuestra vida fuera como la de los famosos? Un Sálvame de mercadillo en el que se hablara de cualquiera de nosotros. Allá vamos. “Sólo

Animaladas y perrerías (II), el “retonno”

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La semana pasada os contábamos lo injusto que es el mundo con algunos animales. Entre las cosas que les hacemos, y las cosas con las que vienen ya de serie, pues lo pasan muy malamente. Vamos con la segunda parte, el “retonno”. ¿Preparados? ¿Listos? ¡Allá vamos!

Perrerías y otras putadas que les hacemos a los animales

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Una perrería no es dónde se venden perros, sino algo que se hace con maldad, jugarreta (bonita palabra también, suena como un jugador de la Real Sociedad o del Alavés). Aunque vender perros también está muy feo.  Estamos de acuerdo ¿No? A todos nos gustan mucho los animales pero os voy a dar algunos ejemplos de lo malamente que nos portamos con ellos, y no sólo nosotros sino también la madre naturaleza, que a veces se pasa un poco. 

¿Te imaginas que los animales hicieran…?

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Yo no sé ahora, pero de pequeño, de las cosas más divertidas que se podía hacer era imaginar. Ahora también lo hago, pero no voy por la calle diciéndole a la gente. ¿Te imaginas? Eso lo hacen los políticos y los creativos de publicidad y luego nada. Y todo esto viene a que hace poco tuve un momento ¿te imaginas? Vi a una joven con un tatuaje de un delfín en la espalda. Saltando. El delfín. La chica no saltaba en ese momento. Y me imaginaba cuando fuera mayor, muy mayor. Ahora sí que hablo de la chica. Con la espalda arrugada y con el delfín allí pintado. Y empecé a imaginarme a los delfines tatuándose a personas mayores en la aleta.  Y a partir de ahí. Ya me empecé a imaginar más cosas que harían los animales. Es como mi propia versión de las fábulas y los cuentos. ¿Y si hicieran cosas como los humanos? Pobres… ¿Te imaginas? Como por ejemplo…

En el nombre del Padre…

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Esta semana no me voy a meter con las cosas religiosas, a pesar del título (y de que a veces te ponen las cosas a huevo). Aunque los que pintan algo en la iglesia (no me refiero a la señora que hizo el garabato en Borja), se metan en las cosas de los demás, no lo voy a hacer yo. No hagas a los demás que te hagan como yo quiero al prójimo… (Creo que es algo parecido, pero es que ese día me cambié a Ética y me perdí la clase de “Reli”). Esta semana os quería hablar sobre los nombres. Pero no el nombre del padre o del hijo (de verdad que hay nombres de hijos que son para matar al padre y para que le dé un ataque al Espíritu Santo. No tenéis más que pensar en algún Kevin Costner de Jesús, “Yosuas” y Samantas). Hablaremos de los nombres comunes. Hay padres hijos de… Porque vamos a ver ¿Quién pone el nombre de las cosas?  A los animales, a las flores, a las ciudades… ¿Dónde está el responsable? ¿Con quién hay que hablar para que se ponga orden? ¿Y qué es este sindiós de