Un día en el zoo

“Si quieren verte que vengan a casa.”  También podía haber titulado el post de esta semana así. Pero dejadme que os explique. Y atentos, que no lo repito.

Hace un par de semanas, fui al zoo. Al de Zurich. Aquí los animales hablan en alemán, con acento suizo y se llaman de maneras muy extrañas. Unos más que otros. Tigre se dice Tiger, que es casi igual. León, Löwe, como el bolso que tiene una amiga. Conejo se dice Kaninchen, que parece más el nombre de un perro pequeño. Pero perro, se dice Hund. Sin embargo, no había perros en el zoo. Ni salvajes, ni sin “asalvajar”. Por si se los come el tigre.

El caso es que os podría contar cosas del Zoo. Como una redacción de cuando íbamos al cole. Y había leones, y tigres, y elefantes africanos y asiáticos. Elefantes de Europa no vimos. Tampoco vimos a los osos, porque estaban “inviernando”. Nosotros veraneamos, y hay bichos que inviernan. ¡Qué cosas! ¿Verdad?

Pero lo que me encantaría es saber qué dirían los animales si les dejáramos que hicieran ellos la redacción. Como no entiendo todavía el alemán como para traducir lo que dicen, vamos a suponer qué dirían algunos de los animales que están en el zoo.

¿Otra vez gacela?

“Hoy de desayuno nos han puesto gacela. ¡Otra vez! Gacela de Thomson. Dice el cuidador que tienen menos colesterol. Todos los días lo mismo. Que ya podían variar y traernos antílopes que son más grandes. Aunque fueran también de Thomson o de Johnson and Johnson. Que la marca a mí, me da un poco igual. Seguro que al tigre siberiano le ponen un menú más variado". 

Aquí estarás calentito…

“Que soy un tigre siberiano. A mí lo que me gusta es el frío. Con Stalin sí que se vivía bien. Y mandaban gente a Siberia cada poco para que nos los comiéramos. Que a lo mejor no los mandaban para eso, pero nos los comíamos igual. Y aquí a Zurich también vienen rusos, pero no te los puedes comer. Ni rusos, ni azerbai, azerís, ni az, ni un soviético para comer. Que aunque fuera gente congelada estaba mucho más rica que lo que nos ponen aquí. También te digo, que no tienes que pegarte ni una carrera para cazar. Te lo traen ya todo hecho. Que había algunos que corrían que se las pelaban. Me voy a echar otra siesta, que con este calor, tampoco apetece mucho más”.

Me jode que me miren por encima del hombro

En el zoo de Berlín las jirafas eran mucho más majas. Más enrolladas. Pero las de Zúrich, no sé qué se habrán creído. Que nos miran por encima del hombro todo el tiempo. A mí me raya bastante. No sé porque nos tienen que poner siempre juntas a nosotras, las cebras, con las jirafas. Si me dieran a elegir yo me iba con los “ñuses”. Voy a probar esta hierba. De la de comer. Que nosotras, estamos en contra de la droga”.

El Yak Nicholson

“Nos han traído a un nuevo vecino. Yo le he puesto Nicholson porque tiene un genio… Y eso que los yaks suelen ser tranquilos, pero este nos mira muy malamente. No creo que haya visto muchos elefantes africanos. Ni como nosotros, ni como ningún otro elefante. Que por el Himalaya habrá visto al Yeti, cabras “montañesas”, algún leopardo de las nieves, y osos polares, o lo que haya por allí arriba”.

Hormigas para comer, para cenar…

“Hoy ha venido a divertirse al hormiguero…. ¡Es que soy la monda! Yo iba para cómico, pero aquí me tenéis en el zoo. El único oso hormiguero del zoo de Zúrich. ¿Qué si echo de menos algo? Pues claro, a mi mujer, que trabaja de osa hormiguera en el zoo de Barcelona. Pero al menos en el zoo estamos seguros y los Jaguares están encerrados. En el garaje. ¡Me parto! Ya os dije que lo mío era la comedia. Tengo un Flow…

¡No soy un camello!

“Da igual que haya un cartel bien grande que diga “Dromedar”. Pues nada, todo el mundo. ¡Mira, un camello! Que no tengo nada en contra de los camellos, pero no somos lo mismo. Tengo una amiga, la Alpaca, o Francisquita, como la llamamos los amigos, que igual. Todo el mundo con que es una llama y tiene que explicar siempre que son de la familia, pero por parte de padre. Que tenemos todos un aire, pero no somos iguales. Nosotros somos mucho más cariñosos… ¡Dónde va a parar!”.

¡Qué monos!

“No, no somos monos. Los monos son los que hacen monerías. Y tienen cola. Yo soy un gorila, un señor gorila. Un simio serio. Sin cola. Como el perro de Ramón Ramírez. ¿O era el perro de San Roque? Esto de tener tanto tiempo libre, me mata. Con lo agustito que estaba en la selva haciendo el gorila. Aquí ni golpes de pecho, ni estar entre la niebla, ni nada. Si por lo menos nos dieran clases de baile, o nos pudiéramos apuntar a un curso de dibujo o al gimnasio…. Me voy a dar una vuelta”.

¡Una hiena!

“Hija de una hiena”, “culibaja”, carroñeras… Qué mal se ha portado el mundo con nosotras. A algunas nos da por reírnos, y nos resbala lo que digan de nosotras. Los buitres son más feos que nosotros, y por lo menos no nos quedamos calvas. Y los lobos ¿Qué? ¿No sabías que también son carroñeros? Y no nos comemos a las niñas en el bosque, ni nos disfrazamos de abuelas para engañar a nadie. Vamos de frente.”

Me hubiera gustado hablar con el camaleón pero se camuflan de puta madre y no lo vi. El Koala estaba sobando. O con el delfín y saber si no está ya un poco harto de dar saltos y que no le den más que sardinas (seguro que, sin aceite de oliva, ni de girasol). O con la pantera (me da igual el color, negra o rosa. No hay que discriminar a nadie). O con los pavos o pavas comunes y preguntarles si no consideran que a ellos también deberían llamarles pavos reales. Pero ya iré otro día para terminar la redacción. ¡Hasta luego!



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