martes, 26 de mayo de 2015

33 tipos de malos malísimos, aunque seguro que hay más

En casi todas las películas hay malos. No suele haber muchos porque hay poco presupuesto para personajes malignos. Sin embargo, en otras películas todos son malos, hasta el presupuesto. El guion, los actores, los diálogos, pero esa es otra historia.


Seguimos con los malos. Como os iba diciendo, los malos aparecen en las pelis con cara de muchos enemigos (anteriormente era con cara de pocos amigos). Son esos que cuando salen ya te avisan con la música de que van a aparecer. Por cómo suena, ya sabes que va a salir un tipo o tipa malo o mala (prometo que es la última vez que voy a ser políticamente correcto y utilizar masculino y femenino. A partir de ahora todos son malos, así en plural y masculino). Los malos suelen fumar, están enfadados y se ríen poco, aunque cuando se ríen son un poco escandalosos.


Pero, no sólo en el cine hay malos. En la vida real también. Y aunque no sean tan malos como los que salen en las películas quería dedicarles este post. Es a ese tipo de personas a las que les deseas que se queden sin papel higiénico en un baño público, o que pierdan el autobús o el metro siempre, o que se acabe su plato preferido en el restaurante.


Dedicado a todos estos malos y a todos los que se os ocurran. Aquí van 33 tipos de malos. 

  • A ese dentista que recomienda chicles con azúcar y quiere que se te caigan los dientes para hacerte una dentadura nueva con todos sus caninos, molares, premolares, postmolares e incisivos. A los que no ponen Calgón en las tuberías y en las lavadoras, les perdonaremos… por ahora.
  • A los que no sujetan las puertas en el ascensor y corren como Usain Bolt para que nadie más se suba con ellos.

  • Al comercial de Vodafone, Movistar, Ono, Yoigo o similares que llama a la hora de la siesta para venderte más “jigas” y teléfono por cable e Internez y televisión con más colores y más velocidad en las llamadas.
  • Al que te pregunta si ha pasado el autobús que llevas esperando media hora… Sí, ha pasado, pero no me ha dado la gana de cogerlo. ¡Que se joda el autobusero!
  • A los que aparcan en doble fila cuando tienes que salir y vuelven a la media hora diciendo que cómo te pones por 1 minuto que han dejado el coche allí. Haciendo un Espe le llaman. Un saludo a Espe, ya que estamos… No por mala, que también.




  • El que cruza por el paso de cebra muuuuuy despacio y mirando fijamente a los conductores de los coches para que les digas algo y se monte la de San Quintín Tarantino. 


  • El que no saluda nunca. ¿No te enseñaron educación en el cole? Vale que por la mañana estamos todos de un humor de perros, pero hay que empezar el día con una sonrisa. Como si estuvieras bailando con Leticia Sabater… o mejor no. Pobres niños, no me extrañaría que no saludaran nunca más en su vida.



  • El que pega mocos o chicles debajo de las mesas, sillas, “sofases” y todo tipo de mobiliario urbano e interurbano. Dejad esas cosas para cuando vayáis conduciendo y lo pegáis en el volante de vuestro coche. 
  • Los que pintan partes del cuerpo humano en las  puertas de los baños públicos o escriben frases poco originales como yo estuve aquí, el Yonatan quiere a la Yesy y movidas por el estilo. Que dejan los baños como los brazos de un futbolista.



  • Los que se cargan las farolas de las ciudades porque eso debe ser muy gracioso. Estaría bien que les obligaran a poner las bombillas de las ciudades, pero sin escalera ni nada.
  • El que hace ruido con la moto a las 3 de la mañana las calurosas noches de agosto.
  • Al primo del de la moto que llega con el coche un poquito más tarde con las ventanas abiertas y con la música a todo trapo. A peor gusto musical, más volumen. Dentro música de coches de choque. Perdón (entro de cabeza en la lista como malo por poner esta música)


  • El que suelta todo el polen para que la gente con alergia lo pase fatalmente.
  • El que no avisa que se ha acabado el papel higiénico.
  • Los que sacan el paraguas los días de lluvia, no para evitar “mojamientos”, sino para meterlo en el ojo al prójimo. 



  • Los que se duchan durante tanto tiempo que no dejan agua caliente al resto de la población.
  • Los que no se duchan y huelen a zumo de alerón.



  • Los que fuman en sitios cerrados. Era para encerrarles y que no pudieran fumar. (Me molestaba también antes de ser exfumador). 
  • Los que se cuelan en todas las colas. Entendiendo colas por filas, que os conozco y empezáis con el humor culocacapedopis. Mención especial a los que se hacen el orejas y hacen como si fueran más listos que los demás.



  • Los que se hacen el dormido en el autobús y metro para no ceder el asiento.
  • Los que hablan a gritos Milagritos (Milagritos, no es nada personal, es que es la rima perfecta junto a la del 5).
  • Los que tiran cosas al suelo y no respetan lo que es de todos. Como no es mío, pues…



  • Los que llaman a los camareros gritándoles ¡Jefe! o dando palmas. Serán los que llamen parienta a su mujer. Que también tiene delito.
  • Los que te dicen todo lo que piensan sin que se lo preguntes porque ellos son muy auténticos.
  • Los que no devuelven los libros o los discos que les prestas. “A ver si eso, ya si eso”, suelen decir cuando se lo recuerdas.
  • Los que no ponen el intermitente nunca, ni cuando se confunden al darle al limpiaparabrisas.
  • Los que por hacer una broma te cuentan el final de una peli, el capítulo de la serie que estás viendo, o el resultado del partido que quieres ver después.



  • Los que se ríen de sus chistes y los repiten una y otra vez hasta que tienes que asesinarle.
  • Los que hacen la tortilla sin cebolla. No me digáis que no es para odiarles…
  • Los que siempre llegan tarde y los que siempre dicen que vienen y luego no van.
  • Los que colocan la mesilla por la noche para que te des con ella en el dedo meñique del pie



  • Los que plantan la mano y todos los dedazos (como 20 o 30 dedos que tienen en cada mano) en los cristales recién limpios.
  • Los que no leen….Y mucho peor, si no leen este blog. A esos… no sé yo qué les haría… Si conocéis a alguien que no lo lee, me lo dices y ya me ocupo yo de ellos y les mando a todos los anteriores. Ya veréis cómo se les quita las ganas de no leer…




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