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Todo lo que te gustaría saber sobre Twitter y yo tampoco puedo explicártelo

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Este no es un post para que aprendas a usar Twitter (eso lo miras en llutú) ni para explicarte para qué sirve, ni convencerte de que te abras una cuenta (para eso están los bancos). A veces, yo mismo me pregunto por qué pongo “tuises” o “tuices” y/o por qué pierdo el tiempo leyendo lo que dicen personas que no conozco.

Este post sólo va a ser útil para confundirte un poco más si no conoces Twitter. Sin embargo, si sabes cómo funciona y controlas sobre esta red social, no te va a servir de nada. Luego no digas que no soy sincero. Eso sí, si te saco una sonrisa, ya hemos ganado algo. Y además, la gente lista que sale en la tele (no, esos no, los políticos o los futbolistas no. Los que salen en la 2 hablando de cosas profundas... y no me refiero a piscinas que cubren), dicen que hay que leer. Así que ya sabes. No lo dejes ahora.


Vamos allá. Cosas del “tuister”

10 cosas que pasan en la peluquería… aunque seguro que pasan muchas más

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Cuando se dice que alguien peina canas, pensamos en alguien de cierta edad y con experiencia. Y no tiene por qué tener el pelo canoso. Incluso es muy probable que no se peine. Y los hay que de verdad peinan canas todos los días y no les prestamos la atención que se merecen. Somos muy injustos con los peluqueros. (Hay gente que la expresión de peinar canas no la tiene muy clara)


Quiero lanzar una lanza… quiero lanzar un…. quiero romper un… Coño que no me sale… Lo que quiero es reivindicar el trabajo de los peluqueros. De todos. Incluso del peluquero de Donald Trump (el señor que se deja las cejas muy largas y se las peina para atrás), o el de José Oneto (también podía arreglarse un poco las cejas… lo del pelo no tiene arreglo).




¿Y por qué voy a hablar de los peluqueros? Pues podría decirte que porque tengo amigos que son muy buenos peluqueros, y muy buenos amigos, porque el blog es mío, y porque hace poco que fui a que me peinaran las canas y me las dejaran un poco más cortas (ya parecí…

No me gusta que escribas “asín” o digas esas cosas

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Y vosotros diréis ¿Y a mí qué me importa qué le gusta o no le gusta a este pollo? ¿Si algo está bien o mal escrito lo decide aquí, el que escribe el blog? ¿Quién eres tú para decirme cómo se tienen que escribir las cosas? Vale, vale, ¡Para ya! ¡Que tienes razón!

No soy nadie para sanarte, pero una palabra tuya (ya me he vuelto a liar con las escrituras). Os debería dar igual qué considero bueno o malo o qué está bien escrito o no. Pero tampoco le debería importar a nadie con quién se lía Paquirrín. O cómo se corta el pelo CR7. O si la mujer de un ex-ministro vive en París y él se va con ella (bueno, eso igual sí, porque le vamos a pagar entre todos su casa en los campos Delicious, o como se pronuncien los campos de “Paguí”).

Una vez que hemos dejado claro qué no debería importarte, yo, de todas maneras, te lo cuento. Pero avisado quedas. Y ahora vamos con lo de escribir malamente.

Los que siempre son más... o menos

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A veces me pongo un poco poético con los títulos del post. Y esta es una de las ocasiones. Y así me va, que luego tengo que dar explicaciones. Como los políticos… Calla, que esos es mejor que no se expliquen, porque cuando lo hacen…

Estaba hablando del título. Pues eso, que hay gente que siempre son más. Que si estamos hablando de velocidad, ellos son más rápidos que Usain Bolt a punto de perder el autobús. Si tú estás malo, ellos están peor y su dolor es más inaguantable que el tuyo. ¿Estás comparando precios? Pues ellos lo habrán comprado más barato. Cualquier cosa. Y sobre estos señores, y señoras, os voy a hablar.

A diferencia de los políticos, que son “tumasistas”, por lo del Y tú más, esta tribu que parece ser no tiene peligro de extinción la llamaremos los “yomasistas”. Vamos allá. 

10 consejos poco aconsejables

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Estamos en esa época del año en la que los medios de comunicación tienen poca chicha que contar. O te sacan a los famosos en bañador, en algunos casos sobra chicha y cara dura. O te cuentan los últimos fichajes que NO harán ni el Madrid ni el Barça, o hablan del calor que hace (cosa extraña, teniendo en cuenta que el verano se caracteriza por tener temperaturas altas) o te cuelan consejos de cualquier tipo.

¿Que sales con el coche? No te olvides revisar las ruedas. Procura que siempre lleves las 4. Y una de repuesto, por si las moscas. ¿Qué hace calor? Lleva un abanico. ¿Qué vas en avión? No se te vaya a ocurrir presentarte en la estación de trenes. Y esas cosas que siempre aconsejan.
Como todos los años son lo mismo, y me gusta ser original, yo te voy a dar los consejos que jamás, en ningún caso, never ever (o nunca unca, en español) debes seguir. Y como dicen en la tele. Y ahora unos consejos. Y estos gratis, y algunos más útiles que los de la tele.

Entender a los hombres es fácil, si les comprendes

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La gente con estudios dice que los hombres son muy fáciles de comprender. Que somos muy básicos, sobre todo comparados con las mujeres. Sencillos. Como un billete de metro. Probablemente sea verdad y los estudiosos tengan razón. Para eso se han pasado años leyendo libros, y pasando apuntes a limpio con sus bolis bic cristal, que escribe normal, y apuntando en libretas en blanco sus cosas, sin torcerse ni nada.

No voy a ejercer de cuñado diciendo que se aparten esos señores y que ya voy yo a explicaros cómo funcionan los hombres. Lo que os quiero demostrar es que nosotros, los señores, los que comemos naranjitas y limones (achupé), también tenemos nuestras cosas y no somos tan simples como parecemos. Que tenemos nuestros misterios y cosas que son difíciles de comprender.

Bienvenidos a la nave del misterio. Desmontando la sencillez de los hombres.

10 Casos y cosas que dan susto y casi muerte

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Normalmente suele ser una cosa o la otra. O susto o muerte. Pero hay ocasiones en las que estás a punto de morir del susto. Y de esas veces es de las que vamos a hablar. Y es que me gustan los finales felices, que para  finales tristes ya teníamos a Verano Azul.

Son esos momentos en las que las cosas salen bien, pero las has pasado putas por un rato, largo o corto, da igual. Pero muy malamente. Como cuando acaba una canción de King Africa. Menudo alivio. Y lo mal que lo pasas mientras este señor caaaaanta (o habla rápido). O cuando estás a punto de quedarte dormido y piensas que te vas a caer o que te vas a dar un golpe y te despiertas sobresaltado… Ufff, no era más que un sueño.

Pues te voy a contar esos pequeños momentos microinfarto: