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10 Casos y cosas que dan susto y casi muerte

Normalmente suele ser una cosa o la otra. O susto o muerte. Pero hay ocasiones en las que estás a punto de morir del susto. Y de esas veces es de las que vamos a hablar. Y es que me gustan los finales felices, que para  finales tristes ya teníamos a Verano Azul.


Son esos momentos en las que las cosas salen bien, pero las has pasado putas por un rato, largo o corto, da igual. Pero muy malamente. Como cuando acaba una canción de King Africa. Menudo alivio. Y lo mal que lo pasas mientras este señor caaaaanta (o habla rápido). O cuando estás a punto de quedarte dormido y piensas que te vas a caer o que te vas a dar un golpe y te despiertas sobresaltado… Ufff, no era más que un sueño.


Pues te voy a contar esos pequeños momentos microinfarto:



La temperatura del agua

Entras en la ducha y le das al grifo. No sé si sabes que los grifos de las duchas tienen vida propia y se dedican a cambiar la temperatura del agua a su antojo. Y ahí te ves acochinado en tablas, en un rincón de la bañera o de la mampara de la ducha (aquí tienes menos capacidad de reacción) congelando o escaldándote tus partes. Y son los 2 segundos más largos de tu vida hasta que logras cerrar el grifo o cambiar la temperatura para que pueda ser apta para seres humanos.


Guardar como, ¿guardar dónde?

Ese rato tan malísimo que pasas hasta que encuentras el documento en el que habías estado trabajando todo el día. Mil correcciones, cambios, revisiones, renombrar el archivo como esteeselbuenodeverdadversionfinalok15.doc. Y ya. Lo cierras, y tienes un momento de pánico pensando que lo  has guardado en la carpeta de Documentos Importantísimos que como los pierda me suicido, y no… Lo has guardado en la carpeta de “Tontás y bromas para poner en feisbu”, por error… Pero lo encuentras.


El inmóvil

Entre perder un familiar o el móvil ¿A quién quieres enterrar primero, a tu primo o tu prima?  Pues eso. Y es que en el móvil tienes todo. Tus fotos, todos los contactos, las contraseñas, tu cuenta de Facebook, todas las conversaciones de Whatsapp, tu Instagram y las mil fotos que te has hecho poniendo cara de pato, la comida… Y lo buscas. Si tiene que estar por aquí. Y pides a alguien que te llame. ¡A mí no, idiota, al móvil! Y cuando suena, ya puedes tener la melodía de Pablo Alborán, que te parecerá música celestial.


El “despiertador” no me despierta

Siempre pones el despertador a las 7 de la mañana…. Has dormido como un niño pequeño (pero sin llorar y hacerte pis en la cama). Abres un ojo y hay más luz que otros días. Miras el reloj, el móvil, el teléfono, el microondas (también tienen la hora) y en todos marca las 9. Ya no llegas. ¡Se te ha olvidado poner el despertador!  Y en un momento de lucidez, te preguntas si es sábado o domingo. ¿Qué hice yo ayer? Y resulta que es miércoles…. ¡Recórcholis! (con lo de la ley mordaza no me arriesgo a decir un taco por si las moscas)… Y otro microinfarto… Hasta que pones la tele y no está Ana Rosa, ni esas señoras que suelen estar por las mañanas… ¡Es festivo!


¿Gasolina o Diesel?

Normalmente esa pregunta te la hacía un señor muy amable en la gasolinera. ANTES de quitarle el tapón al depósito del coche. Ahora, te la haces tú… Y en mi caso, lo hago cuando ya estoy repostando. Y sufres un vuelco en el corazón. ¿Me habré equivocado?  Estaré echando Diésel plus Más Sin cebolla y pimientos o Gasolina Sin Plomo Regular Ultra Sur Hala Madrid.


Las llaves, matarile

Coges el móvil, la cartera, los donuts, el abrigo, cierras la puerta… Y en ese mismo momento te empiezas a palpar por todo el cuerpo como si estuvieras bailando la Macarena para ver si has cogido las llaves. Y por tu cabeza pasa toda tu vida en diapositivas. Ya te ves llamando al cerrajero, la pasta que te va a costar cambiar la cerradura, pensando quién más tiene las llaves de tu casa, maldiciendo el momento en el que no le dejaste una copia a tu vecino, que aunque no salude, me salvaría la vida en este momento, por qué te fuiste a vivir a 3 mil kilómetros de tu familia…. Pero ahí están…. En el bolsillo más escondido del abrigo.


¡Pasaporte, please!

Estás en el aeropuerto de un país extranjero, muy extranjero, y llega el momento de mostrar el pasaporte. Y que no lo encuentras… No saber dónde lo has dejado es la misma sensación de haber perdido las llaves, el móvil, la cartera, pero todo junto. No hablas el idioma, lo único que entiendes es pasaporte (en el idioma que te hablen) y tú sudando, y con ganas de llorar. Te conviertes inmediatamente en sospechoso para el funcionario o policía en cuestión. Y otra vez, bailas la Macarena buscando el jodío documento (¿se puede decir jodío?)… Y está. Y tú recuperas “la color”, y lloras de alegría, y sonríes al señor (al que te ha pedido el pasaporte, y al que está en los cielos, dando gracias).


Era una bromita

Me encantan las personas bromistas. Esos que te llaman a mitad de la noche para decirte que alguien ha tenido un accidente y luego se mueren de risa (lamentablemente sólo de risa) por ver el mal rato que te han hecho pasar. Las bromas de susto o muerte. Y cuanto más dure la broma, más me gusta. Casi tanto, que les mandaría al pueblo de Gila, con los muchachos, sin boina ni nada. ¡Lo que nos reímos!


Aquí, viendo los dibujos

Estás tranquilamente en casa de tus padres viendo vídeos de señoras sin ropa, que digo yo que será por la corriente o que hace calor. Y tú mirando si encuentran una camiseta o el chándal, pero nada. Al final se van a constipar. Y oyes un ruido, y tardas 1 segundo en subirte el pantalón (también se ha bajado por la “caló”), cerrar el vídeo, abrir una nueva ventana en Youtube con dibujos animados. Lo difícil es explicar por qué estás colorado, sudando, con un bulto en los pantalones y viendo a Peppa Pig, ¡Hablar polaco!


¿He apagado el fuego?

No estás en casa y se te viene a la cabeza si te has dejado el fuego encendido.  Como exploten los garbanzos, ya verás. Yo juraría que lo apagué. Si estoy convencido… Y no estás convencido. Y vuelves a casa a comprobarlo… Y durante unos minutos, te parece que escuchas a todos los camiones de bomberos del mundo. Este va a casa, seguro. La he liado parda…. Me imagino al hombre de las cavernas, pero al contrario… No se habrá apagado el fuego ¿verdad? Ya verás que lío como tengamos que liarnos a machacar las piedras otra vez, o la movida de los palitos y hacer la hoguera. ¡Mari Neandertal me mata!


¿No te ha pasado ninguna de éstas? A mí sí. Bueno, menos lo de ver los dibujos de Peppa Pig en polaco. Pero también he sufrido pensando que no había cerrado las ventanas de casa en medio de una tormenta. Que no saqué la ropa de la lavadora, o que el profesor me estaba preguntando a mí en vez de al de detrás de mí. Pensar que mi equipo recibía un gol en el último minuto y que el árbitro lo anulara. Creer que he perdido el cargador del móvil, o que llegaba tarde a una cita importante, no saber dónde está el ticket del parking….  Si es que esta vida es un sinvivir… y un carnaval.




Comentarios

  1. Tienes razón, Javier, sólo leerte ha sido un sinvivir...
    Besotes,
    Isabel

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    Respuestas
    1. Ya paso, ya está ;-) Todo en orden. Se acabó el susto y la muerte.

      Besos

      Javi

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  2. Las lágrimas como chochos desde primera hora de la manyana, y eso que casi te ganas ir a la lista de bloqueados con el chiste de Tranchete ha muerto.

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  3. Creí que ésas cosas sólo me pasaban a mí. ! Que alegría me das Javi !

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