Me pido…

¿Ya habéis escrito la carta a los Reyes? A los de Oriente. No a ése, no. A los otros. A los que te traen cosas. 

Pues ya podéis empezar, que luego todo son prisas. Que si se atasca el Canal de Suez, crisis de suministros, explota un volcán, se escapan los camellos. Llevamos unos años que pasan cosas muy raras. Espérate tú que no nos vengan con que los reyes no existen o que Papá Noel es un invento… Excusas. Cosas más raras se han visto.

El que conozca Carabanchel sabe que no es raro que haya camellos paseando por el barrio. Lo de la llama es algo más peculiar. Pero es que eso es Madrid. Libertad. ¿Quién les dice a los camellos que no paseen por la ciudad? Y si no les gusta el circo pues se van, y punto. Igual después iban al fútbol. O a los toros. O a tomar algo con los colegas. ¡Qué coño!

Pero yo os quería hablar de los juguetes. En 444 posts (sí, tantos) hemos hablado muy poco sobre ellos. Vamos con una historia de juguetes.

Mi primer juguete

Siendo sincero, no me acuerdo de mi primer juguete. Podría deciros que recuerdo con cariño aquel osito de peluche, o el sonajero, o la mantita con mil sonidos, espejitos mágicos, figuras geométricas… No me acuerdo de nada. Y es probable que cuando yo era pequeño todavía no se conocían los señores Fisher y Price.

¡Arre!

Sí que recuerdo ver la foto de un caballo de cartón en mi habitación. Creo que no tengo ninguna imagen subido en ese bicho. Siempre he estado en contra del maltrato animal…  y además creo que me daba miedo… Entre aquel caballo y los payasos (los del Circo) creo que algún microinfarto he sufrido en mi tierna infancia.

¡La bici!

De esta sí me acuerdo. Mi primera bici era naranja, BH (no había mucha oferta en la época) y tenía 2 ruedas y dos ruedines. Luego desaparecieron las ruedas pequeñas y apareció mi padre corriendo detrás de mí. Venía de serie con la bici hasta que se cansó de correr y aprendí a no caerme, o las dos cosas a la vez. La segunda bici ya era azul, y venía con solo dos ruedas. Eso sí, seguía siendo BH.

Chapas, canicas, yoyoses, peonzas…

No todo el mundo puede decir que era el mejor jugando a las canicas. O campeón de peonza. O miembro de la selección española de yoyó. Yo tampoco. Era más bien, malo. Muy malo. Pero lo intentaba. Me gustaban más las chapas. Sobre todo, las de Cinzano. De Cinzano Rojo. Las mejores para los circuitos de arena. Contábamos con un ingeniero de Canales, puertos y circuitos de chapas. Mi vecino Germán, al que saludo por si me estuviera escuchando. Nos hacía unos circuitos, que ríete tú del de Mónaco. Aquí le tenemos en plena faena.

Seguimos dando la chapa

Las carreras de chapas podían incluir fotos de ciclistas. Mi preferido era Ocaña (podría haber sido aún más viejuno y decir Bahamontes). ¿Y los nombres de los equipos? Kas, Fagor, Ferrys, La Casera, Kelme, Reynolds, Dormilón… En la temporada invernal se acababan las carreras de bicis y llegaban los partidos de fútbol de chapas. En mi casa, siempre ganaba el Atleti. También es verdad, que muchas veces jugaba solo. Y los mejores, Pereira y Leivinha. El entrenador tampoco era malo.

Juegos “deconstrucción”

Yo deconstruía mucho antes que Ferrán Adriá. Lo divertido de jugar con construcciones, eran las destrucciones. Que sí, que el Exin Castillos estaba guay, pero si no podías romperlo, ¿Dónde estaba la gracia?

¿Te le dirijo?

Los primeros coches teledirigibles no eran inalámbricos ni nada. Tenían un cable. Era como llevar una lámpara por la casa. Luego se fueron sofisticando y pasaron a ser inalámbricos. El mando era más grande que el coche y las pilas más grandes que el mando. Más que pila era un pilón. 

Juegos de mesa

Cuando era pequeño el único juego de mesa que había en casa era un juego de café. Y yo, no sabía jugar. Después llegaron los Reyes y trajeron los Juegos Reunidos Geyper. El señor Geyper había reunido en una caja un montón de juegos. Igual me estoy dejando llevar por la nostalgia y sólo tenía algunos cubiletes, dados, fichas y tableros de la Oca, ajedrez y una ruleta minúscula con una bolita que te duraba el primer día que abrías la caja.

Hablando del señor Geyper

¡Geyperman! ¿Un hombre reunido? Mucho mejor. Casi como un superhéroe. Soldado, buzo, bombero, motorista, explorador, policía montada (como la nata, pero del Canadá). Había otros, pero no con ese pelazo, ni con esas manos…

¿Videojuegos?

Pues sí, los había. No tan sofisticados como ahora, pero los había. Sonaban como las máquinas de los hospitales, que parecía que estabas monitorizando a un enfermo, pero había. Y podías jugar al tenis, al tenis por parejas… La diferencia es que había un palo más. Pero, ¡Menudo palo!

El balón de reglamento

¿Cómo no va a haber pelotas entre mis juguetes preferidos? Lo he dejado para el final. Siempre es mejor un final redondo… El caso es que el balón de reglamento era mi preferido. Eso sí, sólo se podía jugar en casa. No vaya a ser que me lo quitaran. O se fuera a colar en algún balcón. O que se vuelvan a escapar los camellos. Que en Carabanchel todo era posible. ¿A que sí?

No sé este año si se pasarán los Reyes por Suiza. Tengo entendido que por aquí suelen venir a menudo y a veces traen cosas. Yo me voy a portar bien y voy a ir escribiendo la carta. En varios idiomas, por si las moscas - flies, mosqués, moschino, mosken.


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