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Carta del Ministerio de Hacienda y otras 9 cosas que dan más miedo que Halloween

Ya os conté hace mucho, mucho tiempo, cosas sobre el Jalogüín, y cómo se había puesto de moda lo de que la gente se disfrazara de calabazas, te metieran un truco, y que los niños hicieran tratos… Quizá no sea exactamente así, pero ya sabéis a lo que me refiero.

Cuando en España no había McDonalds, sí amigos, éramos un país muy pobre, y las hamburguesas se llamaban filetes rusos (lo único ruso que nos dejaban hacer en aquel entonces), la noche de Halloween no había disfraces ni truco, ni trato, ni hostias. Y el día siguiente a llevar flores al cementerio. No me digáis que no da mucho más miedo que plantar tres telarañas y vestirte de bruja piruja (siempre quise escribir lo de bruja piruja todo junto).


Y es que no hace falta que sea Halloween ni que vengan los americanos a decirte cuándo pasar miedo. Como si no tuviéramos nosotros nuestras cosas para cagarnos por la pata abajo (en el extranjero no tienen una expresión que describa el terror mejor que esta). ¿Quieres ejemplos de cosas que dan miedo? Tú lo has querido.

Esa carta en el buzón

Ya no te manda cartas ni El Corte Inglés para felicitarte tu cumpleaños. Todas las facturas te llegan a tu correo electrónico, tus amigos te escriben “guasaps” o en Facebook y llevas dos semanas sin mirar el buzón. Si total, sólo meten publicidad de La  Gran Muralla y sus “menuses” tres delicias para 20 personas y regalamos pan de gambas, las ofertas de Carrefour y la carta del banco de un señor que ni siquiera vive en tu calle. Y ahí está la carta que tiene un dibujito como el que ponen en el centro de la bandera. Ese que tiene una corona arriba como el escudo del Real Madrid… Y eso no puede ser bueno. O es de Hacienda que les debes dinero, o una multa de la DGT o que hay otra vez elecciones… Y el susto es morrocotudo (¿sabríais utilizar esta palabra si no va a acompañada de susto? Podría ser peor… ¡Podría ser una invitación de boda!!



Cerrar la puerta de casa y…

Pensar por un momento que te has dejado las llaves dentro. Y entonces empiezas a pensar que vives sólo, que no conoces a tus vecinos, que tu familia más cercana está a 5 horas de avión, y que nadie más tiene acceso a tu casa. Ya te ves llamando al cerrajero, o echando la puerta abajo como si estuvieras en un capítulo de cualquier serie de policías americanos que tiran puertas abajo… y el dineral que te costará cambiar la puerta….. Todo esto en las 0,5 milésimas de segundo que van desde que oyes el bam de la puerta (todas las puertas suenan así al cerrarse en todos los idiomas) hasta que te palpas el bolsillo del pantalón y notas que las llaves están sanas y salvas.


Y ya que estamos palpando

Palpar palpar… ¿A qué parece el comienzo de un chiste de Chiquito de la Calzada? Pues no, seguimos hablando de palpar. Infinitivo del verbo tocarse uno mismo para ver si se encuentra cosas en los bolsillos. Y el mismo microinfarto te da, si en cualquiera de las 200 ocasiones al día en las que vas a mirar el teléfono por h o por b (minúscula o mayúscula).

-h) Te ha sonado el aviso de la pastilla
-b) Entra un “guasap” con la foto del señor de color con un miembro descomunal o también conocido como el negro del pollón,
- H) Vas a mirar la hora (ya no miramos al reloj, no marques las horas…)
- B) o dios no lo quiera, en el caso extraño y singular, de que recibas una llamada

O incluso porque sí, porque vas a actualizar tu estado de Facebook (que igual te has casado y tienes que cambiarlo) o vas a poner un “tuis” o te haces un “selfis”… El caso es que te palpas y no notas el móvil. Como los hacen tan finos y seguros, pues no te lo notas, y miras en los bolsillos, en todos, que parece que estás bailando el aserejé sentadito me quedé (o como se llamara la canción). Hasta que no lo encuentras no recuperas el ritmo cardiaco. Más susto que ver a un payaso por una carretera abandonada blandiendo un hacha (¿Qué cojones significará blandir?...


Jaimito, sal a la pizarra

Aunque no te llamaras Jaimito, esa frase te acojonaba. Lo de que el profesor preguntara cosas era lo peor. Siempre iban a pillarte. Que si has hecho los deberes, que cuando se encontrarán dos trenes si uno sale de Barcelona… los problemas de matemáticas. Nada más que problemas y más problemas. Porque los profesores estaban ahí para darte cosas que hacer. ¿Y ellos qué? Preguntando todo el tiempo. Es que ellos deberían saber esas cosas, que para eso han estudiado ¿no? Un aplauso para los maestros. 


Gente a la que preguntas y te contesta

Seguimos con preguntas y respuestas. Y es que hay veces que preguntas qué tal y hay gente que te contesta y te dice qué tal les ha ido a ellos… A ellos y a todos sus compañeros, y no paran de hablar y tú sólo pretendías ser amable y como eres educado no le mandas callar ni nada. Mucho más miedo que esas niñas que salen en las películas de terror cantando la tabla del 1. Que igual para ellas es todo un triunfo, pero ya tienen una edad y por lo menos deberían saber la tabla del 6 o la del 7. Las del vídeo dan un poco más de miedo… porque cuentan en inglés, que tiene más mérito.


Que no se rompa la noche

Había una canción de Julio Iglesias, (que sí, que también da miedo él y sus canciones) que decía lo que no se rompa la noche, pero ¿No es mucho peor quedarse sin Internet o Wifi o lo que sea que tienen las ondas para que podamos estar conectados? Eso sí que asusta. Que te digan que se ha roto el Internez. Y qué haces ahora? ¿Ver la tele? ¿La de siempre? La que tiene canales numerados del 1 al 6. ¿O la radio? ¿Y que salga cantando Julio Iglesias? Por cierto, el micrófono de Julio, es mágico. Da igual lo lejos que esté de la boca, siempre suena igual… Misterioso ¿verdad?


La batería

Todo lo que tenga que ver con baterías siempre da un poco de miedo. La batería del coche que cuando menos te lo esperas se descargaba, la batería de cocina que nunca sabes dónde guardarla en la cocina, el batería de los grupos de música que le tienen para hacer ruido, ahí atrás para que no moleste demasiado, y la batería del móvil. Que cada vez dura menos. Tenemos teléfonos muy listos, pero que se cansan muy rápido. Tanto pensar, tanto pensar, pues se agotan. Y cuando esto pasa, entras en pánico. Los teléfonos tienen que estar todo el día enchufados como el sobrino de un político y cada vez son menos móviles (los teléfonos, no los sobrinos). Igual hay que pensar en cambiarles el nombre (aquí ya podemos cambiarles los nombres a los teléfonos y a los sobrinos… ya que nos ponemos).  


Drácula o un dentista

Si me dais a elegir me quedo con Drácula. Me da mucho menos miedo. Total son dos colmillos. Pero el dentista me da pánico, y tiene muchas más armas. Al dentista no le engañas con un ajo, o un crucifijo.  El torno, la jeringuilla, la anestesia, el aspirador “babal” (el de las babas), todo me da miedo. Hasta el vaso de agua que te dan luego, me acojona. Ese vaso lleva drogaína o algo. No es normal que se te olvide escupir después de enjuagarte la boca con él.


Actualización

Sí, las actualizaciones son buenas. Es importante que tu ordenador, tu teléfono, tu tableta, tu Kinder (el bueno, y el otro), esté actualizado. Pero es que estos cacharros se actualizan cuando más los necesitas. No pueden hacerlo por la noche cuando estás dormido y tú no te enteras. ¡No! Es cuando estés en medio de algo importante. Y claro, entras en pánico porque no sabes cuándo puede durar. 1 minuto, 10, 3 horas, hasta el infinito y más allá…

Freír huevos

Mira que me gustan los huevos fritos. Mucho. Me encantan, pero prefiero ver una actuación de la tuna antes que hacérmelos. Pongo la cocina que parece que están rodando la tercera parte de Poltergeist. Al terminar hay aceite en toda la casa… menos en la sartén. Y me ha saltado todo encima. Debo tener un superpoder que consiste en atraer al aceite de los huevos (fritos, No estoy intentando hacer de menos al aceite, ni mucho menos). Ya me gustaría tener otro superpoder, atraer otras cosas… Si pudiera atraer muchas cosas, podría crear mi propio Parque… de Atracciones (chiste patrocinado por Matías Prats).


Voy a parar aquí porque creo que habéis pillado la idea de las cosas que dan miedo. Podría incluir también a la gente que se pinta las cejas, o los amigos que hacen mudanza y te preguntan si tienes planes para el fin de semana, o el día que tienes que pasar la ITV del coche, o ver que tu avión va lleno de adolescentes y pasarás 10 horas con ellos, pero ya habéis pasado suficiente miedo.


¡Y ahora, a disfrutar del Jalogüín!

Comentarios

  1. Yo creo tambien que hay muchas cosas más peligrosas, algunas ya nos has advertido, así que vamos a reirnos con tu blog, y demos un viva al Jaloguin.

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  2. Pues eso, que a disfrutar del Jaloguín...
    Besotes,
    ibb

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