¡Camarero! ¡Una de post!

¡Camarero! ¿Qué? ¡Camarero! Una de post. ¿Una de post? Una de post, o me llevo a esa mujer, o entre los tres nos organizamos… si puede ser.
No os voy a hablar de llevarme mujeres, ni de organización. Tampoco de Luis Eduardo Aute, Si no de los camareros. De esos a los que quiere liar siempre Reina, el portero de fútbol en todas las celebraciones.
Si después de ver el vídeo no tenéis ganas de matar a Reina, al portero (matar a Su Majestad está muy feo y seguro que pasas más años en prisión… Que no digo yo que esté bien matar a Pepe Reina y que seguro que también es delito… ¿no?) os invito a seguir leyendo sobre los camareros y camareras, sean o no de tu amor.
No se va a acordar, no se va a acordar…
Esos camareros o camareras que llegan a esa mesa en la que está la familia de celebración y cada uno pide una cosa distinta. Dos cafés solos, uno con hielo, descafeinado de máquina en vaso con leche de yegua mozárabe, un cortado con leche fría, te con sacarina, bueno mejor sin sacarina… Y así para 30 personas, y otras cinco cambian el cortado por café con leche, el te por una manzanilla…. Tú habrías matado a la familia entera, pero ellos inasequibles al desaliento (lo que quiera que signifique eso) se acuerdan de todo, lo sirven en perfecto orden y además se han acordado de traerte leche de soja, azúcar moreno y hasta a los Chunguitos.
3000 metros obstáculos
Ahí le tienes esquivando mesas, sillas, las 20 bicicletas de esos señores disfrazados de ciclistas tomando jarras de cervezas, el carrito de los gemelos (la cantidad de niños repetidos que se ven últimamente), una silla de ruedas (más que un bar parece un garaje). Los niños correteando, y ellos con su bandeja con los 10 cortados, 20 cafés con hielo, 3 cañas, dos claras y un vino vegano (hecho con uvas pisadas, pero con cuidado).
El camarero didáctico
No es el nombre de un juego de mesa, aunque podría. Son esos camareros que te explican lo que vas a comer, cómo se ha hecho, de dónde han sacado los ingredientes, con qué cubierto lo vas a tomar… En un restaurante en el que tardas más en leer la carta que en comer, se agradece… No lo veo muy práctico para el bar de la esquina cuando pides una caña y una de bravas.
El homo poco habilis
También hay camareros que tienen problemas con el equilibrio y la gravedad. Son capaces de colocar 20 platos en la bandeja, veinte copas, y tirarlo todo. Que también tiene mérito, pudiéndolas tirar de una en una.
¿El zumo de sardinas era para ti?
Se ha hecho un lío. Ha mezclado el pedido de una mesa con el de otra. Te trae el postre antes de los aperitivos, al niño le pone un whisky y al abuelo le calienta el biberón…  Es posible que te sirva una tortilla de patatas sin cebolla… ¡¡¡Sin cebolla!!!!!
El impasible
Da igual lo que le pidas que él apunta. Luego te traerá lo quiera. Y cuando le digas que se ha equivocado, seguirá impasible. Nada ni nadie le hará mudar el gesto. Un profesional.
El momentito
Podría ser un título para la canción del verano, pero seguimos con los camareros. Este es el que va corriendo a todas partes y va diciendo lo mismo a todas las mesas. "Un momentito, ahora mismo voy". Y no viene. Y tú intentando pedir una cerveza, o que te traigan el segundo plato… o incluso quieres pagar… Querer no es la palabra, pero que igual ya es momento de irte a casa y dos horas para que te traigan la cuenta, ya va siendo un tiempo poco prudencial (Por cierto ¿Cuánto tiempo es un tiempo prudencial?)
Me llamo Iñigo Montoya…
En realidad no se llaman así. Es un nombre al azahar. ¿Vosotros necesitáis saber el nombre del camarero o camarera que os va a atender? Les ves venir tan joviales ellos: “Mi nombre es Iñigo Montoya, tu mataste..  Y voy a ser tu camarero”.  Yo ahí nunca se cómo reaccionar. ¿Le digo mi nombre y le presento a todos los que me acompañan en la mesa? Ahora es cuando me diréis que es por el tema de la propina… ¿Qué pasa? ¿Que vosotros dais propina dependiendo de cómo se llame el camarero? ¿Si os gusta el nombre le dejáis un billete de 10? Yo se la daría a quién tuviera el nombre muy feo o con muy mala rima… Toma Gumersindo, 20 euros. Que bastante has sufrido en la vida. Y ya de paso compra algo para cargarte a tus padres. 
Los cariñosos
Hola “miamor” ¿Qué vas a tomar hoy? Y es la primera vez que vas a ese bar y no conoces al camarero o camarera en cuestión. ¿Y por qué me llama cariño esta señora? Y ahora me llama guapo…. ¿Qué quieres de postre rey? ¿Me ha llamado rey? ¡Si es que soy irresistible!
¿Ya estás listo?
No te has sentado todavía y ya le tienes encima. “¿Qué va a ser?”. Pues va a ser muy precipitado pedir sin saber qué hay en la carta. Y a los 5 segundos de traerte la carta con los platos ahí le tienes de nuevo. ¡Que hay que estar más vivo! ¡¡Decídete ya!! ¡No me hagas perder el tiempo!
El secreto ibérico
¿No os habéis encontrado nunca ese camarero que te recomienda algún plato como si fuera el secreto de la Coca Cola? Se acerca a la mesa y te dice en voz muy baja, como queriendo que nadie se entere que tiene un rodaballo espectacular. O una berenjena alucinante… Yo personalmente no me fío de nadie que hable con un desconocido, o con un conocido y me cuente cómo tiene el rodaballo o que su berenjena está para chuparse los dedos.
El de la bayeta
Es posible que aún no le hayan ascendido a camarero y sólo esté de bayetero. Limpiando mesas, eso sí con la misma bayeta. Desde hace tiempo. Probablemente era la bayeta que compraron en el Sepu (que cerró unos años atrás). Pero suele ser muy amable. Y te dice que ahora viene. Que un momentito… que ahora ya si eso… Y no viene él, se presenta alguno de sus compañeros… El cariñoso, el secreto ibérico, Iñigo Montoya…
Hay muchos más y casi todos unos máquinas, monstruos, cracks, los mejores en lo suyo. O casi todos… Aunque quizá en algún momento también habría que hablar de los clientes que tienen que aguantar los camareros… Que también nos las traemos. 



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