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Tenemos que hablar y frases de 3 palabras que asustan

Estamos en una época de economía del lenguaje. No hacen falta más que tres palabras para acojonar. Si no, mira estos días en España, Moción de Censura. Que a ti a lo mejor no te asusta, y a Rajoy tampoco le preocupaba, pero ya ves...

No más política… ¿Ves? Más frases de tres palabras. Lo estoy clavando, estoy en racha, hoy me salgo. Vale, ya paro. O mejor, no. ¡Seguimos con esto!

Sin más “dilatación”, hoy quería hablaros de estas frases cortas que no quisiéramos o quisiésemos (presente del subjuntivo imperfecto Madrid Barajas Adolfo Suárez del verbo querer) escuchar. 
Bueno, vamos allá.

Tenemos que hablar
Preparados, listos, ya. Cuando te dicen esto, siéntate, coge un “clin” (un pañuelo de papel, si son varios, es el plural “clínex), y ponte en “modo triste” porque lo que viene después no va a ser bueno. Que “si no eres tú, soy yo”, “que últimamente siento que…”, “deberíamos darnos un tiempo”, y así hasta el infinito y más allá. Normalmente se utiliza como preámbulo (que es lo que viene antes del ámbulo) para decirte que te pires o hasta luego Lucas (que también son frases de tres letras muy usadas). Básicamente se utilizan  en el ámbito laboral o en pareja… No veo yo a los árbitros diciéndoselo a un jugador antes de mostrarle la tarjeta roja. “Mira Sergio Ramos (ponga aquí al deportista que desee), lo he pensado mucho y después de la entrada que has hecho anteriormente, creo que tenemos que hablar…” Menos mal, que siempre tendrás a alguien que te ofrezca un “clin” o dos.

No te preocupes
Tú dirás que no asusta, pero a mí siempre, siempre, que me dicen que no me preocupe, me preocupo. Siempre. Todo irá bien, es otra versión, pero tampoco me tranquiliza demasiado. Me preocupo, y a veces me ocupo, y en muchas ocasiones me postocupo. Esta frase, a veces, va unida a…

No, no duele
¿Sabéis lo de la doble negación? Pues aquí lo tenéis. Si te dice que algo no, no duele, estás jodido. Duele, mucho. Depende del umbral del dolor de cada uno, pero yo diría que está entre escuchar un disco de la tuna completo, que ya duele, o ver todos los vídeos de Youtube de estos señores con sus mallas y sus panderetas y las cabriolas. Ahí está el límite del dolor… Ríete tú (es una forma de hablar, no te rías) del dolor de un parto mientras te dan una patada en los testículos cuando estás sufriendo una migraña.

¡Como vaya yo!
No quieres oír a tu madre diciendo esto. ¡Nunca! Never, ever. Porque si tiene que ir ella, te vas a enterar. Que digo yo que en vez de un árbitro en el boxeo, podían utilizar a una madre. Esto también valdría para las movidas en el Parlamento. Podíamos poner a la madre de los políticos (si no tienen madre, se les pondrá una de oficio) para que no mientan, ni digan palabrotas, y que todos se lleven bien y no discutan.

Quiero ser político
Hablando de políticos. Te imaginas lo que debe sentir un padre si le dice un hijo que quiere ser político. ¿Torero? Vale, ¿Domador de leones? Al menos te dan una silla para defenderte (siempre me ha llamado la atención el método de defensa frente a un tigre, o un león… A los domadores de elefantes no les dan silla). Pero ¿Político? Era mucho mejor la versión anterior de mamá quiero ser artista que al menos ganan “óscares” y salen en las telenovelas o en “nesflis”.

¿Qué te dije?
Otra frase de madre que tampoco querrías oír. También puede ser frase unisex, que a lo mejor lo dicen los padres. Pero el caso es que si tú haces o dices algo y la contestación es “¿Qué te dije”, ya puedes prepararte a batir el récord de velocidad y no, no vale razonar. Perderías un tiempo precioso.

Estoy en comisaría
A no ser que seas policía o trabajes con ellos, es una frase que cuando menos, intranquiliza. Si ya va seguida de “pide un abogado” o “paga la fianza” ya te puedes preocupar, aunque te digan que no te preocupes, o que todo irá bien. No es que tenga nada en contra de los cuerzas y fuerpos fuerzas y cuerpos de seguridad del estado. Es más, creo que hacen un trabajo ímprobo (que creo que es algo bueno) y les admiro mucho. (Por si acaso, alguna vez os llamo y digo que estoy en comisaría, mandadles esta frase a los señores policías para que vean que soy buena persona). ¡Choca esos cinco!

Salimos de tranquis
Para los que no estéis familiarizados con este vocabulario, es lo que viene siendo esas noches en las que sales pero con la intención de tomar una o dos cervezas y volver pronto a casa. Pero el infierno está lleno de buenas intenciones y esas noches se convierten en aparecer en jiustontexas (Houston tenemos un problema) haciendo balconing con un instituto de jóvenes suecos paseando a un armadillo. Como en la peli de Resacón en las Vegas… pero sin tener un guion ni pensar en la segunda o la tercera parte.

Vienen mis padres
Según en qué contexto, la frase es mala, pésima, o dame veneno que quiero morir. Mala es si te avisan con tiempo, por ejemplo que vienen en una semana, pésima es si se presentan de improviso, y dame veneno es si se presentan cuando estás haciendo algo que “ellos te dijeron” y tú no has hecho mucho caso. Por ejemplo hacer una fiesta en SU casa cuando ellos están de vacaciones, o estar en una situación de las de “mamá, papá, no es lo que parece, estábamos desnudos en la cama para comprobar que el colchón tenía espuma con memoria (los que van a tener memoria van a ser tus padres, forever, and ever).

Hoy examen sorpresa
¿Pero si no avisó? ¿Cómo va a haber examen sorpresa? No es justo. Precisamente de eso tratan los exámenes sorpresa, de no avisar. Como odiaba cuando un guardia civil te paraba en la carretera para hacerte el examen de alcoholemia. En el cole también lo hacen, pero ahí al menos no has bebido, y si terminas pronto te puedes ir a jugar con tus amigos.

Vamos a Ikea
¿A quién no le gusta disfrutar un sábado o domingo en un Ikea? No hace falta que contestéis. Los ponen lejos para que tengas posibilidad de arrepentirte y volver a casa. Pero una vez que estás allí, ya no hay escapatoria. Ya sabéis que es más fácil salir de la droga que de un Ikea. Y lo peor no es estar allí midiendo sofás “Dëskanså” y estanterías “Kölocalibren” sino que luego te toca llevártelos y hacerlos.



¿Qué tal estoy?
Te pongo en situación. Te has puesto guapo o guapa para salir. Más guapo, quiero decir, porque todos los que leéis el blog sois guapísimos. Y tu pareja, está tardando un poco… en realidad, bastante. Realmente, como siempre, pero el caso es que se ha tomado su tiempo para elegir la ropa. Y es que hay que comprender que es difícil elegir entre 300 camisas, 200 pantalones y 4000 faldas. Por no hablar de los diferentes vestidos y los zapatos de tacón alto, taco fino y tacón cristal que escribe normal.  Y entonces llega la pregunta. “¿Qué tal estoy?”, “¿Me hace gord@?”. ¡No respondas! ¡Es una trampa!

Hay muchas más, como cuando te paran en la calle a preguntarte si tienes un minuto, pero la frase que más miedo da, es ¡No hay Wifi!


¡Que no cunda el pánico! Parece que ya se ha arreglado… No pasa nada. No te preocupes.


Comentarios

  1. Otra frase que de pequeño me decían siempre: !!Estate ahí quieto!!. Pero como yo no obedecia pues, tate, aquí está el cachete. Muy bueno todo.

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