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Hay veces en las que un hombre tiene que hacer, lo que tiene que hacer...

En Twitter te encuentras de todo. Información, gente interesante, gente interesada, ayuda, opinión, noticias, consejos, chistes, personas a las que les gusta Gran Hermano. De todo. El otro día leía lo siguiente


Podría haber reaccionado de mil maneras, pero este señor decide depilar las cejas al amigo que está en la cama con su novia. Ya lo estoy viendo. “Y la próxima vez, las ingles, que hay que ver como las tienes”. ¿En qué momento de la vida se le ocurre a un señor, retener a un amigo en pelotas (con su novia, probablemente también en pelotas), coger unas pinzas (me imagino que le preguntaría a la novia dónde están las pinzas… ¡No cariño, las pinzas no, que te pierdes!) y ponerse a tirar del vello “entrecejil”?


No conozco al señor en cuestión, pero vamos a ver cómo reaccionaría “Depilator” antes otras situaciones de estress. Como hacíamos de pequeños. ¿Te imaginas? ¡Qué estamos “mú locos”!


¡Vamos allá!

Le quitan el chupete y…

Ya de pequeño, Mr. Depilator apuntaba maneras. El día que sus padres decidieron que ya estaba bien de usar chupete (a los 6 años), se leyó enterito el Manuel del Maquillador y el Peluquero Profesional en represalia (dos meses sin hacer otra cosa.  Teniendo en cuenta la edad del chaval…). “Yo no sé qué tiene de raro”, puntualiza la madre que insiste que su niño es normal. “Tiene sus cosas, como todos, pero es una reacción natural. ¿No?”.


Su primer suspenso

Depilator fue un buen estudiante. Casi siempre sacaba buenas notas. Digo casi siempre, porque le llegó el momento de encontrar el profesor que le cogió manía (todos tenemos un profe o seño que nos tiene manía). Y no fue otro que Don Jacinto, el profe de matemáticas y los jodíos problemas (también de matemáticas. No sabemos si Don Jacinto tenía también sus propios problemas, aunque no lo descartamos). En uno de esos exámenes en los que había que hallar la velocidad de un tren que va a Barcelona (todos los trenes van para allí y luego se quejan), Depilator no pudo ni siquiera comenzar a calcular y se abalanzó a pintarle las uñas de los pies a su profesor. Pero no con esmalte rojo como hubiera hecho cualquier niño, no. Fue mucho más allá y le hizo un dibujo de fantasía en cada uno de los dedos. Y sin repetir el diseño en ninguno de los 20 dedos (ya que estaba con los pies, siguió con la manicura…).


Tal que así quedaron las uñas de D. Jacinto (ideales de la muerte)

El partido de balonmano

El fútbol y el baloncesto no eran lo suyo y como en el instituto tenía que decidirse por un deporte de equipo, se apuntó a balonmano. Y no se le daba nada mal como portero del equipo. Pero al final, la cabra siempre tira al monte. En una jugada ya anulada por el árbitro, un jugador rival le golpeó con el balón. Depilator, que ya sabemos cómo se las gasta, salió como alma que lleva el diablo con un rizador de pestañas hasta su rival. “Le dejó las pestañas como a uno de Locomía. Un primor”, exclamó el profesor de gimnasia. “A pesar de que fue un trabajo excelente, le tuve que expulsar. No podemos tolerar que ande rizando pestañas a los jugadores contrarios, y menos aún contra su voluntad”.


Y llegó el amor… y el desamor

A los 15 años, nuestro protagonista estaba locamente enamorado de Susi, un año menor que él. Depi (ya tenemos confianza para llamarle así) bebía los vientos por su vecinita de abajo. Pero Susi ya salía con chicos más mayores. Una vez se encontró en el portal a su amada con un chico haciendo sus cosas (y no eran los deberes). Iracundo (como las pipas… ¿o se llaman de otra manera?), se abalanzó sobre el rollete de Susi y le hizo unas mechas californianas. Tendríais que verle la velocidad para aplicar el tinte. De nada sirvieron las quejas del chaval. Fue todo en un abrir y cerrar de ojos.  Parece ser que al chico le gustó el resultado y ahora de mayor sigue con su estilo particular.


¡Al ladrón!

Durante su etapa en la Universidad, Depi pareció calmarse y no tuvo ningún ataque de ira como los que nos tiene acostumbrados. Pero… una tarde que estaba estudiando, oyó unos ruidos en la cerradura de casa (seguía viviendo con sus padres). Dos jóvenes hercúleos estaban intentando forzar la puerta. Acongojose nuestro protagonista por un momento, pero decidió que había que actuar. Raudo se dirigió a la puerta e inmovilizó a los ladrones y les hizo unas trenzas. “Nunca había visto algo así” explica Susi, que aún seguía siendo vecina de Delpi. “Al primero pudo terminarles las trenzas, pero el segundo se resistió algo más y no logró finalizar el trabajo. Se revolvían como lagartijas, los jodíos. Lo que me sorprendió es que a pesar de que abrían mucho la boca, no salía ningún sonido... Eso sí, bailaban estupendamente". 


Chapa y pintura

Sorprendentemente Delpi se sacó el carnet de conducir sin mayores dificultades. Además, estaba en tratamiento para calmar sus episodios (como su fuera un programa de televisión). Pero… las putas rotondas. Delpi tuvo un pequeño percance en una de las tantas rotondas que había cerca de su casa. Que si pasa tú, que si paso yo, que al final un autobús se cruzó en su camino. En realidad no fue más que un pequeño golpe, pero… Ahí tenemos a nuestro objeto de estudio, abriendo la puerta como un poseso. “Poseso”, que se fue a por el autobusero. Un señor de 50 años con un bigote más poblado que China e India juntas. Ni corto ni perezoso (qué me gusta utilizar esta expresión), Delpi le hizo un tratamiento de vello facial en el labio superior que no lo reconoció ni su señora esposa (la del conductor de autobús). 


Con mi novia, mucho ojito

Sí. Susi aceptó ser su novia. Años y años de espera, y al fin lo consiguió. En su primera cita, fueron al cine. A ver cualquier película, porque de lo que se trataba era de poner en brazo por encima del hombro e intentar pillar cacho. En un momento que fue a comprar palomitas y unos refrescos (palabra cursi donde las haya), encontró a Susi hablando con un joven. Tiró todo y saltando por encima de las butacas (como el señor italiano delgadito que le dieron un Óscar por una peli de mucha lástima) se abalanzó a por el muchacho que hablaba con su amada. En menos de 5 minutos, le había colocado una extensión que ríete tú del pelo de la Pantoja.


Que el asesino es ¿quién?

¡No alarmarse! Depilator no se ha cargado a nadie. Todavía. Pero no tentéis a la suerte. Si queréis enfadarle, no tenéis más que contarle el final de una película o desvelar la trama de la serie que esté siguiendo. Un conocido le contó el final de Titanic (¡como lo oyes!) y en menos de 5 minutos fue sometido por Depi a un tratamiento anticelulítico.


Como ya sabéis, Delpi está privado de su libertad por su mala cabeza. Desconocemos si sigue el tratamiento, pero parece ser que sigue con sus pequeños problemas. Aquí tenéis a su última víctima tras una pequeña pelea en las duchas de la cárcel y un “cógeme” allá esa pastilla de jabón.


Seguiremos informando… o mejor no. 

Comentarios

  1. A ver donde anda el famoso Depi para que me haga un arreglito...

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  2. ¡Jo, Javier, que ahora voy a ir mirando a todo quisque que se cruce conmigo en la calle...!
    Besotes,
    Isabel

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