Ir al contenido principal

Restaurantes y Navidad (I Parte)

Pues ya está aquí la Navidad. Y no empecéis como todos los años. ¿Otra vez? ¿Ya? Sí, ya. Es lo que tiene noviembre, que después llega diciembre. ¿Qué esperabais Noviembre Junior? Aunque hay supermercados que tienen el turrón ya caducado y los polvorones rancios de lo pronto que los han puesto, ya no hay vuelta atrás.

Esta es la cara que se le quedó a Monsterrat Caballé cuando le dijeron que tenía que cantar en Navidad.

Pues eso, que en nada estamos celebrando las cenas con los amigos, los compañeros de trabajo (si es que queda alguien en la oficina) o con quien te quieras reunir. Ya os conté hace casi un año cómo debías comportarte en ese tipo de cenas y algunos consejos para salir vivo de ellas.

Esta vez os hablaré de los diferentes lugares en los que puedes celebrar los eventos. Para que no tengáis que leer demasiado y como hay muchísimos tipos de restaurantes, mejor lo hacemos en capítulos.

Donde vayáis, ya es cosa vuestra. Yo os aconsejo que no vayáis a ninguno y os quedéis en casa o en la de vuestros padres, o suegros… Mejor no salgáis que todo lo que diga puede ser utilizado en mi contra… tengo derecho a guardar silencio :-).


Y vamos a empezar por el principio. ¿Os acordáis de cuando sólo había tres tipos de restaurantes? Los de "aquí al lao" (también conocidos como el de abajo, el de toda la vida o el de la esquina), los caros y los chinos. Siempre hay alguien que por hacerse el gracioso incluye la opción de “fas-fú” o comida rápida para la cena de Navidad, como por ejemplo McDonald’s (incluso para casarse), “Burriquín”, Telepizza, Subway… y similares, pero vamos a obviar esta opción. Nos quedaremos con estas tres de momento…

Lo mejor de esta opción es que tienes una página en La Razón.  ¡Allá voy!

Los de siempre, los de abajo o los de toda la vida.

Se está perdiendo esta tradición. Más que nada porque cada vez quedan menos bares de este tipo. Si no han puesto un chino en su lugar, están los chinos trabajando dentro y haciendo ellos mismos los bocatas de calamares… pero aún quedan sitios donde comerte unas “cocretas” caseras, las mejores bravas del mundo mundial, las cañas mejor tiradas y todo en un ambiente sofisticado  y rodeado de cabezas de gambas y servilletas en el suelo.


Casi siempre con un nombre fácil de recordar, Bar Juli, el Segoviano, Guarro (no lo pone en el rótulo pero se le conoce como tal. Hay uno en cada barrio por lo menos). También puede tener el nombre de cualquier ciudad o pueblo de la geografía española. No os dejéis engañar, el dueño no siempre es tan simpático como los venden en las películas, suelen ser más parecidos al hermano “rebotao” de Los Serrano.


Lo único que tenías que hacer para reservar es avisar un par de días antes y decirle: “Manolo, que el viernes nos juntamos los de la oficina. Nos preparas algo “apañao” y no te pases con el precio”. Si apareces con traje por el bar, te meten una colleja que ríete tú de la Sole de 7 Vidas. Eso sí, no esperes que se pase por allí Isabel Preysler con los Ferrero Rocher, ni Carmen Lomana… o sí.

El bar Yakarta, un clásico de Carabanchel
El chino

Todavía no habían pasado a llamarse asiáticos… algunos ya eran orientales, pero casi siempre se les conocía como el chino. Podían y pueden tener nombres muy variados (P.L.C. que quiere decir Por Los Cojones). Si no tenían en el rótulo una de estas palabras Muralla, Dragón, Imperial, Sol, Gran, Pekín, o cualquier otra ciudad china, no era un restaurante chino de verdad.  

Esto pasa por salirse del guion

En cuanto a la oferta gastronómica, mira que tienen una carta larga, pero al final terminamos comiendo algo como: “Rollitos agridulces de Cerdo primaveral con almendras”. Hay otras combinaciones como el “Arroz con Pollo Delicioso al Bambú” y eso sí, que no falten nunca esos trozos de plástico para embalar que ponen antes de comer.


No sé cómo se las apañan, pero da igual si vas a un chino en Madrid, o en Cuenca, son todos iguales. El mismo chino en la puerta (o muy parecido). Da igual que pidas mesa para dos que para 350, siempre habrá sitio. La misma joven, también china, sirviendo el pan de gambas y sonriendo, y poniéndote los 18 platos al mismo tiempo en la mesa. No sé vosotros, pero tengo la sensación de estar en un concurso para ver quién se lo come todo en menos tiempo… 

Y sin pan para que entre mejor la ternera saltándose los pimientos como un champiñón. 


Los caros

Todavía no es el momento de la cocina malaya con toques caribeños y ciertas reminiscencias mozárabes, ni la televisión llena de gente vestida de cocineros. Los platos eran aún redondos y las cartas del menú se podían entender a la primera, sin preguntar al camarero.

No había mucha variedad, pero también costaba una pasta ir a comer a estos restaurantes. Normalmente no eran los elegidos para las comidas de navidad, pero la gente con posibles (siempre he querido meter esta frase en algún texto) iba allí a menudo. Este tipo de restaurante se dividía en tres. Mesón, Asador y Marisquería, y todos bastante casposos. 

Allí se iba a comer bien, y mucho. A ponerse como el tenazas (qué me gusta esta expresión) y sobre todo si pagaba otro. Casi siempre era la empresa, o el amigo con pasta. La carta tampoco es que fuera muy amplia, pero la cuestión era comerse un buen chuletón, un cabrito, una buena mariscada o un cervatillo.


Ahora parecen cutres y con camareros con más años que un saco de loros. Solían tener siempre un escudo de armas a la puerta para que se viera que eran de un apellido importante. ¡Para cualquier celebración, mariscada y chuletón! (prometo que este anuncio es de verdad). ¡Los anuncios de la radio ya los hacía el abuelo del padre de Matías Prats…. Padre!

En próximos capítulos veremos cómo llegaron los restaurantes de otros sitios del mundo, la cocina de autor, temáticos… 

Pasito a paso, que sois unos agonías y lo queréis todo junto, como la comida en el Chino. ¡Que aproveche y hasta la semana que viene!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sí sí sí, el bombo ya está aquí

¡Albricias! Celebremos con regocijo (quienquiera que sea regocijo) la buena nueva. ¡Manolo podrá tocar su instrumento de nuevo!  

Para los despistados. Hablamos del bombo de Manolo, un señor que es famoso por tener un bombo. Como Bartolo con la flauta, pero en versión bombo. Ya, ya sé que llego un poco tarde a la noticia, pero es que hay cosas que necesitan tiempo para digerir, y reconocer su importancia. Y es que era un clamor. La gente preocupada, no se hablaba de otra cosa, un sinvivir, noches sin dormir (una, pero sin dormir… bueno, en realidad sí que dormí, pero no muy bien… El calor no ayudaba)

¿Por qué es tan importante que Manolo tenga su bombo? ¿De verdad os lo tengo que explicar? Está bien, allá vamos.


Yo os maldigo, jodíos móviles

No sé si os acordáis de Charlton Heston en El Planeta de los Simios en la escena final, más cabreao que una mona y “maldijiendo” a todos. Pues yo igual, maldigo a los móviles, que tienen la culpa de todo lo que sucede. Antes no había teléfonos inteligentes, ni siquiera un poco listos, y no pasaba lo que está pasando ahora. Si no, cómo os explicáis, que haya llegado Trump a ser Presidente. Pues por los móviles.

Y no sólo lo digo yo. También lo dicen los programas de la tele, y los de la radio y en los artículos de revistas y periódicos (por si no lo recuerdas, son esas cosas que venden en las tiendas con hojas… las lechugas, no, lo otro).

Pues eso, que lo dice todo el mundo. Todo el día nada más que “de mirar” el móvil y no hacemos otras cosas, no como antes que hacíamos…. por ejemplo… Dejadme pensar y ahora vengo.

Perrerías y otras putadas que les hacemos a los animales

Una perrería no es dónde se venden perros, sino algo que se hace con maldad, jugarreta (bonita palabra también, suena como un jugador de la Real Sociedad o del Alavés). Aunque vender perros también está muy feo.  Estamos de acuerdo ¿No?


A todos nos gustan mucho los animales pero os voy a dar algunos ejemplos de lo malamente que nos portamos con ellos, y no sólo nosotros sino también la madre naturaleza, que a veces se pasa un poco. 

La madre que los parió

Seguramente hayáis oído la noticia del mexicano que intentó robar a los pasajeros de un autobús y se encontró con su madre. Lo que pasó después, le sorprendió 😊. El caso es que a la madre, por lo que fuera, no le hacía gracia que le robaran. También es verdad que si alguien te va a quitar dinero, mejor que lo haga un hijo y todo queda en familia. Pero esta señora mexicana no quería entrar en razón y por mucha pistola que llevara su hijo, no hay quien pueda con la zapatilla de una madre. Si jugaran al piedra, papel, tijera, la zapatilla de la madre ganaría siempre. Hoy vamos a hablar de qué hubiera pasado si la madre que parió a todos estos personajes hubiera estado al quite, como la madre mexicana. Cristóbal Colón No se sabe realmente dónde nació, pero madre seguro que tuvo. Lo que no tenemos claro es cómo le hablaba, si en italiano, portugués, castellano, catalán o por whatsapp… El caso es que seguro que le dijo algo así: “¿Cómo que te vas a ver a los reyes de España a pedirles dinero?…

¿Si pruebo con poesía aunque sea sólo un día?

En el blog he escrito sobre muchos temas. 6 años dan para muchas chorradas.  Cosas que me ocurren, otras que me podrían haber ocurrido, alguna que otra invención, noticias, entrevistas de actualidad, temas candentes (que vete tú a saber qué significa candente… Es algo sobre cómo cocinar los espaguetis para que queden perfectos ¿No?).

Pero nunca he escrito poesía. Jamás. Never, ever. Ni en el blog, ni en un cuaderno, ni ná de ná. Ni siquiera en el cole cuando me gustaba una niña (que se llamara Carlota, no ayudaba en las rimas), o en las puertas de los baños cuando era adolescente, que es cuando se escriben poesías con sentimiento.

Alguna vez tenía que ser la primera. Así que vamos a intentarlo, pero eso sí, no pidáis virguerías… No esperéis sonetos, romances, o versos enciclopédicos (o como quiera que se llamen los versos)… Eso sí, también prometo que no voy a tirar de rimas fáciles, usando el número 5 o con agua Bezoya y partes del cuerpo masculinas.

Dejadme que utilice algunas licenc…