martes, 7 de octubre de 2014

10 cosas que nunca pasan hasta que pasan

¿Nunca te ha pasado que cosas que nunca suelen pasar pasan más a menudo? Vamos a empezar de nuevo, que creo que no me estoy explicando bien. Llevas mucho tiempo sin que te suceda algo y esto mismo se repite varias veces en muy poco tiempo. Creo que no lo he arreglado.


A ver si poniendo un ejemplo es más fácil. Acabas de arrancarte un padrastro en un dedo (mal hecho, pero todos lo hacemos. Ya estamos con el mal de tontos, Consuelo Berlanga, o algo así). Y duele. No es como dar a luz, pero duele (no puedo comparar, pero dicen que duele). Pues bien, las posibilidades de que te des un golpe en esa parte de la mano se multiplican por mil. Y mira que tenemos otra mano. Y que en la mano mala, tenemos muchos dedos (igual muchos es una exageración). Pues todos los golpes van a parar al dedo. Y más concretamente al puto padrastro (seguro que la Cenicienta cuidaba más su vocabulario y eso que la madrastra era mala, malísima, y se parcía a Pitita Ridruejo).


Me he explicado mejor ¿no? Pues de eso quería hablaros. De esas cosas que nunca pasan, hasta que pasan. Vamos con más ejemplos.


No había visto ninguno hasta…

Antes, cuando no había Internet y no podías ir a Youtube (poder podías, pero no había nada. Todo era campo), o buscar imágenes, tenías que esperar a ver las cosas en directo. Increíble ¿verdad? Quieres explicarle a alguien cómo es el coche que te quieres comprar. Único, irrepetible. Y no ves ni uno por la calle. Amigo. Espera a comprártelo y todos los coches con los que te cruces serán iguales que el tuyo. El mismo color, las mismas ruedas (4) y hasta con el mismo detalle de buen gusto en el cristal delantero.



¡Pues no era tan exclusivo!

Es la variante textil del ejemplo anterior. El señor vendedor te asegura por activa y por pasiva (nunca he entendido bien esta expresión, pero aquí queda bien), que es una prenda exclusiva. Y tú que eres crédulo por naturaleza, pues te lo crees (si por algo se caracterizan los crédulos, es por creerse las cosas). Estrenas la prenda en cuestión y es exactamente igual que la que lleva otra “persona humana”. Debe ser igual de exclusiva que la que compré yo, porque es idéntica.


¡Era nuestra canción!

20 años con tu pareja y hace 19 que no escuchas vuestra canción. En cuanto te dejan, lo único que escuchas en la radio es esa bella melodía. O a lo mejor no, pero todo te recuerda a ella, o él. Que sale King Africa en la tele cantando y sólo se te viene a la cabeza lo bien que lo pasabas con tu amad@. Lo pasábamos boooomba, y hala, a llorar como una magdalena, o muffin, o como quiera que se llore ahora. O escuchas la canción de la gasolina y recuerdas que ella tenía un coche diésel. Y así sustantivamente.


Lo de las dos tazas

Hay un dicho popular que dice algo de unas tazas. Que si no quieres arroz, Catalina te da una taza. El caso es que la probabilidad de escuchar una y otra vez una canción que no te gusta, es proporcional al odio que le tengas. Me explico. ¿Estás hasta las narices de una canción? Pues prepárate que no vas a parar de escucharla.


Hace mucho que no como…

Es decir esta frase y aparecerse la comida en cuestión que hacía tanto que no probabas. Ya puede ser cocido, pulpo a la gallega, angulas.. (yo hace mucho que no las pruebo, a ver si cuela. Exactamente, no las he probado nunca), que en poco tiempo te las pondrán en todas partes. Y si es algo que te gusta, no pasa nada, pero suele ser con cosas que no te apetecen demasiado.

Si quieres que dejemos de ser amigos, dame anchoas. Es lo ÚNICO que no me gusta. Ni las depiladas

¿A qué huele?

¿Sabes esas colonias que seguramente cuestan mucha pasta pero que no te gustan? Vayas donde vayas te perseguirá alguien que la lleve, o a ti te parecerá que la lleva todo el mundo. No hay manera de esconderse. Como los de Hacienda si no eres rico, pero en versión olorosa. También está la versión de la colonia que te gusta y era la que llevaba tu ex (ese/esa que te ha dejado y que todo te recuerda a el/ella)


¡Cuánto tiempo! Hace por lo menos 10 minutos que no te veía

Hace años que no ves a alguien. Pero cuando haces pop ya no hay stop. Una vez que llega a tu vida, ya no hay manera de que desaparezca. Te le encuentras en todas partes. Diríase que os vais persiguiendo, y asusta, sobre todo si te persiguen.

¡Rápido! ¡Siga a ese coche!

¡Más barato imposible!

Has mirado en mil sitios, tiendas físicas, y de las otras (las químicas, no, las del “internez”) y encuentras lo que andabas buscando tirado de precio. Lo compras. Pues bien, en el mismo segundo que lo has comprado, verás ofertas, anuncios, avionetas en la playa anunciando el producto, mucho más barato.


Pues no me ha dado ni un problema

Estos electrodomésticos que tenemos en casa, y que no han dado ni un problema en 20 años. Pues espera que te deje tu pareja y también se estropearán los electrodomésticos. Son como esas parejas de señores mayores. En cuanto uno se resfría, el otro estornuda. Y el precio de la reparación será mucho mayor que comprar uno nuevo (seguimos hablando de los electrodomésticos).



¿Al médico? No voy desde…

Somos como los cacharros. No nos estropeamos nunca, hasta que nos estropeamos, y no tenemos garantía. Llevas años sin una molestia, ni un resfriado, nada. Más sano que un señor sin seguro privado en Estados Unidos o un autónomo en España. “Nunca he tenido que ir al médico”. En cuanto digas esta frase, será cuando te empiecen a pasar cosas. Un dolor de muela (molar, lo que se dice molar, no mola), constipado y para rematar, lesión de los ligamentos por distensión, estiramiento excesivo, torsión o rasgadura, acompañada de hematoma e inflamación y dolor que impide continuar moviendo la parte lesionada (lo que viene siendo un puto esguince).

¿Se te ocurren más cosas que vengan de dos en 2 como los “petisuis”?, ¿O de tres en tres como los Ángeles de Charlie? No sigo, que el 4 tiene mala rima y el siguiente, ni os cuento.


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