martes, 6 de mayo de 2014

¿Viva los novios?

Cuando creías que todo el mundo a tu alrededor se había casado; que ya no quedaba nadie soltero, te siguen invitando a bodas. Esos amigos que llevan más tiempo juntos que los Rolling Stones, se casan. El primo pequeño, Eduardín, con 39 añitos, también. ¿Ese amigo que pensábamos que nunca encontraría a nadie? Bueno, ese sigue soltero, pero también le invitaron a una boda…. Si se casó Alaska, y con quién lo ha hecho. Todo puede pasar.


Bueno, pues como iba diciendo. Que ya te han invitado a la boda y has dicho que sí. Ahora viene el regalo. Como los tiempos avanzan que es una barbaridad, te dan el número de cuenta. A más de uno de les he domiciliado la luz, el Interné, y el Canal Plus. Ya verás que risa cuando se den cuenta.  

Y llega el día. Y te peinas, te duchas (es lo que tiene ir a las bodas) y te pones el traje (y no vale el de Casillas o el de Batman). Pero no acaba ahí la cosa. Vas a la iglesia o al juzgado, o donde quiera que se celebre. Saludas a los familiares y/o amigos (dependiendo de la boda puede que no coincidan) y las típicas frases entre hombres a)Cabrón que  gordo estás y b)Se te ve el cartón y ¡Estás ideal! entre mujeres (por supuesto, dicho desde el corazón). Después viene el banquete y con él (aquí lo ideal sería incluir un grito desgarrador, pero os lo imagináis o lo pegáis vosotros mismos) TUS COMPAÑEROS DE MESA.


Aquí es dónde decís. ¡Qué exagerao! No es para tanto. Será en las bodas a las que te invitan, pero en las que yo voy… Vale, vamos a repasar y luego me decís si nunca os han sentado con algún ejemplar de los que paso a relatar (parece el principio de una canción para niños… ). Y vas a tener que estar con uno de ellos, durante al menos 2 horas (como mínimo). 120 minutos, 8200, 6700… segundos... un huevo de tiempo.

Vamos allá con la colección de compañeros de mesa. Afortunadamente no están todos juntos en la misma mesa ni en el mismo momento.

El de los chistes
¡Horreur! Nos han metido a Arévalo en la mesa. Empiezas tratando de sacar temas de conversación para que no siga con su actuación, pero cualquier palabra es una excusa para decir. “Esto me recuerda al chiste de… “. “Sabéis el de…”. ¿Me pasas la espada de cortar la tarta? Es para un amigo…


Que se besen
¿Por qué se sigue haciendo? Nos ha tocado a nosotros el que empieza todos los cánticos de “buen gusto” y decoro. El que se besen se convierte en que se besen los padrinos, las madrinas, los de la mesa 8 con la 12. Es muy probable que sea el que corte la corbata o la liga de la novia. Todo muy elegante… Por los cojones.

El Calamar
Todo lo sabe de muy buena tinta. Da igual de lo que hables, todo lo saben. Ni Iker Jiménez resuelve tantos misterios. ¿Quién mató a Kennedy? Él tiene un conocido que estuvo presente. ¿Ganará España el Mundial? Su primo es el fisioterapeuta del Ceuta (¿Quién iba a pensar que Ceuta tenía rima?), que a su vez conoce al médico del Melilla y sabe qué pasará. ¿Qué piensa Rajoy?  Bueno… hasta ahí no llega, pero estamos trabajando en ello.


“Charlas” Chaplin
¿Se callará en algún momento? Es como tener la radio puesta durante la boda entera con un discurso de Fidel Castro y Nicolás Maduro de fondo. Vas al baño y al volver, ahí le tienes, sigue hablando. No le escuchas, pero le tienes de fondo. Mother mine of the beautiful God! ¡Qué cansino!


Tenemos que quedar
Has hecho todo lo posible para no ser demasiado simpático. Digamos que no te has empleado a fondo para caer bien. Da igual, siempre habrá un “pues podríamos quedar. Nos lo hemos pasado fenomenal con vosotros”. Ahí te das cuenta de lo aburridos que tienen que estar para querer quedar contigo. Y les das un teléfono con muchos cincos… como en las películas americanas.


El intermitente
Está en tu mesa. Le has visto. Estás seguro. Pero hace un rato que ha desaparecido. Ya ha vuelto. ¡Qué trajín! En toda mesa de bodas hay al menos alguien así. Le han sentado en tu mesa, pero se ha pasado más de la mitad del banquete con gente de otra mesa. Hasta te sientes un poco celoso. Pues si quiere estar con los otros, que se vaya… Que no venga aquí cuando ponen otro plato…

Cariño…
Estos también van de dos en dos como los “petisuis”. Uno (normalmente él) se ha bebido el vino blanco, el tinto, el rosado (si hubiera vino de otros colores, también lo habría probado), el champán, todos los licores y el café (por no mezclar… y aún no ha empezado la barra libre). Como es trabajo en equipo, la parte contratante, se pasa la noche diciendo: “Cariño, te va a sentar mal”. Y tendrá razón, le sienta mal.


El imbécil
¿Os acordáis del tonto del pueblo? En algunos pueblos seguro que había más de uno. Pues en las mesas de las bodas también hay uno. Dependiendo de a quién preguntes puede que no coincidan, pero haberlo, haylo. Y puede que más de uno también.

El raro
¿No tenéis un amigo extraño? En todas las pandillas (qué palabra tan viejuna) hay un tío raro (y sí, suele ser tío). No es mala persona, y le tienes cierto cariño, pero nunca has sabido por qué sois amigos. Seguramente él tampoco sabe por qué, pero os seguís viendo. Pues ése, que es amigo del novio, o de la novia está en tu mesa. Y sigue siendo raro.


¿Qué hago yo aquí?
Más perdido que Falete en un gimnasio. Si le preguntan el nombre de los novios, probablemente acierte uno o ninguno. No conoce a nadie, excepto a su pareja y durante esa noche, en muchos momentos, seguro que desearía no haberla conocido. Más larga que la noche de bodas para el marido de la Duquesa de Alba.  


Por suerte, también hay buena gente. Agradable, divertida, con un trato exquisito, amigo de sus amigos, simpáticos, amables… Pero están en otra mesa.

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