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Los Otros Olímpicos

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Quiero agradecer al señor del palito, al delineante, al que barre, a los recojones, a mi vecino que me estará escuchando, a mi mujer, a todos los que han creído en mí, a la Virgen del Pilar, que no quiere ser francesa, a la Virgen Cita, que me quede como estoy. Pues ya estoy de vuelta y aunque no es fácil concentrarse con los Juegos Olímpicos, aquí me tenéis. Y antes de nada quiero dar las gracias a todas las señoras y señores que hacen posible que se jueguen los juegos. Se merecen una medalla. O dos. O más. Ya os conté alguna cosa en el blog sobre las Olimpiadas , incluso con segunda parte . También hablamos sobre los próximos juegos, los de Paguí , en los que habrá cenas de picoteo, y brikindans. Me dio por pasar olímpicamente y hasta me preguntaba por qué había Juegos Olímpicos de Invierno . Pero casi siempre había hablado de los deportistas y no había dado las gracias a todas las personas y personos que hacen posible los juegos. Desde aquí, mis agradecimientos más agradecido

Enterrando plantas

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Os tengo que confesar algo. No es fácil enterrar una planta. Me explico. Fácil es, porque con echarles tierra encima y olvidarte, ya estaría. Lo difícil es ponerlas tierra y que vivan. Y a mí se me han muerto varias. Bueno, no pasa nada, diréis. Pero sí que pasa. Es mucho peor que se muera una persona a que se muera una planta. Hasta aquí todos estaríamos de acuerdo. Igual es mucho decir lo de estar de acuerdo, que hay algunas personas que… Y las plantas, al fin y a la cabo nos hacen la vida mejor. Menos el brócoli, que es peor que la mayoría de las personas. Empezaremos por el principio. Me gustan las plantas. Hasta el brócoli. No para plantarlo en casa y ponerlo en el salón, pero no le marginaría, ni por su color, raza, religión o su ideología. Pero hay otras más bonitas. Si me dan a elegir entre un puerro o un clavel, dónde va a parar, el clavel, aunque no sea rojo, rojo como cantaba Rocío Jurado, es mucho más bonito. Y queda mucho mejor para regalar. También es verdad que para

No tengo ni idea

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Os voy a contar un secreto. Hoy no tengo ni idea sobre qué escribir en el blog. Nada. No he pensado nada. Bueno, sí he pensado, pero lo justito. No he tenido un pensamiento de esos que te dices a ti mismo: “¡Qué bien pensado!”. Ni siquiera, un “pues no es mala idea”. Nada, ni idea. Podría pararme un poquito más a pensar, darle vueltas a la cabeza, como la niña del exorcista. O si no quiero ideas originales, podría plagiar algo. O como se dice ahora, hacer un homenaje. En las series de televisión cuando no se les ocurre nada, hacen un capítulo de “recuerdaciones” o “recordamientos”. Os acordáis de cuándo… Y suena un arpa. ¿Y si leyera un periódico o escuchara la radio para sacar ideas? ¿O ver la tele y escoger una noticia al “azahar”? ¿Y organizar una tertulia conmigo mismo con mi taza encima de la mesa y estar a favor y en contra de mis propias opiniones?. “No llevemos esto a cuestiones personales”. “Vamos a mantener la calma”. “Respetemos el turno de palabra y no hablemos todos a

Vacunas, jamón y Paracetamol

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Esto de las vacunas no es un invento nuevo. Existen hace muchos años. Antes del 5G, de que se te peguen los tenedores en la piel (Ya me dirás que utilidad tiene esto si no te vas de camping), o te metan un chís. La tele era en blanco y negro y las vacunas te las ponía un doctorrrrr, manejando un cuatrimotorrrrr. Rosa León no tiene nada que ver con Paco, ni con el Rey León. Tampoco tiene mucho que ver con las vacunas, aparte de la canción, que es de los que os voy a hablar. De esto no se habla en los medios. Nadie habla de las vacunas. Bueno sí que se habla, pero yo vengo a hablar de la mía. En realidad son las mías, porque me pusieron dos. En diferentes días. En el mismo sitio. Incluso en el mismo brazo, y en el mismo hospital. Soy animal de costumbres. Me podría haber puesto más, porque me avisaron que podía ponérmela también en Madrid, en el Hospital Zendal, pero me pilla un poco retirao de Zúrich y entonces tendría que haber ido en cuatrimotorrrrr. Vayamos al principio. En el

Una noche en el ejército

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Es posible que os suene el título a cualquier película de los Hermanos Marx. Una noche en la Opera, Un día en las Carreras, A mediodía alegría. Esto no era una película, pero salía Leticia Sabater, que también es bastante surrealista. No voy a ser tan mala persona como los creadores de los Serrano y ya aviso que todo esto que os voy a contar ha sido un sueño. No quiero que os llevéis sorpresas. El caso es que la otra noche soñé que entraba en el ejército. A unos les da por soñar una serie entera, como al señor Serrano, otros tienen sueños eróticos, incluso con Leticia Sabater, y otros nos metemos al ejército. Yo, al ejército, imagínate. Que si me dicen que vaya a la izquierda lo tengo que pensar dos veces y voy a la derecha… Que diréis, pues piénsalo una vez y acertarás. Ya lo he probado. Y no funciona. El caso es que el post de hoy es un sueño. Probablemente entraría en la categoría de pesadilla (que no se muerde la cola). Ahí me tenéis, todo un señor vacunado con las dos dosi