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Ser mayor

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Aunque pudiera parecerlo, el título no es una promoción de un programa de la Cadena Ser. Ya se ocupan ellos mismos de ponerle nombre a sus cosas. Tienen por ejemplo: El Cine en la Ser, Ser Historia, Ser Aventureros, Ser Piente (en el que hablan de reptiles), Ser Afín (de querubines y ángeles), Ser Món (de religión y gente dando la turra), y Ser Vicios (en los que hablan de cuartos de baño).   Y es posible que alguno de ellos me lo haya inventado... el famoso (Ser Mentiroso). Pero no tienen programas para la gente mayor. Otras radios, probablemente sí, pero yo os quería hablar de hacerse mayor.  Tienes dos años y ya vas por ahí diciendo que eres grande y puedes hacer cualquier cosa que te propongas. Ya empezamos a engañarnos desde muy jovencitos. Con 14 años, ya somos mayores y creemos que podemos fumar, beber, subir en ascensor. Beber en el ascensor, y otras cosas que se hacen en los ascensores... o al menos en las películas lo hacen.  Estás como loco por llegar a la mayor

Las cosas de la edad

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Hace unos años un grupo llamado Modestia Aparte, también conocido como “ molestia, aparta ”, “ cantaba ” una canción llamada Cosas de la Edad. Digo “cantaba” y en el vídeo vais a entender por qué. No os perdáis la actitud del público y la voz melodiosa del “ cantante ”. El caso es que las “ personas humanas ” nunca estamos contentos con lo que tenemos. Y entre las cosas que tenemos está lo de la edad y sus cosas. Si tenemos mucha edad queremos tener menos. Cuando tenemos pocos años, queremos tener más. Llega un momento en el que no queremos cumplir más, que incluso nos quitamos años. Un lío, ¿no? A ver si os explico bien lo de las edades del hombre, la mujer, la temporada otoño-invierno… Vamos allá. Tres meses, dos semanas, un día y un desayuno En el principio no hay años. La edad se cuenta en días, luego pasamos a semanas, meses… Que parecen condenas de la cárcel. Hay tiernos infantes que tienen 124 semanas y como no seas experto en matemáticas, no sabes si sigue en la

Lo mío es peor y no digo nada

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¿Os acordáis de cuándo éramos pequeños y cualquier herida, por pequeña que fuera, era la peor de todos los tiempos? Daba igual que fuera una rozadura en la rodilla. Que tu amigo se hubiera caído desde un quinto piso y se hubiera roto las piernas o los brazos… ¿Cómo vas a comparar? Lo de la rodilla es mucho peor. Pues de mayores seguimos haciendo lo mismo. No hay peor dolor que el tuyo. De pequeños enseñábamos la rodilla. ¡O mejor! Un dedo. Y si llevaba una tirita, mucho mejor. Así podías ir mostrando el dedo a todo el mundo para que supieran que estabas sufriendo. Que tu dolor era el más doloroso. Y aunque no sabías expresarte, ahí tenías el socorrido “Mía, pupa”. Que no sólo significaba mira que herida tengo. Con esas dos palabras queríamos expresar todo nuestro dolor y solicitar atención. Pues ahora, seguimos poniéndonos tiritas… y eso que sabemos expresarnos.   Ahora es la parte en la que desarrollo mi teoría. Que por supuesto es mucho peor que la tuya. ¡Dónde va