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Lo mío es peor y no digo nada

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¿Os acordáis de cuándo éramos pequeños y cualquier herida, por pequeña que fuera, era la peor de todos los tiempos? Daba igual que fuera una rozadura en la rodilla. Que tu amigo se hubiera caído desde un quinto piso y se hubiera roto las piernas o los brazos… ¿Cómo vas a comparar? Lo de la rodilla es mucho peor.

Pues de mayores seguimos haciendo lo mismo. No hay peor dolor que el tuyo. De pequeños enseñábamos la rodilla. ¡O mejor! Un dedo. Y si llevaba una tirita, mucho mejor. Así podías ir mostrando el dedo a todo el mundo para que supieran que estabas sufriendo. Que tu dolor era el más doloroso. Y aunque no sabías expresarte, ahí tenías el socorrido “Mía, pupa”. Que no sólo significaba mira que herida tengo. Con esas dos palabras queríamos expresar todo nuestro dolor y solicitar atención. Pues ahora, seguimos poniéndonos tiritas… y eso que sabemos expresarnos.  

Ahora es la parte en la que desarrollo mi teoría. Que por supuesto es mucho peor que la tuya. ¡Dónde va a parar!

No me gusta que escribas “asín” o digas esas cosas

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Y vosotros diréis ¿Y a mí qué me importa qué le gusta o no le gusta a este pollo? ¿Si algo está bien o mal escrito lo decide aquí, el que escribe el blog? ¿Quién eres tú para decirme cómo se tienen que escribir las cosas? Vale, vale, ¡Para ya! ¡Que tienes razón!

No soy nadie para sanarte, pero una palabra tuya (ya me he vuelto a liar con las escrituras). Os debería dar igual qué considero bueno o malo o qué está bien escrito o no. Pero tampoco le debería importar a nadie con quién se lía Paquirrín. O cómo se corta el pelo CR7. O si la mujer de un ex-ministro vive en París y él se va con ella (bueno, eso igual sí, porque le vamos a pagar entre todos su casa en los campos Delicious, o como se pronuncien los campos de “Paguí”).

Una vez que hemos dejado claro qué no debería importarte, yo, de todas maneras, te lo cuento. Pero avisado quedas. Y ahora vamos con lo de escribir malamente.