Cuando no había gravedad

Seguramente esto no lo sepáis, porque no lo cuentan en los medios (algún día hablaremos de esas noticias que están en todas partes pero que no te cuentan en los medios), que hubo un tiempo en el que no había gravedad.

Ahora ya sabes cómo se construyeron las pirámides. Ahí estaba el faraón mismo poniendo las piedras. Keops, Kefrén y Micerinos. Que parece la delantera de Las Palmas, pero no. Son los faraones que hicieron las pirámides. Ellos solitos. Y seguramente sin instrucciones ni nada. Una piedra encima de la otra como esas torres que se hacen con vasos de plástico. Total, las piedras no pesaban en aquella época.

La Torre de Pisa también está hecha A.G. (antes de la gravedad) y por eso cuando la pusieron (la gravedad) se les torció un poco. Como esos bizcochos que al sacar del horno se te chafan un poco, pues con las torres de Pisas, pasa un poco lo mismo. Ahora que hay gravedad, a ver quién tiene fuerza para enderezarla. Y mira que los turistas ponen todo su “ingenio” en intentarlo.

Y no sólo la torre de Pisa, o las pirámides y todas esas cosas que pesan tanto. A ver si no, por qué te crees que todas las catedrales son tan antiguas. Ahora no se atreven. Que diréis, ¿Y los rascacielos qué? Igualito es una cosa que otra. Ahora no hace falta la falta de gravedad (valga la redundancia y la estupidez). Y además, que esto no es un espacio de tertulias... Que aquí se viene estudiado. ¡Yo que sé!

Y así podríamos explicar también lo de las piedras de Stonehenge (total es sólo hacer un circulito con “pedrolos” gordos), o los moais de la isla de Pascua. Si lo complicado era ponerlos ahí, con lo lejos que está la isla. Lo que es inexplicable es la cara dura de algunos políticos. Es increíble que la puedan mover y la utilicen con esa ligereza para decir las cosas que dicen con la gravedad ya inventada.

¿Y las mudanzas?

Ahora le dices a un amigo que tienes una mudanza y te quedas sin amigo. ¿Pero antes? Que les decías a los vecinos, tengo que mover un par de muebles. De los muebles de antes, que eran buenos, buenos. Y todos como locos. ¡Yo, yo! ¡Déjame ayudarte! ¡Quiero mover cosas! Déjame que te apoye y moveré el mundo. O algo así...

Hablando de Arquímedes

Otro que tiene un nombre cojonudo para ser delantero del Panathinaikos o cualquier otro equipo griego. ¿Y que me decís de las olimpiadas? Esto tampoco te lo dirán en los medios. Haber, había. De hecho los griegos que inventaron tantas cosas, también estaban metidos en el tema del deporte. Lo que pasa es que como no había internet tampoco (tan listos para unas cosas y para otras…) pues no estaban recogidos los récords de aquella época. Pero ya me imagino 300 metros en salto de longitud. 40 metros en salto de altura. Lanzamiento de martillo (11 mil y pico kilómetros), de Atenas a Buenos Aires… Y como Argentina todavía no estaba inventada, pues se perdían los martillos. Y los discos… pero esa es otra historia.

Lesionado de gravedad

Otra cosa que se ahorraban los atletas de aquella época. Al no haberse inventado, no había lesionados de gravedad. Aquello era una lesión de nada o te morías. No había término medio. No existían aquellas lesiones de rotura del ligamento cruzado anterior semitendinoso. Golpe de nada y anda tira que no ha sido ná o hay que amputar las dos piernas y sacrificar al atleta.

¿No había fútbol?

Otra desventaja (¿?) es que no había fútbol. La pelota estaba siempre en el aire (como en los tiempos de Javier Clemente, ¡patapúm parriba!). Los domingos por la tarde no ponían nada en la televisión. Ni había Carrusel Deportivo, ni te contaban que había atasco en la A3, en la C14 (¡agua!) o en cualquier sitio. Que seguramente habría retenciones, pero carecían de importancia o gravedad. Y es que los romanos eran la leche haciendo carreteras.

Podías dormir a la sombra de los pinos

Tumbado a la bartola tranquilamente sabiendo que no te va a caer una piña, o una manzana como al señor Newton. Que también es mala suerte estar debajo de un pino y que te caiga una manzana. Otro que muy listo para algunas cosas y para otras… El caso es antes de que se inventara al señor Newton las cosas no se caían. Ni las personas tampoco. Ibas con total tranquilidad y las caderas estaban a salvo. Ya me imagino a los señores y señoras de aquella época perreando con la seguridad de que la gravedad no les iba a afectar.

Ni marea, ni mareo

La ventaja de poder ir a la playa y poner la sombrilla donde quieras sin preocuparte de que en un rato la marea se va a llevar la nevera con los filetes rusos y las cervezas. No había gravedad y la tierra no se movía. El sol sí, pero despacito. Y la luna, y las estrellas. Pero nosotros no. Porque en aquella época todo era mucho más tranquilo.

Pesas que no pesan

Ponerte “to mazao” no era fácil en esos tiempos. Ya podías coger pesas de 100 kilos que nada. Las levantabas sin esfuerzo. ¿Flexiones? En aquella época Jordi Hurtado se hacía 2000 todos los días. Sin que se le cayeran las gafas ni nada. Al no haber gravedad…

¡Qué tiempos aquellos!

Siempre tendemos a idealizar la cosas de antes. Que si los tomates estaban más ricos (aquí la gravedad no tiene mucha relación), que si había más educación (tampoco), o que la música era mucho mejor. De eso ya os hablaré otro día… Que había cada cancioncita, como por ejemplo…

Mejor no. Bueno, espero que sigáis todos bien, dentro de la gravedad. Hasta la próxima semana.



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