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Porque yo lo valgo... y tú no

El otro día (medida de tiempo que va desde ayer, a cualquier día de hace 25 años) mi hermana publicaba en Facebook lo siguiente:


Para los que no seáis de Madrid, y por aclarar. Chamartín es una estación de tren. Las señoras de la historia no sabemos si son de Madrid. Tampoco sabemos si terminaron a golpes, si se sentó una encima de la otra, de qué marca eran los bolsos… Lo que casi es seguro es que la señora B, la que pidió que la señora A retirara el bolso, es de la tribu de los “porque yo lo valgo”. De estas personas que no se les pone nada por delante, y se quedan más “agustito” que Ortega Cano con un par de “yintonics”.


Y todo esto es para contarte algunos ejemplos de señores y señoras L’Oreal, o “porqueyolovalgo”.



No tienes prisa ¿verdad?

Estás esperando tu turno en el mercado o en la cola del supermercado para pagar y se acerca, normalmente, alguien mayor, señora o señor con una amplia sonrisa y con total tranquilidad se te pone delante diciendo: “Tú no tienes prisa ¿Verdad?” Y claro que tienes prisa, pero te lo dicen con tanta naturalidad que no sabes qué hacer... y no haces nada.   


No, si yo sólo voy a preguntar una cosa

Todos estamos en fila esperando y siempre aparece el espécimen que sólo va a preguntar una cosa. Y normalmente esa cosita que en principio no era de mucha importancia se convierte en más de 10 minutos. Siempre. El resto de gente también vamos a preguntar una cosa, pero no sabemos por qué, dejamos pasar al “preguntaor” profesional. Por ejemplo estás en la cola del cine y la pregunta es. “¿Me puedes dar dos entradas para la sesión de las 5 de Supermán contra Batman que sean centraditas y no demasiado atrás”. Si es el banco seria “Que yo venía a que me informaran sobre las hipotecas y si me pueden dar una que estoy pensando en comprarme una casa y me faltan 500.000 euros”. Si es en el mercado, la pregunta sería “Las merluzas son frescas verdad y ponme una que no sea muy pequeña ni muy grande que viene gente a comer a casa y la voy a poner rellena”. Y ahí estás tú, y se te ha puesto cara de merluza también.


Carril del morro

Hay un carril especial para los que tienen la cara más dura que los cristales de un banco. Que da igual que haya un atasco de un kilómetro o que lleves 20 minutos para poder incorporarte a un carril o entrar en él. Llegará un listo que nadie sabe de dónde ha salido para ponerse por delante. Y sufrirá todo tipo de improperios (que es lo que viene siendo insultos) y gesticulaciones y tocada de pitos y en muchas ocasiones tocada de huevos. Pero ahí le tienes, impertérrito (actitud propia de los “porque yo lo valgo”, que consiste en que le dé igual lo que los otros piensen, digan o hagan contra él. Un impertérrito es alguien muy resbaladizo, y que tiende a que se la pele todo en general).

 

Aparcaré en la misma puerta

Es uno de los mandamientos de esta tribu. Da igual que sea un colegio, una tienda, un estadio de fútbol, donde sea. Ellos dejan el coche ahí mismo, donde se les planta. Y puede que sea en doble fila, o triple, o en las plazas de minusválidos, porque ellos tienen más prisa que nadie y su tiempo es oro, plata y bronce y todo lo que se te ocurra. Y tú puedes esperar si su coche bloquea el tuyo. “Cómo te pones por un minuto que has tenido que esperar!” dirá con todo su morro.


Espatarraos sin fronteras

La gente normal necesita un asiento. Uno. Solamente uno. Pues estos señores y señoras necesitan por lo menos dos. Y no es que sean más grandes que el resto del mundo. Es que los cojones no les caben en un solo asiento. Y da igual que tengan a una mujer embarazada con dos maletas, muletas, de pie en el metro, por poner un ejemplo. Ellos no se darán por “aturdidos”. Les da igual. Los cojonazos deben afectar al resto de sentidos. Incluso al sentido común.


¿Quién me va a prohibir a mí?

Las reglas aplican al resto de la población. Al resto únicamente. Son los fuera de la ley. Que se prohíbe fumar, pues ellos fuman porque la ley es para los demás. Que en el restaurante pone que hay que esperar a ser atendidos y que les den una mesa, ellos toman la mesa, las sillas, y todo lo que esté a su alrededor. Son los que ponían carteles en los carteles de prohibido fijar carteles J


Mantengan apagados sus móviles

Al principio era que apagaran sus móviles. Ahora ya te dejan ponerlo en modo avión y al final terminarán dejándonos tener el teléfono, hablar, jugar, mirar nuestras redes sociales y hasta que llamemos al piloto para que nos deje un poquito más cerca de casa que el aeropuerto está muy retirado. Y los hay que están hablando antes, durante y después de aterrizar. Y suelen tener el tono de llamada más desagradable del mundo.


¿Pagas tú? Vale

Estos señores siempre tienen excusa para no pagar. Se les perdió la cartera (hace 10 años). No llevan suelto… ni agarrado. La próxima vez ya pagarán ellos. Han estado un poco lentos a la hora de sacar el dinero del bolsillo, se le comió el perro el billete de 20 euros… Busca la excusa que quieras. A veces ni siquiera ponen excusa, es que no pagan y ya está.


¿Un cigarrito?

“Es que estoy dejando de fumar. ¿Me das un cigarrito”? Y el tío no es que esté dejando de fumar, lo que está es dejando de comprar. Es el que sólo fuma en ocasiones especiales…. Cuando le dan tabaco. Y si por casualidad él tuviera tabaco, sacará los cigarrillos ya encendidos del bolsillo para no dar ocasión a ofrecer al resto de la humanidad.


¿Quién se anima a coger la última?

Estos siempre se animan. Imagínate que queda una croqueta, o una aceituna, o un chuletón de buey, pues siempre son los mismos los que lo cogen. Y la culpa es del resto, que nos da vergüenza. Ellos ninguna. Y te miran como si no pasara nada… y claro que pasa. ¡Se han comido la última! Y si por casualidad, pidieras otra ronda de lo que fuere o fuese, también lo harían.


Cruzan la calle como si fuera suya

¿Te acuerdas en las películas del Oeste cuando se retaban a muerte junto al salooooon? (Nunca supe cuántas oes u “oses” llevaba la palabra). Pues estos señores cruzan los pasos de cebra y miran a los conductores de los coches como si les estuvieran retando. A veces también recuerdan a un torero haciendo el paseíllo. Y cruzan la calle a cámara lenta, sabiendo que el resto del mundo está esperando por ellos. Y te dan ganas de atropellarlos, y dar marcha atrás para que no sufra.


Creo que ya te has hecho una idea de quién estamos hablando. Y no hay uno sólo, hay muchos, y cada vez hay más. Y en el fondo les coges cariño… pero muy en el fondo.





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