martes, 25 de noviembre de 2014

Nicolás y yo. Nicolás es pequeño, peludo, suave...

No os lo vais a creer, pero me ha llegado una carta de Francisco Nicolás Gómez Iglesias. Una carta de las de verdad. De las que llevan sello y un señor cartero la mete en el buzón. El buzón es eso que se abre con la llave pequeña… Ese sitio en el que siempre hay folletos con comida china y pizza (folletos también, no pienses que te entregan la comida allí), extractos del banco, publicidad y alguna factura de Doña María del Carmen Rodríguez González (siempre se equivocan y lo meten en mi buzón). 


Es probable que no sepáis quién es el tal Francisco Nicolás, pero sólo si no vivís en España o sois de otro planeta. En caso de que alguno leáis el blog desde otro país o planeta, en este link podéis saber algo más de él. ¿Qué por qué recibo una carta suya? Pues aquí viene la parte misteriosa.

Me pone en conocimiento (sí, es un poco redicho el jovenzuelo) que en el caso de que escribiera en el blog Un Cigarrito y a la Cama sobre él, se verá en la obligación (como si no tuviera más remedio) de llevarme ante los tribunales por vulneración de su derecho al honor e intimidad y propia imagen. A continuación indica los artículos de una ley orgánica con su introducción, capítulos, disposiciones derogatorias y demás cosas que tienen las leyes orgánicas que no os adjunto porque son muy aburridas y no os quiero hacer perder el tiempo. Como no entendí nada de lo que ponía, llamé al teléfono que tenía en el membrete (que no es un miembro pequeño, sino la información impresa en el papel de la carta). 


¿Queréis que os cuente cómo ha ido la conversación? Pues vamos allá.

Como os iba contando, llamé al teléfono y saltó un contestador. “Si eres el Rey Juan Carlos I marca 1, si eres el rey Felipe VI marca el 2, si queréis invitarme a una coronación, marca el 3, si quieres que te consiga una reunión con alguien importante marca el 4, si eres del CNI, marca el número privado, si llamas por la carta sobre mi derecho al honor, marca el 5”.

Marqué el 5 y comenzó a sonar una canción que me resultaba familiar. Pero de esos familiares que no quieres ver. Cuando ya estaba a punto de colgar (o colgarme, con la jodía canción), al otro lado del teléfono escuché la voz del joven Francisco Nicolás. 

Melodía del teléfono de Francisco Nicolás

Muy educadamente le pregunté el motivo de su carta.

YO: ¡Tú! ¡Carajaula! ¿Qué es eso de que me vas a llevar ante los tribunales si escribo sobre ti? ¿Quién eres tú para prohibirme nada? ¿Y cómo has conseguido mi dirección?

ÉL: Perdón, puedo saber su nombre para dirigirme a usted.

YO: ¡Mira pringao! (cuando estoy enfadado me sale el barrio que llevo dentro). No me cabrees con la técnica de las operadoras telefónicas y estés 10 minutos llamándome Don José Javier, porque eso sí que no.

ÉL: Por favor, cálmese, Don José Javier.

YO: Te he preguntado que cómo tienes mi dirección.

ÉL: Tengo todos sus datos. En mi condición de espía, no puedo revelarle cómo, cuento con los datos de todos y cada uno de los ciudadanos europeos. Si quisiera, también podría conseguir, con una sola llamada, el contacto de cualquier individuo en el mundo.  

YO: No me jodas. Lo tuyo es de traca, chaval. El pequeño Nicolás ¿Espía?

ÉL: Le agradecería que no me tuteara y no me llamara pequeño Nicolás. Mi nombre en clave es Colás, Ni Colás.

YO (escapándoseme una carcajada): Lo que tú digas. Y ahora me explicas, perdón, me explicaría, qué es eso de llevarme a los tribunales, el derecho al honor y todas esas chorradas que has cosas que hay escritas en la carta.

ÉL: Desde el Centro, he dado orden a mis secretarias de hacer llegar una carta a todos los periodistas, escritores y a los que tienen un blog (noto un cierto desdén en su voz al decir blog) que han escrito o van a escribir sobre mí. Como medida cautelar y en prueba de mi buena voluntad, sólo estoy advirtiendo de lo que puede pasar si vulneran mi honor.

YO: Vienes, viene… Mira, no me sale llamarte de usted. ¿Me escribes para decir que no puedo hablar de ti? ¿Tú quién te crees que eres?

ÉL: No es cuestión de quién me crea yo. Tengo contactos y podría, con una sola llamada, hacer que desaparezca de la faz de la tierra. Estoy más que harto de ser el ping-pong de todo el mundo.

YO: Muchas cosas haces tú con una sola llamada. Y querrás decir el pim-pam-pum. Pero macho, es que se lo estás poniendo a huevo a todo el mundo con las cosas que dices.

ÉL: Jamás he dicho una mentira. No entiendo esta campaña mediática en mi contra.

YO: ¿Quieres decir que de verdad piensas que eres espía?

ÉL: No me lo creo. Soy miembro del CNI. Cuento con el apoyo de la Corona… Bueno, Doña Letizia me mira con recelo, pero Su Majestad Don Juan Carlos y Don Felipe me tratan como a un hijo, y hermano respectivamente. Una vez tomé la merienda con las infantas y me he quedado un par de noches cuidando de la mayor cuando sus padres han tenido que asistir a algún evento.

YO: ¿Te han dejado sólo con Leonor?

ÉL: Con Leonor no, con la infanta Elena. Leonor es la actual Princesa de Asturias. ¿De verdad es usted español?

YO: ¡Perdón! (tratando de aguantar la risa). Tienes razón. Entonces, ¿es verdad que conoces a toda la familia?  

ÉL: Claro, ¿Quiere que le mande una foto mía con toda la familia Real? Claro está, si no la utiliza con fines espurios. Pipe… perdón Don Felipe, la va a utilizar en el Christmas de este año.

YO: Deja, no es necesario. No quiero que tengas problemas con Pipe.

ÉL: Cree que no digo la verdad. Se está riendo de mí.

YO: Ni mucho menos. Claro que te creo. Cuéntame cómo es Aznar.

ÉL: Al principio nos llevábamos muy bien. Ibamos al gym y yo le sujetaba las piernas mientras hacía abdominales, pero luego se le subió a la cabeza el tema de los musculitos… Ana es mucho más maja. Es ideal. Me prepara unos Cola-Caos fresquitos que quitan el sentido, sin grumos ni nada, que no sé cómo lo consigue. Siempre estoy de servicio y no puedo tomar alcohol. Estudiamos inglés en su casa. Tenemos el mismo profesor particular, aunque yo hablo mejor.

YO: ¿Hablas inglés? He leído que no se te dan muy bien los estudios.

ÉL: Claro que hablo inglés. Y francés, y portugués. El alemán lo tengo un poco olvidado, pero tendré que ponerme al día para hablar con Angela en las reuniones.

YO: Merkel, claro.

ÉL: Sí. Perdón. ¿Le puedo tutear?

YO: Por favor.

ÉL: Angela está por mí. Le gusto. Me lo ha dicho. Bueno, en alemán. Se dice Ich liebe dich. Pero yo estoy enamorado de Isabel.

YO: ¿Pantoja?

ÉL: ¿Se está usted riendo de mí? Mire que cuelgo inmediatamente. Tengo un acto con Cristiano Ronaldo y Messi y ya voy tarde.

YO: No, no. Perdón, no sé a qué Isabel te refieres.

ÉL: Puede que la conozcas por el apodo que se ha publicado en la prensa. La Pechotes. Odio que mancillen su nombre de esa manera.

Colás (El pequeño Nicolás) con Isabel (La Pechotes)

YO: He visto fotos de la chica. Una joven muy guapa. Pero, ¿Es tu novia?

ÉL: Ya me gustaría. No es mi novia. Hay gente que dice que soy un Compramirindas.

YO: Será Pagafantas… Con el debido respeto.

ÉL: (Riendo) Claro, es que no estoy al tanto del lenguaje de los jóvenes. Como te iba diciendo. Somos medio novios. Yo quiero, pero ella no está por la labor. Le gustan los chicos más fornidos. Nada que no pueda solucionar ejercitándome en el gimnasio del Centro.

YO: Pero ahora, con lo popular que eres, no tendrás problema con las chicas.

ÉL: No crea. Las chicas se asustan de mi inteligencia. Cuando les cuento cosas sobre mi trabajo, las que me permite el secreto profesional, noto en su mirada cierto aire de incredulidad.

YO: Ahora que sales en la tele, va a ser más fácil.

ÉL: Es algo secundario. Ahora debo centrarme en la misión de volver a poner a España en el lugar que merece y evitar que las hordas comunistas lleguen al poder y rompan España y… (suena un teléfono). Perdón, suena la línea secreta… Sí, sí, claro. En un momento estoy allí.  

YO: ¿Te encomiendan una nueva misión?

ÉL: Esto… sí, claro… (Rompe a llorar). Era mi madre. Hay unos señores del CNI en casa preguntando por mí.

YO: No te preocupes. Seguro que no es nada y que sólo quieren que les informes del estado de la misión.

ÉL: ¡Claro! Es eso. Y por cierto. Gracias por escucharme. Si quieres escribir sobre mí, tienes mi beneplácito. Eres una buena persona. Siento dejarte, pero tengo que informar a mis superiores.

Y ésta, amiguitos, es la conversación que mantuve con uno de los personajes más buscados en España… ¡Perdón! Un momento que me suena el teléfono…

¡Qué raro! Era un señor que preguntaba por Nicolás. Dice que lo siente mucho, que se ha equivocado y que no volverá a ocurrir.



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