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Nicolás y yo. Nicolás es pequeño, peludo, suave...

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No os lo vais a creer, pero me ha llegado una carta de Francisco Nicolás Gómez Iglesias. Una carta de las de verdad. De las que llevan sello y un señor cartero la mete en el buzón. El buzón es eso que se abre con la llave pequeña… Ese sitio en el que siempre hay folletos con comida china y pizza (folletos también, no pienses que te entregan la comida allí), extractos del banco, publicidad y alguna factura de Doña María del Carmen Rodríguez González (siempre se equivocan y lo meten en mi buzón). 

Es probable que no sepáis quién es el tal Francisco Nicolás, pero sólo si no vivís en España o sois de otro planeta. En caso de que alguno leáis el blog desde otro país o planeta, en este link podéis saber algo más de él. ¿Qué por qué recibo una carta suya? Pues aquí viene la parte misteriosa.
Me pone en conocimiento (sí, es un poco redicho el jovenzuelo) que en el caso de que escribiera en el blog Un Cigarrito y a la Cama sobre él, se verá en la obligación (como si no tuviera más remedio) de l…

No hay peros que valgan… o sí

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¿Os habéis fijado en la palabra pero? Seguro que no demasiado. Es una palabra corta, con dos vocales y dos consonantes. Si cambiamos las vocales, podemos formar muchísimas palabras.  (Ya os estoy viendo: para, paro, piro, puro, poro, pera y así hasta… un huevo…), y ya no sería la misma palabra. Si ya cambiamos las consonantes es otra cosa. No me toques las consonantes que me conozco.


A pesar de ser una de las palabras más utilizadas, no está bien vista. De hecho, fijaos en el título. No hay peros que valgan. ¿Cómo que no valen los peros? Sirven para un montón de cosas, incluso es una palabra que anula todo lo que vaya antes que ella.
Es una persona buena, honrada, amigo de sus amigos, pero….
Pues bien, el jodío pero ya ha anulado lo anterior. Sí, es una persona buena, pero, no sé yo… Tiene sus cosas. Es honrado pero a veces no se nota… y no será tan amigo de sus amigos cuando hay un pero… Hay gente que dice que todo lo que va detrás de la palabra pero, no cuenta. ¡Qué palabra tan cabro…