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Lo mío es peor y no digo nada

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¿Os acordáis de cuándo éramos pequeños y cualquier herida, por pequeña que fuera, era la peor de todos los tiempos? Daba igual que fuera una rozadura en la rodilla. Que tu amigo se hubiera caído desde un quinto piso y se hubiera roto las piernas o los brazos… ¿Cómo vas a comparar? Lo de la rodilla es mucho peor.

Pues de mayores seguimos haciendo lo mismo. No hay peor dolor que el tuyo. De pequeños enseñábamos la rodilla. ¡O mejor! Un dedo. Y si llevaba una tirita, mucho mejor. Así podías ir mostrando el dedo a todo el mundo para que supieran que estabas sufriendo. Que tu dolor era el más doloroso. Y aunque no sabías expresarte, ahí tenías el socorrido “Mía, pupa”. Que no sólo significaba mira que herida tengo. Con esas dos palabras queríamos expresar todo nuestro dolor y solicitar atención. Pues ahora, seguimos poniéndonos tiritas… y eso que sabemos expresarnos.  

Ahora es la parte en la que desarrollo mi teoría. Que por supuesto es mucho peor que la tuya. ¡Dónde va a parar!

El tiempo que perdemos perdiendo el tiempo

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No sé vosotros, pero yo tengo la sensación de que el tiempo es más corto. Que nos están quitando minutos a las horas, y horas a los días, y días a los meses. Como decía mi abuela, cuando terminas las vacaciones de Navidad, ya estás con las de Semana Santa, y luego el verano y cuando te quieres dar cuenta otra vez en Navidad.


O por ejemplo, yo tengo la sensación de que voté en las elecciones generales hace poco, ¿Ahora otra vez hablando de organizar otras? El tiempo vuela. Y no está la cosa como para perder el tiempo. Y es que si echamos cuentas del tiempo que hemos perdido perdiendo el tiempo, me salen dos horas al día. Multiplicadas por 30 días te sale 60 horas al mes. Si contamos todo el año nos salen… Muchas horas. Pero suficientes como para hacer cosas de provecho mientras tanto.

Y como no quiero hacerte perder demasiado el tiempo, te hago un resumen de esos momentos perdidos.