miércoles, 26 de septiembre de 2012

Todo lo que te daba igual saber, pero te lo cuentan en las películas

¡Qué bonito es el séptimo arte! (empezamos con los tópicos). La de cosas que nos ha enseñado, y sobre todo el cine americano… Cuando digo americano me refiero al estadounidense.  Sí, ese que ahora hace “rimeiks” y segundas y terceras partes de todo lo que se ha hecho hace… ¿Un año? ¿Recordáis alguna película reciente de USA por la que merezca la pena ir al cine?
Pues bien, aunque me queje de los americanos y sea uno de esos “perros verdes” que piensa que el cine que se hace en otros sitios es por lo menos igual, cuando no mejor que el estadounidense, les debemos muchas cosas.  Pasamos a enumerar algunas de ellas.
Sabemos que fuck vale para todo
Mira que es rico el español en el tema de insultos y maldiciones, pues los americanos tan organizados ellos, con poner un the fuck, fuck o fucking delante de cada palabra ya lo tienen solucionado.  “Get the fuck out of here!” (que viene a ser algo así como: ¿Por favor, te importaría irte?) “You fucking idiot! (que significa: “este chico es un poco atolondrado”).  Una buena película americana tiene que tener a un señor gritando Fuck, fucking, the fuck y otras variantes a la vez que se les escapan varios pollos.  ¡Qué carácter tienen!
No te hace falta ir a Nueva York para conocer la ciudad
Hay gente que no ha ido nunca a Nueva York, pero sabría nombrarte infinitud de calles (fácil por otra parte, si sabemos contar del 1 hasta el 100… no se complican demasiado los americanos con estas cosas), o de lugares comunes de la capital del mundo. La estatua de la Libertad, Tiffany, Central Park, la Quinta Avenida, el Empire State, el Louvre…(vale, no se me ocurría ninguna más).
La misma respuesta para distintas preguntas: ¿Dónde viven los superhéroes? ¿Dónde suceden todos los desastres naturales? ¿Qué ciudad es la primera que invaden los extraterrestres? Pues eso.
Hay dos clases de polis pero todos comen donuts
El poli bueno y el poli malo (y el poli Bic). No hay más tipos de policías, pero todos comen donuts que se compran en cajas, manejan los palillos chinos mejor que Bruce Lee, beben cerveza en el mismo garito que el resto de policías (si el malo encuentra el garito, se quedan sin polis en todo Estados Unidos), toman café, van en pareja y uno de ellos ha sido alcohólico, fuma y le ha dejado su mujer.  A veces, la poli es una mujer, pero no me voy a meter en más jardines.  
Hablando por teléfono
En todas las pelis al contestar por teléfono, siempre dicen el apellido y no miran el móvil o el fijo (que siempre suena a horas intempestivas y aparece un matrimonio en la cama).  ¿No tienen identificador de llamada?  Y jamás se despiden. Como se nota que no hablan con una madre española. Dentro ejemplo. “Si mamá, ya he cenado… Fruta y un yogur.  Que sí, que me cuido bien… Vaaaale.  Sííííí…. Hasta luego..  Sí, los niños bien.  Te tengo que dejar.  Nooooo, no me pasa nada…, adiós… un beso”. En las pelis americanas se citan por teléfono y son conversaciones muy cortas. “Te espero en la 54 con la 33 a las 22.” y cuelgan.  Yo no llegaría nunca a la cita. Iría a la calle 22 y allí esperaría hasta las 33:54. Y además, todos los teléfonos empiezan por 55555.
Música
Como os comentaba antes, los americanos son muy organizados. Tienen música para todas las situaciones: el primer beso, para quitarse la ropa, al caer en la cama… al despertarse (no hay música para el momento “chingue” porque eso no sale en la peli… ¡estrechos!).  También hay banda sonora especial para la aparición del malo, para asesinar, para las luchas con espadas, para las victorias bélicas.  Yo creo que lo hacen para ir dando pistas al actor y sepa qué cara poner y cómo actuar dependiendo de la música.
En USA no hay problemas de aparcamiento
Da igual en la ciudad en que se ruede la película. Puede ser Nueva York o el pueblo más perdido de “Güiscounsin”, que los protagonistas aparcarán en la jodida maldita puerta (así lo dirían en la película).  Vas a robar un banco, y lo aparcas enfrente.  Vas a recoger a los niños y Peggy Ann o Mary Joe (las de las películas del oeste siempre se llaman así), dejarán su carromato en la puerta de la escuela.  Has quedado en la Estatua de la Libertad y justo debajo tienen el coche (aquí igual me estoy pasando un poco). Además, el coche se dejará con las llaves puestas (total, allí no hay robos, ni violencia).
Teclea y “jaquear”
¿No os habéis visto en cualquier película en la que salgan ordenadores a un tipo aporreando las teclas a toda leche?  Pues está entrando en el servidor de correo del FBI, o de la NASA… Tan listos para unas cosas y luego cualquiera les roba los datos del ordenador. Antes de que existiera Google, también encontraban a cualquier persona.  “Búscame los datos de Joe Brown” y a los cinco minutos tienen hasta el número de serie de los empastes del tal Joe.  ¿Os imagináis en una peli española buscando a José Fernández?  Al décimo día dan con Pepe Pérez y lo meten en la cárcel por equivocación.
Me van a matar pero soy un cachondo
En toda película de acción, el prota llega a una situación en la que su vida corre peligro. ¿Creéis que tiene miedo?  ¡Nunca! Ya puede estar con el agua al cuello, con una batería de coche enchufada en el huevo izquierdo, y ahí estará soltando alguna coña.  Toda la culpa es del malo que no le mata como dios manda.  En vez de estar enganchándole el huevo izquierdo y amarrándole, mátalo de una vez y se acaba la peli… ¡Jodé, ya! Pues no, le tienen que contar su plan y el bueno se les escapa.
Más ejemplos de cosas que no sabías
Para no liarnos más, porque al final esto se nos va de las manos, os voy a decir otras cosas que hemos aprendido con el cine americano
  • Las cadenas de TV y radio no tienen nombres normales, todos son números y letras CBS, CNN, HBO, KH7 (calla, que eso es otra cosa)
  • Da igual que los personajes sean alemanes en la 2ª Guerra Mundial, Sioux luchando con Apaches, todos saben inglés 
  • Los malos fuman y van sin afeitar
  • Suena un teléfono en una cabina y la llamada es para el protagonista
  • Al encender la radio o la tele estarán hablando de lo que pasa en la película
  • El asesino siempre será el rarito (no popular) del instituto
  • No hay más deportes que el béisbol, hockey o el rugby con hombreras (me niego a llamarlo fútbol americano)
  • Los caballos de los indios son de la misma familia que la vaca de Milka
  • Los coches se quedarán sin batería únicamente en los momentos de mayor peligro (pasos a nivel, encuentros con monstruos, alienígenas y otras hierbas)
  • En las playas de California todas están buenas

  • Los americanos no se quitan los zapatos para poner los pies encima de la cama o del sofá (no tienen una madre que les haya metido una colleja como es debido)
  • Las americanas se levantan de la cama con las sábanas enroscadas para ir a la ducha o con la camisa del hombre (¿No hay “pijamerías”?)
  • En las pelis de terror, la rubia se cae una media de dos veces cada 5 segundos antes de ser asesinada
  • Los malos van a una academia especial para aprender a disparar (debe ser un cursillo muy barato)
  • Durante las discusiones, todos guardan turno de palabra, no se interrumpen (prueba a hacerlo en un país latino)
  • Los anuncios de Benetton se basaron en la composición de los jurados de las pelis americanas
  • Todos los jueces son calvos
  • Si lleva gabardina es gánster o detective (alguno de los dos personajes debería cambiarse de indumentaria)
  • Los abogados son más listos que el hambre
Y muchas cosas más imprescindibles que gracias al cine americano hemos aprendido. 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

¿Me gusta el fútbol?



No es que se me haya olvidado quitar las interrogaciones.  Estoy seguro de que me gusta este deporte, de hecho, alguno/a piensa que demasiado.  Lo que me pregunto es si me gusta todo lo que rodea al fútbol.  Ya hay gente que cobra y se dedica a escribir sobre el deporte rey (¡Toma tópico!). Algunos periodistas deportivos (muy poquitos), incluso saben escribir.

Como dicen los jugadores argentinos, al terminar los partidos (y repartir más cera que una procesión de Semana Santa), “lo que pasa en la cancha se queda en la cancha”. Por eso, no voy a hablar de fútbol propiamente dicho, sino sobre los que van al estadio a ver los partidos y para no perder las buenas costumbres vamos a diseccionar a algunos de ellos.  Sin colores ni equipos.  En todas partes cuecen habas.

El hincha que te las hincha
La palabra que mejor les define es energúmenos.  Dícese de aquellos a los que realmente no les gusta el fútbol.  Podrías verle en cualquier sitio en el que hay mucha gente.  Gritan por todo, protestan hasta el saque inicial, el árbitro es el señor con dos apellidos (para cagarte en su padre y en su madre) al que hay que discutir cualquier decisión que no favorezca a su equipo (gol desde el área contraria y pedirá fuera de juego). El equipo y jugadores rivales serán insultados por definición independientemente de lo que hagan o cómo se comporten durante el partido.

Antis
Es un conjunto de hinchas. Ahora ya entiendo lo que nos explicaban en el cole como conjunto vacío.  Lo único que tienen en la cabeza es pelo (ahora ya no van rapados), pero ideas, pocas y malas. Algunos, se dedican a animar a su equipo, pero la mayoría de las veces es para dedicar cánticos contra el eterno rival. Da igual que su equipo (pongamos que es el Escalerilla de Arriba), juegue contra el Unión Deportivo, ellos se dedicarán la mayor parte de los 90 minutos a meterse con el Escalerilla de Abajo y con sus jugadores, y con sus madres, padres, novias/os… y así “sustantivamente”.

Aquí vemos a un ejemplo de un ultra radical

¡Penalti!
Da igual si el partido aún no ha empezado, él pedirá penalti.  Es el mismo que salta cuando el balón no ha entrado y grita ¡Goooooool! (eso sí, 2 o 3 segundos más tarde, se dará cuenta de su error).  Es el que pide fuera de juego en el calentamiento de los jugadores, el que pide al entrenador que saque al jugador que hace 10 años se retiró. Es el “empanao” de toda la vida en un campo de fútbol.

¡Qué partido me está dando!
Es el típico cansino que sin tener idea de fútbol no para de hablar.  Suele ir sólo.  En su casa le mandan al fútbol para tener un par de horas de relax.  No suele sentarse en el mismo sitio, porque el resto de aficionados le mandan a tomar por… Sabe más que el resto de los aficionados, que el entrenador y él si sería capaz de meter el gol que cualquier crack ha fallado.


Fuente: Marca (como no podía ser de otra manera)

Borrachos como orugas
Hace años había una canción de un grupo de melenudos llamado Obús en el que la letra decía que iban borrachos como cubas, pero yo siempre entendí que nombraban a las orugas.  Al lío que me disperso…  ¿Quién no ha visto un partido alguna vez con un borracho cerca?  Depende del pedo que lleve le puede dar por la violencia, o por cualquier otra cosa.  Podría cantar las canciones típicas del equipo local… o del visitante (todas mal y a destiempo), animar al equipo contrario, dar instrucciones a los jugadores (sin sentido e ininteligibles por otra parte) y quedarse dormido (todo por ese orden).

El guiri
¿Os sabéis las reglas del beisbol?  Pues el tipo que os describo, tampoco se sabe las del fútbol. Quiere integrarse y a la vez pasar desapercibido o al menos no llamar demasiado la atención, no hablar demasiado, pero amigo, ¿Cómo vas a ser del Escalerilla de Arriba si mides dos metros, fuerte y rubio como la cerveza y llevas esas sandalias con calcetines?  ¿O llevas una cámara con teleobjetivo profesional y los ojitos cerrados?  Aunque llevemos la misma camiseta, usted no es de aquí.

La parienta/El pariente.
¿Habéis visto como una letra cambia totalmente el significado de la palabra?  Parienta no hay más que una… parientes hay a porrillos. En cualquier caso, esta subespecie es el que tiene cara de yosólopasabaporaquí, pero a mí el fútbol, me la pela.  Mira a todas partes menos al campo. Se entretiene mirando a cualquier otro lado y esos 90 minutos sí que son molto longos.

El nuevo
Es la primera vez que entra a un estadio.  Les gusta el fútbol, pero nunca habían visto un partido en directo.  Le gusta todo, dice frases como: “Pues el campo es más grande/pequeño de lo que parecía en la tele”. “¡Que verde es el césped!”  Si marcan un gol, espera impaciente la repetición, y todo, todo, todo lo pregunta.  Menos mal que sólo se es nuevo una vez, a la siguiente ya nada será igual.

Tiernos infantes
Es la especie que más me gusta. Algunos se saben las canciones de su equipo e incluso en ocasiones (estoy hablando de menores de 4 años), saben cuál es su equipo.  Llegan preparados con toda la equipación, hasta el chupete con los colores del equipo.  Una vez mi sobrino fue al estadio, pensando que era él el que iba a jugar.  Cuando vió que se hacía de noche y no le sacaban dijo “Y yo, me he he vestido así y no juego…”  Criatura, ahora entiendo que se haya cambiado de equipo.  ¡Eso no se hace!

Lo sabía, lo sabía
Todo lo sabían. Lo repiten todo miiiiil veces. Nos van a marcar, lo estoy viendo, y así durante 90 minutos. Si no meten gol a su equipo, no pasa nada, pero como les marquen, te dirán: “¿Ves? Ya te lo decía yo”. 

El triste
No me refiero a ningún jugador en especial.  Es un tío de mediana edad, con la camiseta del equipo, su bufanda, el chándal… En mi opinión, si tienes más de 10 años y llevas la camiseta de tu equipo para ir a comprar el pan, eres un sopla.

Por si no sabíais de que equipo soy (algunos que os da igual el fútbol, tampoco lo vais a saber), aquí os dejo una foto de la última vez que me puse una camiseta de mi equipo.

Nota del editor: Antes de que lo digáis vosotros, lo digo yo.  Los pantalones cortos, eran así de cortos, yo creé la moda antes de que Hugo Sánchez llegara a España.  Y sí, de pequeño era mucho más guapo que ahora.  Y no, la camiseta no era la auténtica, en aquella época lo único oficial eran los militares.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Hotel dulce Hotel



Antes de ir de vacaciones miro y remiro para elegir el hotel en el que voy a alojarme.  Busco en diferentes webs, veo las fotos de las habitaciones, de la piscina, de la terraza (por si me da algún día por hacer balconing), miro los mapas de situación, las medidas de la cama, las críticas de otras personas que ya se han alojado allí, a qué distancia está del aeropuerto, si hay restaurantes cerca, cómo se llaman los recepcionistas… (igual ahí estoy exagerando).

Si voy a estar 3 o 4 días en un sitio, me gusta informarme del hotel y preparo las vacaciones lo mejor que puedo. Hago mil planes, rutas por la ciudad o la zona (para al final no cumplirlo casi nunca), pero por mucho que te informes, hay cosas que siempre, siempre, se te escapan.

¿Qué habitación me darán?
Tienen tanta variedad que te haces un lío.  Cada hotel tiene una forma de llamar las distintas alcobas (qué me gusta esta palabra).  Eso, cuando no les dan nombres guays, nombres de escritores, de ciudades, países, colores, de personajes de Walt Disney… Otras veces los nombres son un poco más corrientes: Estándar, Doble, con vista al mar, con vista al jardín, con vista cansada, suite, junior suite, Matias Prats Junior…

¿Quiere parking? Son 10.000 euros
Si has alquilado coche o llevas el tuyo, prepárate para pagar el parking como es debido. Mira que lees sobre los precios, pero no siempre te avisan de que tienes que comprar 10 plazas de garaje... o al menos pagar como si las hubieras comprado.  No hay parking barato, incluso si lo dejas a tomar por saco, o en un parking “amigo”, te sale más barato vender el coche.  En el caso de Estados Unidos es aún peor, te lo aparca un señor de 2 X 2 que no va incluido en el precio del parking.  También tienes que aflojar la mosca. Y además, que yo soy de Carabanchel, y no me fío que un tío al que acabo de conocer, se lleve el coche.

La llave del hotel
Ya hace mucho que no te dan esas llaves que parecían las de la puerta de la Catedral de Santiago, con unos llaveros superfashion que no cabían ni en la mochila de un montañero.  Al cabo del tiempo, me enteré que la podías dejar en recepción (de pueblo que es uno). Ahora te dan una tarjeta, que sirve también para activar la corriente y en la mayoría de las ocasiones funcionan, pero no siempre.  Son como las tarjetas del Un Dos Tres (hemos venido a jugar ¿no?). 

¿Se parece la habitación a la de la foto que habías visto 100 veces antes de salir?
Ya has hecho el check in (sinceramente no sé cómo se dice en castellano). Te acompaña un amable joven hasta la habitación, te lleva las maletas, te abre la puerta (si la tarjeta funciona) y llega el gran momento.  Es la misma sensación que debes tener en las citas a través de Internet (digo yo que será así, porque nunca lo he hecho).  Has visto fotos, os habéis escrito, pero esa morenaza alta de ojos grandes que te mandó la foto a través de un mensaje de correo electrónico, puede que sea una calva de 120 kilos y los ojos grandes son efecto de las gafas de aumento.  Esa gran suite, es un cuchitril. Todo esto es licencia poética, nunca me han defraudado (las habitaciones). 
Foto web
 
  Foto real




A la cama sin cigarrito
El amable mozo te da las instrucciones de la habitación y tú te quedas oyendo, sin escuchar. Es como la charla de las azafatas, aunque a ellas, si no están buenas, no las miras ni las escuchas.  Le das la propina al amable mozo, se pira (contento o jurando en arameo dependiendo de la cantidad que le hayas dado), echas un vistazo a la habitación, abres los armarios, vas al baño, miras las “tontás included, y lo siguiente… no digáis que no… es sentarse en la cama y dejarte caer.  Es lo que se suele llamar el control de calidad de la cama. La primera vez que fui a Estados Unidos, la habitación (que pagaba la empresa) tenía dos camas “Superking o Superbigmac size”… ¡¡¡para mí solo!!!  Me pasé la noche pensando cuándo se darían cuenta de que esa habitación no era para mí y me cambiarían de sitio… ¡No se enteraron!

La tele
El siguiente paso es coger el mando a distancia y “trastear” con la tele. Ver si tienen canal por cable, cuántas cadenas se ven. Estás en Burgos y te quejas de que no se ve Telemadrid. Me paso la vida en Madrid y no enciendo TeleEspe y me quejo en Burgos… Pruebas los 200 canales y no te gusta ninguno. ¡Me siento como en casa!  Puede, y sólo puede, que por error veas un ratito el canal porno (que suele ser de pago), pero siempre es sin darte cuenta.

Wifi
Antes de escoger hotel te has asegurado de que el hotel tiene Wifi gratis, o que no es demasiado caro (a 5 euros por hora podrías pagar la factura de todo el hotel).  Pero aquí también hay truco. El hotel tiene wifi gratis, pero en las habitaciones hay menos señal que en una partida de mus de ciegos. Es entonces cuando bajas hecho un “asterisco” a la recepción (nunca se llama desde la habitación por miedo a que te claven por la llamada) y les montas el pollo.  Y el recepcionista, muy amable, te explica que sólo hay Wifi en el lobby o en el business center, pero en las habitaciones no…  En algunos te dicen que sí hay señal, pero que algo débil. ¿Débil?  Te tienes que subir a la taza del váter y tirando de la cadena 10 veces, consigues pillar una rayita de señal (lo suficiente para únicamente ver el estado de Facebook de ese amigo que sólo pone fotos de gatitos amorosos).

Las luces
Después de darte una vuelta por la zona (de fuera del hotel, no todo va a ser lo mismo), llega la hora de dormir y empiezan las complicaciones serias.  ¿Cómo cojones se apagan TODAS las luces?  Estoy seguro que los aviones de Ryan Air tienen menos botones que en las habitaciones de los hoteles.  Tienes las del baño, que nunca se apagan del todo, las de la mesilla, la lámpara de pie, la lámpara de rodillas… mil luces, que, nunca, nunca, terminarás de apagar (a no ser que quites la tarjeta… a veces lo he hecho).  En un hotel de Bilbao pasé la noche con la luz del baño encendida porque el interruptor estaba detrás del puto albornoz (un hombre de bién nunca se pondrá una prenda tan monstruosa).

La puta ducha
Aquí está la madre del cordero.  En los hoteles te ponen lo que hay en el minibar (siempre tan económico), el menú del “Room Service”, cómo utilizar el teléfono, una guía de la ciudad, la biblia (imprescindible), pero ¿Por qué se olvidan siempre de poner el manual de instrucciones de la puta ducha? Hagas lo que hagas te vas a equivocar con el agua fría y la caliente.  No sabes cómo, pero siempre vas a  poner perdido el baño. A veces ponen una señal para que cambies el chorro a más fuerte, más flojo, en modo lluvia, galerna del Cantábrico… da igual, empapo hasta la terraza. Yo que voy de sobrado, siempre entro el primero, investigo, me informo para explicarle a mi “txurri” con todo lujo de detalles las instrucciones… Y me mojo dos veces. Al cagarla como primerizo y al volver a explicarle el funcionamiento. 

Si la habitación tiene jacuzzi, señores del hotel, échense a temblar, soy capaz de inundar toda la planta.

“Tontás” included
En todo hotel que se precie, incluyen todo lo que se te pueda ocurrir y que a mí, personalmente no me hace falta.  La zapatillas sin talón (que odio), el puto albornoz (que ya habréis supuesto que tampoco es santo de mi devoción), el kit de costura (ideal para McGyver), pero que no sé como utilizar, un calzador (no he usado uno en mi vida), jabones de todos los olores y sabores (alguno habrá que le ha pegado un “bocao”), “champuses” y tu botecito de gel (que sólo da para una ducha. Si váis dos, el segundo utilizará un tercio de gel y dos de agua).

Aire Acondicionado
Aquí no hay mucha explicación. Te vas a pelar de frío.  No hay término medio, tienen modo Siberia o Apagado, no hay más.  Da igual que sea un hotel de 5 estrellas o Pensión Pepi. 

El Desayuno
En todo hotel se podría hacer un documental de los “desayunadores”.  ¿En tu casa te tomas dos zumos, un cola cao, un café, un croissant con jamón y queso, tres tostadas con mantequilla y mermelada de naranja amarga, dos salchichas, bacon, tortilla, un yogur, dos rodajas de sandía, un trozo de piña y un actimel para que desayunen también tus defensas?  Pues en los hoteles es así.  Cuenta la leyenda que un señor de Cáceres sólo tomó un café, pero como todas las leyendas, no creo que sea verdad (seguro que se había colado y no era huésped del hotel)


Hay tantas experiencias como personas y hoteles, pero yo creo que ya está bien ¿no?


Nota: Todo parecido con la realidad es verdad.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Volare



¿No me digas que no has oído nunca esta canción? Escuchar: Voooolaaaaare, e inmediatamente te sale el estribillo. Seguro que hay gente que entiende la frase (yo no): Nel blu dipinto di blu, felice di stare lassu.  Pero luego llegaron los Gipsy Kings (¿Alguien sabe en qué idioma cantan estos señores?) para terminar de joderlo y hacerla aún más incomprensible.  San Google me ha encontrado la letra y esto es lo que dice que cantan estos señores.

Pienso que un sueño parecido no volverá más 
Y me pintaba las manos y la cara de azul
Y me improviso el viento rápido me llevo
Y me hizo a volar en el cielo infinito 

Ahora siguiendo la coherencia de la bonita tonada, vamos a retomar la fauna y los estereotipos que puedes encontrarte en los vuelos.  Por supuesto que hay muchas más clases, pero ¡jodé! (¿pues no va el corrector y me dice que ponga jopé?), ¿no querréis que me curre un libro entero?

Los/las auxiliares de vuelo

Este apartado podría dar de sí para una Wikipedia entera.  No hay dos azafatos o azafatas iguales, como no hay dos viajeros parecidos. Por ejemplo entre las azafatas puedes encontrar altas, bajas, guapas, feas, simpáticas, desagradables, rubias, morenas… En el caso de ellos y sobre todo en Aer Lingus, el surtido es menos variado, casi todos son gays… o al menos lo parecen.    El director de casting de esta compañía odia a los pasajeros.  Hay una azafata, lo juro, que es igual que el gordito de los Morancos “disfrazao de omaita”.

El ejecutivo de los cojones

Suele coger los primeros vuelos de la mañana y los últimos de la tarde.  Estirados, serios, siempre hablando por el móvil o consultando el portátil, el iPad, el teléfono, o los tres a la vez.  Cuando el auxiliar de vuelo ya ha pedido 10 veces que se apaguen todos los dispositivos móviles, este aviso no va con ellos.  Siempre hay que decírselo a él y sólo a él, y dirá “ya, ya, lo estaba apagando”.   ¿Para cuándo los calabozos en el avión o ventanillas que se abran?

El experto en vuelos con Ryanair

Suelen viajar solos o en pareja, y el destino es lo de menos. Han comprado un billete (que en algunos casos es más caro que en otras compañías) y qué más da ir a Gotemburgo o a Málaga (un clima parecido en febrero).  El caso es salir. Allí les ves con su maletita o mochila con las medidas recomendadas. Suelen viajar con todo el armario puesto para que la maleta no pese demasiado.  Aquí podemos ver a Joey Tribbiani preparando su viaje.


Los menos expertos, rezan a San Turrón (el patrón más bueno de todos), para que no les pesen la maleta y tengan que pagar el exceso de equipaje… entre otros "pequeños gastos".  He aquí un vídeo de lo que puedes encontrar en Ryanair (cortesía de Julio Canto).



Enciendan sus móviles

El avión no ha aterrizado todavía y ya ves al bobo o boba de turno levantándose a coger su equipaje de mano, encender el móvil (con el puto sonido que parece el anuncio del Tele Cupón) exclamando: “Cariño, ya hemos llegado”, y entonces piensas, ojalá nos estrellemos nada más que para joderte y no llegues a ver a tu cariño.

Adolescentes en su tinta

Nunca menos de 10, todos juntos, gritando.  El macho alfa llevando la voz cantante para que las hembras del grupo sepan quién es el más gracioso de todos.  Y casi nunca es gracioso.  Ya sé que estoy generalizando y no todos los jóvenes y “jóvenas” son iguales, pero ¿podríais decir las chorradas en bajito o ponerlas en el Tuenti para que los viejunos no nos enteremos?

Soy una persona mayor y hago lo que me da la gana

Ahí les tienes, han pasado del Seat 124 a viajar en avión.  Y como somos mayores, hacemos lo que queremos. Se saltan todas las colas (a algunos sólo les falta silbar para hacer que disimulan), se sientan donde quieren y saludan a toda la tripulación en perfecto español aunque vuelen en “Air Japan".  Si no les entienden, “¡Que espabilen, no te jode! ¡Que aprendan español!, ¡Putos chinos!… y el vuelo es en Singapur.   Lo de que aprendan español, no sólo lo dice esta tribu… doquiera que haya un español que no hable inglés, lo oirás.

Empezamos mal el viaje

Ahí le ves, no ha salido del aeropuerto para “disfrutar” de sus vacaciones y ya está echando pestes.  Yo creo que hay gente que viaja como va al fútbol, a protestar.  Todo está mal, la puerta de embarque está muy lejos (además, el jefe del aeropuerto le cambiará la puerta para cabrearle más), el vuelo es muy largo (coño, haber cogido un vuelo a Móstoles), no le han dado la salida de emergencia (por borde con el  personal de tierra)…  ¿No es más barato quedarte en casa?  Seguro que le ha mandado su familia de viaje para que deje de dar por saco.

Esperaaaaadmeeee

Va a todas partes con prisas y les ves corriendo por los pasillos a toda leche ¿Qué es eso de estar en el aeropuerto dos horas antes?  Eso es para pringaos.  Reconozco que sois de esos pringaos que llegan con tiempo. Prefiero esperar a que me esperen, pero “ca uno es ca uno”.  Suelen ser los mismos a los que pierden la maleta, a los que les cierran la puerta de embarque en sus propias narices, y lo que es peor, cuando ya está todo el mundo sentado y con el equipaje de mano en los compartimentos superiores (plagio sacado de los sobrecargos de líneas aéreas), llegan con su equipaje los últimos abriendo medio avión para meter lo suyo.  Son sodomizadores profesionales y les gusta dar por saco al resto de los mortales.

El sobrao

En casi todos los vuelos hay un “sobrao”.  Pueden dar clase de casi todo. Es el famoso maestro liendre (de todo sabe y de nada entiende).  Si el vuelo se retrasa te explicarán por qué.  Cuentan a todo las medidas del avión, qué vas a ver desde la ventanilla (y se equivocan). Si vas a una determinada ciudad, ellos la conocerán mejor que el que lleva toda la vida allí.  ¿Vas a Manchester?  No puedes perderte un partido en el campo del Chelsea (vale… ni de fútbol ni de ciudades entiendes, listo de los cojones).  Todo el mundo sabe que el Chelsea juega en Liverpool (pues no controlo yo ni nada).

Por supuesto que hay muchos más especímenes, pero esto es lo que hay por el precio que habéis pagado (ya me pagáis más que suficiente con leerme).  Me han subido el IVA de las tontás y no están las cosas para hacer muchos gastos.