martes, 17 de enero de 2017

Mi infancia son recuerdos de un patio del colegio o el reencuentro

El patio de mi colegio era particular y cuando llovía se mojaba como los demás, pero no había huerto, claro, ni limonero, ni nada (igualito que el de Machado que lo tenía a todo confort). Sólo porterías de balonmano y fútbol sala, y fútbol, y rugby y tenis de mesa, voleyball, y todo lo que se te ocurriera. También hay canastas de baloncesto, y un montón de rayas. De las que se pintan en el suelo, aunque de las otras seguro que también había, pero no nos dábamos cuenta, porque éramos muy pequeños, y el patio era muy grande.


Ahora el patio es mucho más pequeño, o nosotros somos más grandes… El caso es que todo esto viene porque hace unos días, volví a ver a uno de mis amigos de la infancia.


Esas cosas típicas que pasan. Que los que vuelves a encontrar por Facebook. ¿Qué es de tu vida? Por aquí todo bien. A ver si quedamos. Tenemos que vernos. Claro que sí. Dame tu teléfono que te añada al “guasap”. Ya estamos conectados. De verdad que tengo muchas ganas de verte. A ver si coincidimos. Voy para allá. Pásate por el barrio y ya de paso ves a más gente… 

La mayoría de las veces es que no, pero esta vez fue que sí. Y os paso a relatar las cosas que suelen pasar cuando dos amigos se vuelven a ver.  



Antes de empezar, quiero avisar de que no todo lo que os cuento a continuación pasó en la realidad. Algunos pasajes son inventados… porque la realidad es casi siempre mucho más divertida que la ficción.

¿Qué me pongo?

Estoy hablando de que hayas quedado previamente para verte. Si te encuentras a un amigo por casualidad, es probable que también vayas vestido. A lo que vamos. Que no sabes qué ponerte. ¿Una camisa que me tape la tripa? Ropa apretada para que se vea que estoy apuntado a un gimnasio (y que voy y se me nota).  ¿El peluquín para que se disimule la incipiente calvicie? ¿Desenfadado para que no se note que tengo más años que la tos? ¿Arreglado para que todos se den cuenta de lo bien que me va? Y al final te pondrás lo de siempre (que en cada caso será una cosa diferente… ¡Qué lío!).


 ¿Y aquí cabíamos todos?

Y vuelves al barrio o al pueblo, donde quiera que tengas tus recuerdos… Pero si hace mucho que no has vuelto al sitio de tu recreo, tus recuerdos serán distintos. Esa plaza en la que jugabais a las chapas, mientras las chicas saltaban a la cuerda, y los chicos mayores echaban un partido de fútbol (30 contra 29), aquella vecina del quinto (que no estaba tan buena, pero a ti te parecía como Charlize Teron) y el novio (siempre de otro barrio) se daban la paliza, y los alegres jovenzuelos de los ochenta trapicheaban con… (mejor no sigo)… Ahora ya parece que sólo caben dos bancos y un par de amigos. ¿De verdad cabíamos todos aquí?


El Bar de la Plaza

Y llegas al bar de la Plaza. Ese donde ponían las mejores patatas bravas del mundo y que tiraban las cañas como nadie (ahora te dan ganas de tirar las bravas). Y ya no conoces a nadie de los que había allí. Los dueños ya no son el bigotes y su mujer (nunca supimos el nombre y la llamábamos la mostacho… ), son dos chinos que ponen las bravas a “Tle cualenta” euros la ración. Y llegó el encuentro.


Conocimiento

Quizá me he precipitado con la imagen anterior. Si hace mucho que no os veis es posible que hayas perdido el conocimiento… Que no es que te desmayes por ver a tu amigo. Me refiero que puede ser que no le conozcas. Bien sea porque habéis cogido unos kilillos (exactamente 100 entre los dos), o hayáis perdido pelo, o todo a la vez. Y es cuándo te sale un hilillo de voz, y te atreves a preguntar ¿Amigo? (cámbiese la palabra amigo por el nombre del amigo en cuestión). También se le conoce como el momento Mocedades o ¿Eres tú?


Intercambio de interjecciones de alegría

Quizá interjecciones es una manera muy educada de expresar lo que se dicen dos amigos que hace tiempo que no se ven. Pero como de momento no hay censura, paso a enumerar algunos ejemplos. “¡Cagüen la puta!” ¡Qué alegría, la hostia! ¡Qué gordo estás hijodeputa! ¡Pero si tenías más pelo que Chewbacca y mírate ahora cabronazo! ¡Tronco! ¡Tienes la misma cara de pringao que antes!  


Primeras impresiones

Es como volver a la primera conversación que tuviste a través de Facebook o como quiera que te encontraras. 50 “Qué tales”, 30 “qué alegría verte”, y ya dependiendo, estás igual hijoputa, o cuánto has cambiado, si te veo por la calle no te reconozco…


Al tema

Una vez que se ha pasado la euforia del momento llegan las conversaciones más serias, trabajo, matrimonio e hijos, por ese orden… O en otro, pero que van a salir en la conversación está claro. Y no te puedes creer que este con el que estabas jugando y haciendo trastadas, pueda ser un padre responsable, o estar casado con nadie. No puede ser, pero si hace nada estábamos….


¿Y la familia?

¿Qué tal tu hermana?  - Era mi hermano.  –Es verdad. Julián ¿no? – Antonio. Bien está bien. ¿Y tus hermanos? – Si yo soy hijo único. – ¿Seguro? – Creo que recordaría tener hermanos ¿Y tus padres? - ¿Bien y los tuyos?... Aquí lo dejo porque llegará un momento en el que tiene que haber un silencio incómodo hasta que…


 ¿Te acuerdas de cuándo?

Y por fin llegan los recuerdos del patio del colegio, y de cuando hiciste esto y lo otro (que cada uno ponga sus propios estos y los otros. No lo voy a poner yo todo). Y te vuelves a reír como si lo estuvieras viviendo de nuevo. Dos señores hechos y derechos descojonaos por cosas de niños. Y lo bien que sienta ¿qué?


¿Qué fue del chino? ¿Y del bola?

Si no tuviste algún amigo que le llamaran el chino, no has tenido infancia ni nada. ¿Y qué me dices del bola, el ojos, el negro, el rubio? (no confundir con el rubius, que ese ya tiene muchos amigos). En mi barrio los teníamos a todos, pero seguro que no todos conocíais a un Pirin (de Pirindolo) o a los Burbujas Bros (dos hermanos que jugaban al waterpolo y pasaban mucho tiempo en la piscina). Y así te puedes pasar horas y horas recordando las historias de cada uno de ellos, sus trabajos, si siguen por el barrio, si seguís el contacto... y ahí te das cuenta que la vida se pasa volando y lo más importante, que el que era raro con 14 años, ahora es aún más raro, y más mayor. 


¿Qué será del pingüino? ¿O de la avutarda?

No es que te haya dado de repente por pensar en los animales. Eran algunos de los nombres de los profes. O del lince, aquel profesor de matemáticas que se quedó con el mote por su agudeza visual (20 dioptrías) y su andar ligero (tenía una pierna más corta que la otra). Y es que éramos muy crueles con la fauna del cole, Pero también había otros motes, como el Mortadelo, Doña Croqueta, Don Pimpón, El mitad y mitad…

Va a ser momento de recogerse

Ya has pasado por todas las fases. Es hora de ir haciendo un resumen de las mejores jugadas, volver a recordar al resto de amigos, prometerse que no van a pasar 30 años en volverte a ver. Que seguiréis en contacto, que vais a tratar de avisar al chino, y al negro, al bola, bueno al bola no, que era un “turras”, y veros de nuevo muy prontito.  ¿Prometido?

 

Se lo dedico a todos mis amigos que me estarán escuchando.... hasta el Bola, que en el fondo era buen tío.  



2 comentarios:

  1. Esos momentos que todos recordamos tan lejanos y que nos hacen volver, volver...Los has explicado estupendamente.

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  2. Para Isabel de Blas.
    Aunque no nos conocemos personalmente, compartimos éstos buenos ratos, y el blog d Javi. Quiero darte las gracias por tu amabilidad, y tambien darte la enhorabuena por tu buen gusto. Un abrazo. Maruji (para las amigas)

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