martes, 25 de agosto de 2015

Todo lo que te gustaría saber sobre Twitter y yo tampoco puedo explicártelo

Este no es un post para que aprendas a usar Twitter (eso lo miras en llutú) ni para explicarte para qué sirve, ni convencerte de que te abras una cuenta (para eso están los bancos). A veces, yo mismo me pregunto por qué pongo “tuises” o “tuices” y/o por qué pierdo el tiempo leyendo lo que dicen personas que no conozco.


Este post sólo va a ser útil para confundirte un poco más si no conoces Twitter. Sin embargo, si sabes cómo funciona y controlas sobre esta red social, no te va a servir de nada. Luego no digas que no soy sincero. Eso sí, si te saco una sonrisa, ya hemos ganado algo. Y además, la gente lista que sale en la tele (no, esos no, los políticos o los futbolistas no. Los que salen en la 2 hablando de cosas profundas... y no me refiero a piscinas que cubren), dicen que hay que leer. Así que ya sabes. No lo dejes ahora.



Vamos allá. Cosas del “tuister”

martes, 18 de agosto de 2015

10 cosas que pasan en la peluquería… aunque seguro que pasan muchas más

Cuando se dice que alguien peina canas, pensamos en alguien de cierta edad y con experiencia. Y no tiene por qué tener el pelo canoso. Incluso es muy probable que no se peine. Y los hay que de verdad peinan canas todos los días y no les prestamos la atención que se merecen. Somos muy injustos con los peluqueros. (Hay gente que la expresión de peinar canas no la tiene muy clara)



Quiero lanzar una lanza… quiero lanzar un…. quiero romper un… Coño que no me sale… Lo que quiero es reivindicar el trabajo de los peluqueros. De todos. Incluso del peluquero de Donald Trump (el señor que se deja las cejas muy largas y se las peina para atrás), o el de José Oneto (también podía arreglarse un poco las cejas… lo del pelo no tiene arreglo).




¿Y por qué voy a hablar de los peluqueros? Pues podría decirte que porque tengo amigos que son muy buenos peluqueros, y muy buenos amigos, porque el blog es mío, y porque hace poco que fui a que me peinaran las canas y me las dejaran un poco más cortas (ya parecía un cruce entre el hermano feo de George Clooney y el 6º hermano de los Jackson Five). De momento no me veo usando el Grecian 2000 y que se me quede el pelo color amarillo pollo de Simago.

martes, 11 de agosto de 2015

No me gusta que escribas “asín” o digas esas cosas

Y vosotros diréis ¿Y a mí qué me importa qué le gusta o no le gusta a este pollo? ¿Si algo está bien o mal escrito lo decide aquí, el que escribe el blog? ¿Quién eres tú para decirme cómo se tienen que escribir las cosas? Vale, vale, ¡Para ya! ¡Que tienes razón!


No soy nadie para sanarte, pero una palabra tuya (ya me he vuelto a liar con las escrituras). Os debería dar igual qué considero bueno o malo o qué está bien escrito o no. Pero tampoco le debería importar a nadie con quién se lía Paquirrín. O cómo se corta el pelo CR7. O si la mujer de un ex-ministro vive en París y él se va con ella (bueno, eso igual sí, porque le vamos a pagar entre todos su casa en los campos Delicious, o como se pronuncien los campos de “Paguí”).


Una vez que hemos dejado claro qué no debería importarte, yo, de todas maneras, te lo cuento. Pero avisado quedas. Y ahora vamos con lo de escribir malamente.

martes, 4 de agosto de 2015

Los que siempre son más... o menos

A veces me pongo un poco poético con los títulos del post. Y esta es una de las ocasiones. Y así me va, que luego tengo que dar explicaciones. Como los políticos… Calla, que esos es mejor que no se expliquen, porque cuando lo hacen…


Estaba hablando del título. Pues eso, que hay gente que siempre son más. Que si estamos hablando de velocidad, ellos son más rápidos que Usain Bolt a punto de perder el autobús. Si tú estás malo, ellos están peor y su dolor es más inaguantable que el tuyo. ¿Estás comparando precios? Pues ellos lo habrán comprado más barato. Cualquier cosa. Y sobre estos señores, y señoras, os voy a hablar.


A diferencia de los políticos, que son “tumasistas”, por lo del Y tú más, esta tribu que parece ser no tiene peligro de extinción la llamaremos los “yomasistas”. Vamos allá.