lunes, 2 de marzo de 2015

El día de la radio… o 10 cosas que no tienen su día

Hace poco se celebraba el día de la Radio. Así, en general. Sin especificar si hablaban del transistor, de la del coche, del radio-despertador… Y todo el mundo hablando bien de ella. Que si es la mejor compañía (eso es porque no conocen a mis amigos), que si ha estado conmigo en los momentos tristes y felices (en la salud y en la enfermedad), que es la banda sonora de mi vida…


Y sin quitar ningún mérito a la radio, que lo tiene, me parece injusto que tenga su propio día. Igual que la tele. Que sí, que son muy importantes. Que forman parte de nuestra vida y se merecen un homenaje. Pero ¿Qué pasa con el resto de cosas? ¿Nadie se acuerda de la lavadora? ¿Y la cama? ¿Qué pasa con la caldera? Ya me gustaría veros tiritando en el salón mientras suenan los Cuarenta Siempre Iguales. Os ibais a acordar de Radi… ator.


Vamos a reinvin… rinvidic, redin… ¡cojones! A dar las gracias a esas otras cosas que tenemos en casa y que no valoramos en su justa medida.


¿Preparados? ¿Listos?

Nevera, frigorífico o refrigerador o como quiera que lo llames

Que vale, que no tiene música como la radio. Tampoco tiene señores dentro que hablen (en algunas neveras que salen en las películas hay señores, pero no hablan mucho). Pero tiene luz (más que algunas personas). Y en algunas dicen que hay comida. Y en otras neveras, siempre hay un limón, o una cebolla, o un bote de kétchup. Y suelen estar allí desde el primer día. Yo creo que ya venían incluidas. Y te da cosa tirarlas. Es como si les echaras de su casa. Y ahí se quedan. Y ¿Quién no abre la nevera al menos dos o tres veces al día? ¿Eso lo haces con la radio? ¿Te puedes acercar a la radio para estar más fresquito? No ¿verdad? Pues, queremos un día de la nevera ¡YA!


La caldera

Ahí la tienes, casi siempre escondida. En un lugar aislado. Como si te diera vergüenza tenerla. En una terraza, o detrás de una puerta. Es como ese primo que no queréis saludar en las bodas para que no sepan que es de la familia. Pero, amigo, como se estropee, ya verás que risa (seguimos hablando de la caldera. El primo, no tiene arreglo). Miramos todos los botones (como si supiéramos para qué sirven), tocamos los manguitos, volvemos a mirar, juramos en hebreo y nos acordamos de ese seguro de avería que no nos interesaba porque para qué, si total estas cosas no se rompen nunca. Apagamos y encendemos (control, alt, suprimir, no funciona en este caso). Y siempre pasa en invierno. Yo creo que lo saben, y sólo se estropean cuando hace frío y por las mañanas a primera hora. ¿Hace calor? Pues espero más adelante estropearme. Ahora, que estamos a dos bajo cero y son las 7 de la mañana y el pringao este se va a duchar. Ahora, voy y me parto (ni puta gracia, por cierto).


Lavadora la exploradora (ya me he liado)

¿Os habéis dado cuenta de lo mágica que es? Metes cosas dentro, pones un programa y al poco tiempo está todo limpito. Igualito que la tele, que pones un programa y sale todo el mundo pringao. Eso sí, necesitas agua, detergente, suavizante, poner el programa correcto. La mayoría de los hombres tenemos un problema con la lavadora. Pones a un astronauta o un piloto de avión delante de una lavadora y se acojona. Tipo de ropa, temperatura, duración del programa, nivel de gasolina, altitud, carga superior, frontal… Parecen las instrucciones para atacar Stalingrado. Pocos tíos saben utilizar los botones. El hombre se atora en la lavadora. Yo creo que por eso no celebramos ningún día especial para ella.



Lavavajillas y lavacubiertos…

Hay gente que prefiere tener los platos en el fregadero durante días. A mí personalmente me gusta más tenerlos dentro del lavavajillas, junto al resto de la vajilla y la cubertería. Y ya cuando no quedan cucharillas (aunque tengas dos millones de cucharillas, siempre se acabarán), entonces, y sólo entonces, pondrás en marcha este invento del demonio. Y también tiene diferentes programas, Más que los de Intereconomía. Pero aquí no somos tan escrupulosos. Le metemos el producto "lavante" o limpiador y en una hora ya está todo limpio. Al revés que Intereconomía. ¡Que levante la mano al que le apetezca sacar las cosas del lavavajillas!  Muy poquitos ¿verdad? Y entonces, sacas una cucharilla y otra y otra, hasta que tienes que poner otra vez el cacharro a funcionar.


La tostadora

¿Para cuándo el día de la tostadora? Todos tenemos una. Vale, la utilizas poco, pero la tienes. Y no la hacemos caso porque es tan simple. Dos bujerillos, unas resistencias y en un par de minutos tienes dos trozos de pan calientes. Cualquiera la podría haber inventado ¿verdad? Como todo. Todo lo que es fácil lo podríamos haber inventado nosotros, pero siempre lo hacen otros. Y pase lo que pase, estás vigilando las tostadas y en el mismo momento en que salten, te pegarás el susto de tu vida. ¿Qué esperabas que saliera de la tostadora?


La cafetera (esto se va pareciendo a las canciones de Georgie Dann…)

Puede que no tomes café. Hay gente pató. Pero si no eres raro (no es que esté diciendo que seas raro si no lo haces, bueno sí. O no… ¡Ay, déjame!) habrá una en casa. El caso es que la cafetera merece un día, y una tarde (por la noche ya no es aconsejable). Conozco gente que si no toma un café recién levantado es como estar en una cena de Gremlins recién duchados a las tres de la mañana. Y seguro que hay día del café, pero no de la cafetera. Y hay miles de tipos. No tantas cafeteras como variantes de Gin Tonic, pero casi…


Sin sofá no hay casa

Conozco casas sin radio. Algunas hasta sin cafeteras. Pero ¿Casas sin sofá? De dos plazas, de tres, unipersonal, de piel, de eskai (o como se diga el material de lo que están hechos los sofás de Cuéntame), tapizados, con cojines, con mantita de ganchillo encima, como quieras. ¿Y dónde está el día del sofá? Bueno vale, el domingo suele ser un día para el sofá, pero aún no está homologado. ¿Quién lo homologará? El homologador que lo homologue… (¿Es que nadie va a pararme?)


¿Y la cama? 

Esto ya sí que clama al cielo (lo que quiera que signifique la expresión). Que el sofá no tenga día… pase, ¿pero la cama? Y no vengáis con la bromita que la cama tendrá noche. No tiene ni puta gracia. ¿Dónde mejor que la cama para escuchar la radio? La radio no es nadie sin la cama. Esas noches en las que te acostabas con Jose María García (¡qué mal gusto!) o escuchando música, o desfaciendo entuertos con el Cuarto Milenio, o… Y en la cama se pueden hacer muchas más cosas que no creo que haga falta que os las tenga que explicar. Y mejor que escuchar la radio.


“Despiertador”

Probablemente el “despiertador” es el cacharro más odiado del mundo. Pero cumple su función. Pero, lo primero que haces por la mañana es acordarte de él… y en la madre que lo inventó. Y hay despertadores con radio incorporada. Como si no fuera suficiente dejar de dormir, te sale un señor dando las noticias. Y si fueran buenas noticias, todavía. O sale gente cantando. Ya de mañana, hay gente con humor para cantar. Pues nada, tampoco tiene su día.


Teléfono móvil o inmóvil

Distingo entre móvil o inmóvil porque el último hace muchas menos cosas. Suena, y hablas, y ya está, nada más. El móvil ya es otra cosa. Y está en todos sitios. Puedes usar la calculadora, utilizarlo como despertador, leer libros, cronometrar, ver vídeos de gatos, decir dónde estás, hacer fotos y sí, también escuchar la radio. Y sin tener día especial ni nada.




¿Veis como es una injusticia? ¿No me diréis que no os he puesto ejemplos suficientes para que el resto de cosas tengan su día? Para mí que la radio y la tele son unas enchufadas (vale, es una broma muy mala, casi todos los cacharros tienen enchufe…ya me callo). 

2 comentarios:

  1. Hay cosas que te alegran la vida, como leer éste blog ocurrente, (sin enchufe ni ná). !!ME GUSTA!!

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  2. Y eso, querido Javier, que en la Wikipedia habrás podido ver que hay "Día" de casi "tóo". Pero tienes mucha razón sobre esas omisiones que mencionas.
    Besotes,
    Isabel

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