martes, 30 de septiembre de 2014

¡Qué haríamos sin vosotras! 10 cosas que existen gracias a las mujeres

¡Menuda historia! ¡Qué injusta ha sido con las mujeres! Los historiadores venga a hablar de señores que han hecho poco, tirando a nada. Por ejemplo, la de reyes que hay en los libros de historia. Todos con el mismo nombre, pero con su numerito (como las señoras mayores en el mercado… cuando no se cuelan). Felipe I, II, III, VI (el del Atleti Ortiz) y González (no es rey pero vive mejor que ellos), o Papas... Hay hasta 16 Benedictos y 23 Juanes... ¿Y las mujeres qué? ¿Cuántas Juanas famosas hay? Sólo dos. Una que terminó loca del todo y la otra, la del arco (y sin flechas), quemada en la hoguera. Qué malamente se portan con las mujeres.


Como os iba diciendo, no se ha dado importancia al papel de la mujer en la historia. Han pasado de vosotras completamente. Si no fuera por las mujeres, el mundo sería muy distinto. Y no es sólo con vuestro papel de madres, que también. Es mucho más que eso. Y como alcalde vuestro que soy, os voy a dar la explicación que os debo.


Imaginad por un momento que los hombres pudiéramos reproducirnos por esporas, o fuéramos ovíparos (me refiero a los huevos. Para el caso que nos ocupa da igual el derecho o el izquierdo, el primero que se cayera). Que no hiciera falta un papá que polinice a una abeja y que se zumbe a una flor y la mamá huela la flor… (creo que tengo que repasar el tema). Pues andaríamos todavía a cuatro patas y guerreando unos con otros, liados a bastonazos y sin depilar ni nada.


Vamos con la explicación que os debo.

Qué han hecho las mujeres a lo largo de la historia o las cosas que no te cuentan los historiadores pero que ya lo hago yo, mucho más barato, resumido y sin contrastar (algo malo tenía que tener).

¿Falta mucho? Lo de ser nómadas me tiene reventá

Los hombres, ya sabéis cómo son, se lían a andar que parecen recién jubilaos y no paran. Encorvaos, pero ahí les tienes, pim pam pim pam. En busca de “mamuses” y recogiendo pimientos que crecían al libre albedrío. Menos mal que las mujeres dijeron que ya estaba bien. Que había que parar, que estaban ya muy hartas y no iban a comer lo que encontraran por ahí tirado. Habían decidido sedentarse (lo que vienen siendo hacerse sedentarios). ¿Que vosotros queréis seguir andando? Pues muy bien, pero a las 10 en casa que se hace de noche y volved con comida. Ellas se quedaban recolectando cosas y ya ellos que se calentaran la cena después.


¿Cómo dices que te llamas?

Los hombres somos más de gestos y pegar gruñidos. Eso y rascarnos los huevos (para ver si todavía están ahí ambos dos y no se han caído). Las mujeres son algo más comunicativas y aunque fuera nada más que para decir que hoy no, que le dolía la cabeza, pues se pusieron a inventarse palabras y así hasta ahora. Algunos siguen con el rascamiento y otras siguen liándose con las palabras.


¿Y si nos metemos en una hipoteca?

Al principio no había mucha gente y vivíamos todos en sitios en los que hacía calorcito como Marina D’Or, ciudad de Cromagnones (igual no es un dato histórico). Otros, hartos de vivir tan cerca de los padres de ella o de tener que darse paseos muy largos para cazar y pescar, pues tiraron a sitios un poco más frescos. Como las mujeres siempre han sido un poco más frioleras, pues había que vivir en cuevas y ya nos metimos en el rollo de la hipoteca y pagar las letras mensuales. Por cierto, las letras eran muy diferentes a las de ahora.


Ponte algo para ir a la calle

Si fuera por nosotros, nos pondríamos cualquier cosa para salir, pero menos mal que estaban ellas. A medida que íbamos “evolucionando” se nos fue cayendo el pelo. De todos sitios. Y necesitábamos cazar bichos y otros elementos de la naturaleza para abrigarnos e ir elegantes. (“Emilio Truchi” todavía no se había lanzado a hacer trajes) Pero no todo les valía a las mujeres. Que si esos gayumbos de piel de nutria están asquerosos, que dónde has estado para manchar esa chaqueta de oso polar, que si el color cebra está pasado de moda… Y así fuimos avanzando… o no.


Habrá que ir pensando en pintar la cueva

A los hombres siempre nos ha dado un poco igual el tema de la decoración, pero vosotras dale que te pego. Un día sí y otro también. Mira Mari, la de Altamira, qué bonita tiene la casa con sus bisontes y antílopes o lo que quiera sean esos bichos con cuernos. Y con esos colores, y nosotros nada. Ni una triste estalactita ni estalagmita. Aunque sea un ciervo, o una mano de pintura (¿o es una mano pintada?). Y los hombres nos pusimos a ello. Poco, todo sea dicho, pero nos pusimos manos a la obra. Que si Troglodita quiere a Cavernícolo, ahora una lanza, un jabalí… Y sin revistas ni nada, ni un Ikea para darte ideas.


¿Has hecho la cama?

Los señores de antes no tenían tanto problema con las medidas de las fundas de las almohadas, ni tenían que doblar las sábanas ajustables (misión imposible. ¡Cómo les envidio!), pero el tema de hacer la cama era un poco más complicado. Encuentra un oso, uno que se deje matar (hay pocos de esos), quítale la piel (preferiblemente una vez muerto), que tenga el color de piel que haga juego con el color de la cueva, que coincida con las medidas de una cama kingsize, quita todas las piedras de la cueva. Si hubiera sido por los hombres, seguíamos en el suelo. Tanta movida, para que luego, le duela la cabeza.


Música y danza

Ya sabéis mi teoría de que un hombre sobrio no baila. En aquella época todavía no había salas de fiesta (y mira que es viejuno el término) ni gin tonics. Y claro, no bailaban. Tampoco estaba el típico enrrollao que toca la guitarra y se juntan todos a cantar canciones de Yo tengo un amigo que me ama, su nombre es Jesús. Pero por aquella época ya estaba la Duquesa de Alba y se arrancó con unas sevillanas y hasta ahora.


¿Te has duchado?

En aquella época si no vivías cerca del agua, o en un sitio que lloviera mucho, lo tenían complicado. Y nada de jabón, ni siquiera Lagarto. Lagartos si había, pero no les hacía mucha gracia frotarse con ellos. Menos mal que llegó Margaret Astor y las señoras de Avón que iban por las casas y nos perfumaron un poco. (Ya os digo que no os toméis esto al pie de la letra, que mis fuentes no son muy fidedignas… lo que quiera que signifique esto).


Basura

Aquí no me podéis negar el papel fundamental de la mujer. ¿Quién es el que dice lo de deberíamos tirar la basura? Lo de deberíamos, ya sabéis que está sujeto a interpretación. A una sola. Que la tire el tío. Y ahí nos tienes tirando la basura y bajando al perro a mear y a echar el cigarrito (el perro sólo orina). Y todo, gracias a ellas. Aunque hay veces que nos lo tenéis que recordar… Lo de la basura, el cigarrito, no hace falta.



A ponerse cachitas

Como en aquella época no había Youtube ni nada, pues no han explicado bien lo de los musculitos. Todo empezó con la novia de un olímpico (que vivía en Olimpia) que le dijo: “Oye Carl Lewisoupoulos, estás poniéndote fondón. Vamos a tener que empezar a comprar yogures (griegos) desnatados". Éste se lo dijo a su colega Usain Boltaridis (también griego, pero de Jamaicalopolis) y se apuntaron a un gimnasium y se empezaron a picar entre ellos y ya se organizaron e hicieron las olimpiadas. Si no fuera por ellas, todos como Paquirrín.



Hay muchas cosas más que existen gracias a vosotras, pero no me negaréis que estas son importantes. Y luego decís que no os hacemos caso. ¡Qué sería de nosotros sin vosotras!



PD (Mariló, por si lo lees, esto quiere decir Para Después… creo). La mayoría de los datos incluidos aquí, no son ciertos, pero hay otros que tampoco son verdaderos.

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