martes, 25 de marzo de 2014

Absurdos sin fronteras (capítulo 2)

Previously en Absurdos sin fronteras primer volumen hablábamos de las cosas sin sentido que todo el mundo hace. Pero se nos habían quedado algunas en el tintero (topicazo típico… como si alguien siguiera utilizando tinteros).

Aquí tenéis el segundo capítulo de “absurdeces”.

Levántate y anda
Ya comenté que no me iba a meter con nadie y voy a ver si consigo cumplirlo. Ni siquiera con la religión. Lo de levántate y anda va por los teléfonos móviles. Sonar el teléfono, comenzar una conversación, levantarte y empezar el paseíllo es todo uno. Por eso se llama móvil. Con el fijo hay gente que lo hace, pero el recorrido es mucho más corto.




La luz de la nevera
Levanta la mano si también has intentado cerrar muy despacito la nevera para ver (antes de cerrar completamente) si se apaga la lucecita. ¿Soy el único tarado?


¡No por favor!
No me he visto nunca (ni espero) en la situación de tener que parar una bala con las manos, pero seguro que lo intentaría. ¿Qué quiero decir? Pues eso. No habéis visto a todos los que son apuntados por un arma ponen las manos para amortiguar el proyectil. ¡Que no eres Casillas! ¡Que la bala traspasa, y se mueve! Pero seguro que es cosa de los nervios.


No puede ser
Te llaman por teléfono pero es un número equivocado. En menos de 1 minuto recibes una llamada del mismo número. ¿Es que nadie se cree lo que le digo? Incluso hay algunos que te discuten que tú no eres tú… Y claro, te hacen dudar.


Me tapo con la sábana y no me puede pasar nada
Lo de parar las balas con las manos, pase. ¿Pero pensar que puedes protegerte tapándote con una sábana? Te doy otra idea. Tápate la cara con las manos y así nadie puede verte.
 

¿Quién anda ahí?
El miedo es muy traicionero y provoca que hagas muchas tonterías… Estás acojonao y te sale un hilillo de voz para preguntar ¿Hay alguien ahí? (por cierto, si lo tuvieras que escribir seguro que saldría algo como ay halguien haí?). ¿De verdad esperas que contesten?



¿Te has cortado el pelo? 
Puede que no todo el mundo lo haga, pero es ver a algún conocido con el pelo más corto y sentir la tentación de preguntar. A no ser que sea la Duquesa de Alba (no he podido resistirlo) y ya lo dejes por imposible. Lo del pelo de esta señora es digno de Cuarto Milenio (y lo de los milenios, no va con segunda intención).



¿Qué esperas encontrar en un pañuelo?
Da igual que sea un Klín (singular de “Klines”) o un pañuelo de tela. Te suenas y tienes que mirar el pañuelo en cuestión. ¿Qué crees que va a haber allí? ¿El mapa del tesoro? ¿El secreto de la eterna juventud? ¿Los números de la lotería? Son mocos, ¡Jodé! ¡Mocos!

El buzón
¿Cuánto hace que no echas una carta en un buzón? Pero en un buzón de los grandes. No el del vecino en el que metes la publicidad que te han colado a ti. Yo hace poco, pero es porque se equivocó el cartero y nos envió una carta que no era nuestra. Una vez que encuentras el buzón (cada vez hay menos) ¿No tienes la tentación de mirar por el agujero? ¿Qué esperas encontrar? No, los carteros, no viven ahí.


Señal del moreno
¿Por qué es tan graciosa la marca del reloj cuando estás “morenado”? Puedes tener marcas de la camisa, del bikini, de los calcetines, pero ninguna puede ganar a la del reloj.

Si todavía fuera un reloj como éste

Poner cuernos en las fotos
En cuanto se junta un grupo de amigos a hacerse una foto, siempre, y repito, siempre, hay alguno que tiene que hacer la gracia de poner cuernos a otro. Vale que en la famosa foto de los Óscar (el jodío selfie) no había cuernos (en la foto), pero es que no eran amigos…


Encontrarlo en el último sitio
Qué cosas. Siempre encuentras las cosas en el último sitio que buscas. Vamos a ver, alma de cántaro. ¿Quién cojones sigue buscando algo después de encontrarlo? Eso sí que sería extraño. Pues, ahí nos tienes, seguimos diciéndolo.



Bueno, ya está bien de cosas absurdas. Circulen que ya no hay nada que ver aquí. Volved a hacer cosas de provecho y a la vida real que allí no hay cosas absurdas… ¿Seguro?


jueves, 13 de marzo de 2014

Absurdos sin fronteras (Parte 1)

En el post de hoy vamos a dejar tranquilos a los políticos, a los cuñaos, a Calatrava (a todos los hermanos y en especial al de los puentes) y a la Duquesa de Alba (seguro que duerme mucho más tranquila sabiendo que no me meto con ella).


Sin en cambio (ya sé que está mal dicho, pero está perfectamente escrito :-)) vamos a hablar de cosas absurdas que hace todo el mundo (un buen cuñao te dirá que él no, pero también). Y cuando digo todo el mundo, es la humanidad entera. Ricos, pobres, altos, bajos, guapos, jubilados y militares sin graduación (que son los soldados sin alcohol). 


Como somos muchos en el mundo, y hacemos cosas muy raras lo separo en dos volúmenes. Tampoco quiero que me odiéis por tener que leer algo muy largo.

Con ustedes el capítulo primero con la primera docena de “absurdismos” compartidos: 

Sopla sopla
Estás a punto de probar la sopa. Recién sacada del mismo infierno y recalentada por todos los demonios. Está a 200 grados centrífugos o 2000 grados Kevin Costner (que viene a ser más o menos una mezcla de quemar de la hostia y ¡jodó me he pelado la lengua!). ¿Qué se te ocurre? Pues claro, soplar. Con dos soplidos ya está todo solucionado. Ya puedes meter la cuchara (si no se ha fundido antes) y llevarte el líquido a la boca. Y no contento con esto pasas el método de generación en generación. (Por que tú también les has dicho a los tiernos infantes que soplen ¿verdad?).


Sopla (II)
Otra utilidad (bastante inútil, por otra parte) del soplido es la destrucción de gérmenes. Me explico. Pongamos que tienes un sandwich (digamos que es de chopped para que sea más glamuroso). El susodicho (seguimos hablando del sándwich de chopped) en un intento de supervivencia, cae al suelo. Tú que tienes mucho hambre (¿cómo se puede explicar que estés comiendo un sándwich de chopped de otra manera?), te abalanzas sobre el alimento y soplas con la intención de eliminar los gérmenes y continuar la ingesta… (Para los que no tengan estudios. Quiere decir que te lo sigues comiendo como si no hubiera pasado nada). ¿Cómo no se les habrá ocurrido antes a los científicos? ¿Que hay una epidemia de gripe? Pues un par de soplidos y todo arreglado (este sería el modo “cuñao”) de solucionar las cosas.

Con tus manos en tus caderas
No estoy seguro si la canción era así, pero seguro que es muy parecido… A lo que voy. Subes una montaña (da igual que sea una colina o el Everest) y lo primero que haces (después de publicar la jodía foto en el Facebook o en Instagram. ¡No más selfies por el amor de Dior!) es respirar hondo, limpiarte el sudor con el antebrazo, mirar al horizonte con satisfacción y poner las manos en las caderas (puede que el orden no sea exactamente ese, pero todo eso lo haces seguro).


Chupar un limón
Con la de cosas que hay en el mundo, nos da por chupar limones. ¡Qué cara tan graciosa se nos pone! ¿Seguro? Y no me digas que con el tequila va muy bien el tema del limón. Un puritito macho mexicano no mezclaría nunca el tequila con otra cosa que no fuera otro tequila.

No tengo claro por qué se ha colado una imagen del Fary… Vamos a echar la culpa a Google. ¿Quieres decir Fairy?

Ponerse creativo con los carteles del baño
El objetivo fundamental de poner carteles en los baños públicos es que la gente sepa dónde tiene que hacer sus necesidades. Una foto de un señor para los caballeros y una señora para las damas .¡Y ya!.  ¿Por qué cojones ponen las cosas tan difíciles? ¿Por qué piensas que hacer las cosas divertidas ayuda a la gente a la hora de encontrar un baño? ¿Desde cuándo un pulpo simboliza a un señor y una ornitorrinca maquillada a una mujer?


Golpes con testigo
Pongamos que te das un golpe en la cabeza. No es demasiado fuerte, pero lo suficiente para que se te escape una lagrimilla y jures en hebreo. Todo esto si el golpe es sin testigos. Ahora bien, como te des el mismo golpe en un lugar público la reacción es distinta. No lloras, ni juras en ningún idioma (aunque tengas estudios y seas políglota), te rascarás un poco (y disimuladamente), cerrarás los ojos y soltarás algo que sonará (muy bajito) tal que uuufftrrrffff y aquí no ha pasado nada (sí que ha pasado pero tu amor propio no permitirá que pase nada más).


Mirando hacia arriba
Hagamos una prueba. Mira hacia arriba durante un par de segundos (si vas con el móvil por la calle, ten cuidado no vaya a ser que pasemos al apartado anterior y te des un golpe con testigos). Ahora contesta. ¿Tenías la boca abierta? No me digas que no, porque te he visto.

¿Hola?
Vas por la calle y a lo lejos ves una cara conocida. Con tu mejor sonrisa te acercas para saludar. Estás a menos de 5 metros y ves que la cara ya no es tan familiar… De hecho, la otra persona te mira extrañada, incluso algo asustada. Pero tú que eres experto en el arte del “disimulismo” moverás la cabeza muy ligeramente y murmurarás un buenos días o buenas tardes (independientemente de la hora del día en que esto suceda) y seguirás adelante. Yo suelo practicar este ritual cada vez que me olvido las gafas en casa….

Podría ser peor

¿Te has enterado? No ¿Y tú?
Alguien te está explicando algo. Tú sonríes, asientes, y así sucesivamente. ¿Te has enterado de lo que te han dicho? Probablemente no, pero te da vergüenza decir nada. Te podrá parecer ridículo, pero no soy el único al que le pasa.  Según se desprende de un estudio publicado por la prestigiosa universidad de Oxford ir de cañas es bueno para la salud… Y tú dirás ¿Esto qué tiene que ver con lo que estamos hablando? Seguramente nada, pero no creo que la Universidad de Oxford le dijera al investigador: anda, vete de cañas y hazme un estudio para ver si es bueno para la salud. El investigador no entendió lo que le decían, sonrío, asintió y se fue al bar…. Y ya de paso, hizo un estudio.


No llueve tanto
Está cayendo la mundial. Dos días seguidos sin parar de llover, pero tú tienes que salir, ya no puedes posponerlo más. No tienes paraguas ni un impermeable, ni una triste bolsa del Carrefour (no están las cosas como para gastarse una pasta en bolsas). Y tú sales a la calle corriendo. Encoges los hombros, corres como alma que lleva el diablo (el mismo que calienta las sopas) y ya no te mojas. ¿Queeee? Vale, sí que te mojas, pero todos lo hacemos y llevamos haciéndolo toda la vida… como soplar las cucharas.


Bailar la yenka con un desconocido
Crees que nunca lo has hecho. Es más, jurarás que tú no lo harías, pero no haces más que engañarte. No sólo lo has hecho, sino que lo volverás a hacer. Aquí va la explicación. ¿Alguna vez te has cruzado con alguien en la calle y ambos dos queríais ir por el mismo sitio? Luego habéis tratado de cambiar la dirección, un paso a la izquierda, otro a la derecha, sonríes, te chocas, otro paso adelante, uno hacia atrás, vuelves a sonreír, pides disculpas… Uno de los dos, o los dos paráis, sonreís, os ponéis de acuerdo para dónde ir y se acaba el baile. Aquí tienes la yenka. Y ni os pediréis los teléfonos ni nada.


Aprieta más
Das al botón pero el ascensor no se mueve. Pues aprieta más fuerte. El mando a distancia no te hace caso. Pues aprieta más fuerte. La aplicación del móvil no se cierra. Aprieta más fuerte. Mejor dejo lo de apretar que os conozco. Creo que habéis entendido el concepto sin necesidad de dar más ejemplos.


Hay muchas más cosas absurdas, pero ya os dije que no quiero que me odiéis. Prometo volver la semana que viene vuelvo con más chorradas.

Si se os ocurre alguna, me lo ponéis abajo (como dicen en la tele, en el espacio que aparece en pantalla) o en la página de Facebook del Cigarrito.  https://www.facebook.com/uncigarritoyalacama.

Por cierto, que si no sois amigos todavía, ya estáis tardando. ¡Paso lista la semana que viene para ver si estáis todos!


martes, 11 de marzo de 2014

¿Por qué le llaman cuñado cuando quieren decir…

De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda la denominación de origen CUÑADO. Lo que toda la vida fue el enterao, el cansino, el que “tólosabe”, el encantado de haberse conocido o listo de los cojones, ha pasado a llamarse cuñado.

No es sólo el hermano o la hermana de tu pareja, o la pareja de tu cuñada o, el hermano de tu novio o… ¡Los cojones!, ¡Qué lío! Casi mejor te vas directamente a la web de la RAE si quieres saber lo que dicen de el/la Hermano/a del cónyuge o cónyuge del hermano/a. Esos señores lo explican mejor que yo.


Hoy hablamos de la otra acepción, de la del primer párrafo. La que aún no está acuñada (qué juego de palabras más ingenioso) por la RAE como cuñado.

Para que no haya equívoco, no hay posibilidades de confusión de género. La palabra cuñada NUNCA tendrá el mismo significado que el que hoy nos ocupa, por la cuenta que me tiene, y por no meterme en jardines. Una mujer nunca será lista de los cojones por razones que no vienen al caso. 


¿Qué es un cuñao?
Sin d ni nada. Un buen “cuñao” se escribe sin d y es aquel (ya hemos dicho que son sólo hombres) que tiene solución para cualquier cosa (son como el Aloe Vera). Igual te arregla el problema de Ucrania (sin saber dónde está, que tiene más mérito), que sabe a ciencia cierta quién mató a Kennedy, te hace una comida que ríete tú de Ferrán Adriá o pone a trabajar a todos los parados del mundo o acaba con el terrorismo. Todo esto en dos patás.


Características de un buen cuñao
Como he comentado anteriormente un cuñao que se precie arregla todo en dos patás. Ni antes, ni después. La unidad de tiempo para el cuñao (al menos la raza ibérica) es la patá o el periquete (también vale santiamén), pim, pam. ¿Qué a cuanto equivale en segundos o minutos? No podemos precisar. He intentado hablar con varios cuñaos pero no hemos llegado a un acuerdo.


 Y así es. Ningún cuñao es igual a otro y todos, sin excepción, TODOS, estarán equivocados menos él. O sea que no hemos podido saber cuánto son dos patás o un periquete, pero es poco tiempo. ¿Seguís con la duda verdad? ¡Pués preguntad a vuestro cuñao más próximo! Siempre tienen respuesta para todo.

Cómo reconocer a un cuñao
Físicamente es muy complicado distinguir a un cuñao de un ser humano normal y corriente. Los hay de todos los tamaños, colores, razas… No van disfrazados de nada, son como tú y como yo (por fuera), y eso les hace más peligrosos.

La única manera de reconocer a un cuñao es por sus ideas, y se las contarán a todo el mundo. Da igual que no quieras escucharlas. Un cuñao que se precie dará su opinión siempre, en cualquier lugar y momento. De hecho cuanto menos oportuno sea, mayor será la probabilidad de que se manifieste. Vamos allá con algunas situaciones que te ayudarán a reconocer al cuñao de turno, y más en concreto al ibérico.

POLÍTICA
Un buen cuñao no cree en política. Es liberal sin saber qué significa y siempre que le cuadre con lo que está explicando. Estará en contra de cualquier partido político, salvo excepciones. Si todos los congregados son de derechas, él siempre será de izquierdas y viceversa. Es lo que se llama, tocar los cojones. Eso sí, sabe de política más que todos los políticos juntos (no es muy complicado, por otra parte) o eso dice.


RELIGION
El cuñao estará por encima del bien y del mal en religión, pero siempre provocará la ira del que tenga la mala suerte de escuchar su opinión. Da lo mismo que sea judío, cristiano, musulmán, testigo de Jehová, mormón o seguidor de nuestra señora del Socorro y Auxilio en Carretera... Su misión en la vida es justo la contraria que el Ángel de la Guardia.

TV
¿Os acordáis del programa de Jordi Évole? Pues la Asociación de Cuñaos Españoles (ACE) ya sabía desde el primer minuto que era todo falso. De hecho, ellos tienen otras teorías… Cada uno la suya, por supuesto. La Asociación sólo se reúne una vez al año porque terminan a hostias siempre. Luego se les olvida y vuelven a celebrar otra convención. Es que no aprenden estos cuñaos.

INFORMÁTICA
Da igual de lo que hables. Ellos conocen la aplicación perfecta que nunca falla. Prueba a preguntar a Google y a un cuñao. El cuñao tiene menos respuestas, pero la suya es más rápida y correcta. De hecho lo que diga Google no vale… ni Bing, ni Yahoo, ni ningún buscador. El lo encuentra todo antes de que llegue el buscador. 



CINE
Sólo ha visto los bingueros o cualquier otra película de Ozores, pero te hace la crítica de todas películas de los Óscars de este año… Y sin haber visto ninguna. Todo por lo que le han dicho fuentes de buena tinta (ya, ya sé que está mal dicho, pero así es como te lo venderá un cuñao como dios manda)


DEPORTE
Como en política y religión el cuñao siempre será de otro equipo distinto. En distintas ocasiones le has visto jurar que siempre fue del Villarriba o del Villabajo. Depende de a quién tenga enfrente. De la misma forma, puede que llegue el día que quiera hacerse el intelectual y te diga que el deporte te alinea (como Del Bosque… Lo de alienar, lo han oído en algún sitio, pero no tienen muy claro qué significa).


COCINA
Te puede defender con el mismo ardor guerrero que la verdadera tortilla de patatas es con cebolla que sin ella. Si tienes la mala suerte de convivir con un cuñao auténtico, te dará tiempo a oírle decir que la verdadera cocina es la de la toda la vida o que a él lo que de verdad le gusta es la cocina creativa.



BEBIDA
Si quieres saber si es un cuñao auténtico, habla de vino. Siempre conocerá el mejor. Tendrá un conocido (que probablemente también sea cuñao) que entiende de vinos y le ha recomendado la mejor cosecha del año. El vino en cuestión suele ser Don Simón del 45… y además le llamará caldo y marida excelentemente con tal o cual comida.  Te doy permiso para descojonarte de él. Todo el que llame caldo al vino y maridar se merece una paliza.  Ojo que también puede haber la variante cuñao gin-tonic. Huye de ellos, se merecen dos palizas seguidas y que les metan una Ginebra Lirios con Tónica Suis.



GEOGRAFÍA
Hables del lugar que quieras. Él o alguien que él conoce, ya habrá estado. Da igual que te inventes el nombre. He aquí un ejemplo:

TU: Me voy a Estados Unidos de vacaciones.
CUÑAO: ¿A qué parte?
TU: Al sur de California (espera un segundo para hacer que recuerdas y dí un nombre el “azahar”. Pongamos...Narnia)
CUÑAO: ¡Hombre! Narnia, ¡Qué bonito! No dejes de ir al restaurante austrohúngaro. O a lo mejor ya lo han cerrado. Hace tanto que estuve por allí…

INTERNACIONAL
¿Hay movida en Venezuela? ¿Se está liando en Argelia? ¿Problemas de abastecimiento de gas en el Caucaso? Tenemos soluciones para todo. Para eso soy un cuñao como Dios manda. Porque eso sí, todo debe ser como dios manda. Es probable que al final de la conversación no sepas si es el presidente de Venezuela el que tiene gases o en Argelia se ha desbordado el Caucaso (no le corrijas, puede ser peor).

Y así podríamos seguir hablando de los cuñaos en cualquier cosa que se te ocurra, pero un método infalible para saber si alguien es un cuñao es al escuchar:¡Quita! Déjame a mí que yo lo arreglo. ¡Corre! ¡Corre muy rápido! Y no mires atrás. Todavía puedes salvarte… o quizá no. ¡Ya es demasiado tarde… ¡Estamos rodeados!


El cuñadismo ya ha llegado y está aquí para quedarse. Pero no os preocupéis, que aquí estoy yo. Llego en un periquete y lo soluciono en dos patás


martes, 4 de marzo de 2014

Pase sin llamar

 Ya os hablé hace poco de los peros. Esos pequeños cabrones que joden muchas frases. Yo no quería, pero… Le comprendo perfectamente, pero…, tiene usted razón, pero.


La historia que os voy a relatar es un SÍ, PERO de libro. Pero (qué me gusta la palabra) no os la voy a contar yo. Y esta vez es cierto que no escribo yo. Ni Mariló o Calatrava, ni mi primo americano, ni Ana Botella. Os daréis cuenta inmediatamente porque está muy bien escrito.  


La explicación es la siguiente. Isabel Blas, amiga escritora y seguidora de este blog (no le preguntéis por qué, no vaya a ser que deje de leerlo), me envió un correo adjuntando un par de cartas dirigidas a la Seguridad Social. Me comentaba que quizá podría utilizarlas en el blog y escribir sobre el tema. Yo, que soy rebelde porque el mundo me hizo así, no voy a hacer caso a Isabel y prefiero publicarlas (eliminando direcciones de la carta y fecha) tal cual me las ha enviado ella.

Al principio pensé en “ficcionar” (no confundir con friccionar. A este blog se viene duchado de casa y con el resto de deberes hechos) las cartas y darles una vuelta, pero “pensuve”: Si no está roto, no lo toques. Lo que quiero decir es que si no voy a mejorarlo, mejor lo dejo como está.


Las cartas en cuestión:

Primera carta de Isabel a las autoridades correspondientes.
Hace ya tiempo
Dra. Pancorbo
Coordinadora de Admisión
Hospital Universitario de la Princesa

Dª. Esperanza Aguirre
Presidenta Comunidad de Madrid

Señoras:

Hace unos días me vi en la necesidad de cambiar la fecha de consulta que tenía con un especialista del Hospital de la Princesa, para lo cual, dispuesta con todos los datos correspondientes a número de H.C., número de cita, nombre del médico, fecha, hora, etc., telefoneé al hospital solicitando dicho cambio. Por una empleada —sumamente amable, nada que objetar con respecto a ella— fui informada de que era imposible efectuar dicho cambio por teléfono. Era necesaria mi presencia física en el hospital para acceder a mi petición.

Inútil resultó indicar a tan amable empleada las muchas situaciones que podían darse (yo trabajaba en horario partido, no tenía suegros, madre o tíos con quien dejar a los niños, estaba en esos momentos pasando por un proceso febril que me mantenía en la cama o carecía de vecinos amables a quienes acudir en petición de ayuda) para que cambiar una cita resultara, no solamente un trabajo molesto (deje usted de ir esa tarde a la reunión de padres de alumnos del colegio de su hijo), sino casi imposible (levántese de la cama y salga a la calle con el diluvio que está cayendo) y hasta costoso económicamente hablando (deje de trabajar una mañana, que le será descontada de su sueldo o verá mermadas sus vacaciones en un día). Inútil, repito.

Desbaratas las opciones anteriores con un “lo comprendo, señora, pero son las normas”, al menos pude conseguir una ¿explicación? de por qué era imposible, en el siglo de las telecomunicaciones (el hombre llegó a la Luna, podemos enviar nuestra declaración de la renta por Internet, sabemos cuántos minutos va a tardar en llegar nuestro autobús enviando un simple SMS...) cambiar una cita por teléfono: ¡¡la culpa era nuestra!!

La sufrida empleada me explicó —insisto, amabilísima y pacientísima con mis largas peroratas de incomprensión— que muchos pacientes cambiaban su cita y luego no recordaban que lo habían hecho, con lo cual se presentaban el día de la cita que figuraba en el papel que les había sido entregado y había lío. ¡¡Acabáramos!! Además de pacientes de cualquier especialidad de la que quisiéramos ser tratados, deberían apuntarnos en la de Psiquiatría o Psicología. Los pacientes no sabemos lo que hacemos y le buscamos las cosquillas a la Seguridad Social. Solución: pierda usted una mañana de trabajar (le cueste lo que le cueste sobrellevar el cabreo de su jefe o la doble jornada para sacar su trabajo adelante al día siguiente) o deje a los niños con su suegra (a quien a partir de ahora le deberá un favor y ya se encargará ella de recordárselo de vez en cuando) o cargue con los niños (cochecito incluido) que querrán ir al parque y se pasarán el rato lloriqueando o molestando a los demás pacientes y váyase al hospital a cambiar su día de cita. Eso, si es que puede usted subir el cochecito por los escalones de entrada al hospital y consigue acceder al único ascensor que funciona actualmente, dadas las obras de reforma que se están realizando. Pero ¡qué importa! para eso es usted mujer-trabajadora y mujer-madre, además de mujer-paciente, y está usted hecha con el material del que se hacen los cimientos de las casas: de cemento armado.

Parecía que habíamos avanzado tanto en todo, ¿verdad? Pues no. Sólo en casi todo... Internet es un mundo mágico que nos convierte en una aldea global donde podemos hablar con nuestras antípodas. Se opera a los pacientes sin casi tocarlos ni abrirlos. Se compran entradas de espectáculos sin aparecer por la taquilla. Recibimos fotos de nuestros nietos, noticias de actualidad, mensajes de amor, datos de nuestras inversiones, canciones tontas, programas de televisión y radio en unos aparatitos así de chiquititos, sin más que apretar algún que otro botón. Pero si queremos cambiar una cita de un especialista debemos arrastrar nuestro no importa si tullido cuerpo hasta la cola (¡sí! ¡sí! la cola, siempre y en cualquier momento...) y aguardar con resignación cristiana o con periódico gratuito, hasta el momento de poder decir: “Señorita, yo sólo quería una cosa tan sencilla como cambiar la fecha de mi cita...”. Ya sabe que, además, por mala, la espera, ahora, se puede prolongar... ¡Qué importa eso! Usted sale del hospital con su nuevo papel de cita más contenta que unas castañuelas. Le ha solucionado usted sus problemas burocráticos a la Seguridad Social. Se puede obsequiar a sí misma hasta con un terrón de azúcar.

¿Qué quieren? Yo protesto por ello. Aún en el supuesto de las posibles molestias que se puedan originar, creo que, puestos en la balanza, deben pesar más los beneficios de la rapidez, la eficacia, la eficiencia y la sencillez de poder hacer esa gestión por teléfono, que todo lo demás.

Y quería decírselo a ambas. A la Dra. Pancorbo como responsable (me dieron como tal su nombre) de estas normas y a la Sra. Aguirre como responsable de una sanidad madrileña que, como ve, es absolutamente mejorable.
Atentamente,
Isabel Blas


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Segunda carta de Isabel a las autoridades “impertinentes”

Hace menos tiempo
Dra. Pancorbo
Dª. Esperanza Aguirre

Señoras:

Pues nuevamente aquí —algo que ni yo pensaba—, para contarles una segunda parte del asunto éste de las citas de especialistas... iba a decir telefónicas, pero claro, no, de las citas no telefónicas.

En mi primer relato, les conté que tuve que cambiar mi cita a mi especialista. Finalmente hecho. Acudí a mi especialista. Felizmente hecho. Y ella me dijo que me vería nuevamente en el mes de julio. Nada que objetar a la fecha. Mi revisión es así siempre, aproximadamente cada tres o cuatro meses. Me despedí de ella deseándole feliz primavera y me dirigí a la Unidad de Citas a patita a pedir mi nueva cita en persona, sin teléfonos ni líos por medio. Más contenta que unas castañuelas iba yo en esta ocasión cumpliendo el protocolo médico a rajatabla. En persona. Sorteando las dificultades de las obras, teniendo que bajar a pelo la escalera con mi pierna medio coja porque los ascensores están colapsados, debiendo esperar una cola de varias personas hasta llegar a la ventanilla, pero nada de ello me importaba. Iba en persona a conseguir una nueva cita de especialista.

¡¡Pues tampoco pude!!

¿Quieren saber cuál fue ahora el problema? Se lo cuento, no se preocupen. Sucede que, en el mes de abril, el ordenador de la Unidad de Citas no tiene metido en su programa el mes de julio y no se pueden dar citas para dicho mes (cosa rara rara donde las haya, puesto que en los hospitales lo más lógico es que las fechas de citas se dilaten bastante y deberían tener programa para los próximos dos años). La solución que me dio la amable operadora —que digo amable, amabilísima— es que volviera aproximadamente a finales de mayo. Pero, claro, que volviera en persona.

Por aquello de reírme yo sola un poquito más (para mí era un día feliz dado que mis diagnósticos eran buenos y parece ser que viviré muchos años más) le pregunté si podía llamarla por teléfono, pero ahí la amabilidad continuó pero la negativa también: no, no podía. Tenía que ir personalmente.

Hace unos días estuve en la Tesorería de la Seguridad Social y leí que hasta los ingresos se podían hacer vía TDT (¿qué será el TDT?) y aparecían en el anuncio cables, pantallas, ordenadores. Algo muy moderno, sin duda, modernísimo. Y en el periódico vino que los médicos van a atender ¡¡por móvil!! algunas consultas (algo lógico si se piensa que ya operan por televisión). Seguí buscando en el periódico a ver si, mientras tanto, había hecho efecto mi carta y ya se podían hacer o cambiar las citas de los especialistas por teléfono. Pero llegué al sudoku sin encontrar nada más.

Así es que les escribo de nuevo. Ya saben. Mi protesta. Otra vez. Enérgica y ambiciosa. La muy tonta (mi protesta, digo) no pierde la esperanza de que podamos (ella y yo) conseguir nuestro objetivo.

Muy atentamente,
Isabel Blas

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¿Qué os dije? ¿A que merecía la pena?

La historia está basada en hechos reales y ningún animal (ni del Hospital, ni de Sanidad, ni de la Comunidad de Madrid) fue lastimado durante los hechos relatados.

PS: No deseamos mal a nadie, pero ojalá algunos de ellos tengan que pasarse semanas haciendo gestiones mientras suena un disco (el mismo siempre) de villancicos cantado por la Tuna.