miércoles, 26 de junio de 2013

Sin orden y concierto

Ya sé que la expresión es sin orden ni concierto, pero es que en el caso que os cuento esta semana no hay orden, pero sí concierto. Al menos había unos señores tocando. Cantar, lo que se dice cantar, poco y mal. Y es que eran los Hombres G. 

Ahora viene la explicación. ¿Qué hacía yo viendo a estos señores? Pues eran las fiestas de mi pueblo (o ciudad, para que no se enfade nadie), y era una excusa para ver a amigos y tomarnos algo juntos. Excusas, dirás.  ¿No será que te gustan?  Pues no te diré que les odie, me parecieron divertidos en su momento y algún disco de ellos compré (todavía se compraba discos en aquella época), pero de ahí a decir que me gustan…


Lo mejor de los Hombres G es que no se disfrazan de mamarrachos para tocar una guitarra. La voz del cantante no ha empeorado con los años (era muy difícil que fuera a peor. Canta menos que un espía ruso) y suenan bastante bien en directo. Nunca han ido de nada, y cumplen lo que proponen, hacer pasar un rato divertido.


Pero no te voy a hacer la crónica del concierto. Hay señores que saben mucho más de música y que te lo explicarían mejor que yo. Pero sí voy a hablar de la fauna que puedes encontrar en los conciertos. Da igual, de qué grupo o cantante/cantanta estemos hablando, siempre hay un determinado grupo de gente muy parecida en estos eventos. Aquí te dejo unos cuantos. 

Los “fanes”
De verdad que es algo que no podría hacer nunca. No tengo paciencia para esperar en una cola por gusto (debería tener más cuidado al escribir según qué cosas. Cola y gusto en la misma frase… Y hasta aquí el humor cacaculopedopis).  Yo, que no he ido a ver a mi equipo de fútbol fuera de Madrid porque me da pereza, como para esperar más de una hora por unos señores que cantan… y ya sabes lo que van a cantar. Al menos en un partido no sabes el resultado… casi nunca.


¡Mira! ¡iguales!
¿O sea que me voy a ver a Iron Maiden y tengo que ir vestido como ellos? Vale, pero tienes 50 años… ellos tienen más y también hacen el ridículo, pero es que estos señores viven de esto. Si al menos fueran al concierto de Beyoncé y todos se “desvistieran” como ella. Lo peor es que hay gente que lo hace y, siendo muy amables, tienen tres tallas más que la cantanta.  ¿A que no hay huevos de ir igual que King Africa?


La del sujetador
En todo concierto en el que haya un cantante masculino está la del sujetador. Mejor dicho, la que se lo quita. Lo peor de todo es que no suele ser la más agraciada y la talla es la 200 D copa alta turbo inyección 25 cilindros (aquí se ve mi desconocimiento en cuestión de lencería). Tu peor pesadilla es que se le escape la prenda y te arree en el careto. 


¡No te he venido a oír a ti!
Señores que se saben todas las canciones del concierto y te las cantan más alto que el propio grupo. Una cosa. He venido a oír al de arriba, al que canta, no a ti. Vale que cantes mejor que él, pero es que esto no es Factor X, ni Operación Triunfo. Ya estás cruzando la pasarela y te vas a tomar por saco.

Guachi chunai forever
Es una versión del anterior, pero este ¿canta? en inglés. Los cursos CCC no le han dado más que para el My Taylor is Rich, pero ahí le tienes. Superfan de los “Guachis and the Night” y sin tener ni idea de lo que dicen y cantando como un poseso (y muy alto) todas las canciones.


Esta me la sé
Ese que tienes a tu lado, sí, ese que parece una persona normal, que ha estado tranquilo durante todo el concierto.  Hasta que llega la canción que se sabe… la que conoce todo el mundo. Se transforma, empieza a dar palmas y bailar (casi siempre de forma arrítmica) como un loco con LA canción. No se la sabe entera, pero el estribillo lo tiene controlado y quiere que todo el mundo lo sepa.


¿Qué hago yo aquí?
Es el “acompañaor”.  No le gusta el grupo, pero ha venido con su pareja o amigo/a (esperando ser más que eso), superfan del artista en cuestión. Puedes reconocerlos porque se pasan el concierto mirando el reloj y odiando al resto del público cuando pide más canciones.  Los mataría a todos, pero ahí sigue por amor a la pareja… o porque quiere pillar y sólo ha venido para eso.

Pagafantas sin fronteras
En todo concierto, hay un tipo que sube a la “churri” a los hombros. Su motivación es pillar, cómo algunos ejemplares del qué hago yo aquí, pero estos no suelen ser novios. “Seguro que si subo a ésta, luego pillo…”.  Si vas a pillar, una lumbalgia de puta madre. Y si además, a la churri le da por quedarse en tetas, vas a ser el único que no las veas.

Casi le toco
Es el/la optimista por naturaleza. Ha ido al concierto, está a 300 metros de su ídolo/a, pero le ha visto cómo le miraba, y le ha lanzado un beso.  ¡Y era tan guapo/a!

Pués no están mal
Ha ido al concierto no muy convencido, sólo conocía un par de canciones del grupo y no había oído nada más, pero en directo son una pasada y se ha pasado todo el concierto botando. Al terminar dirá, pse, para un rato no están mal.

Vale, si es gratis
Les da igual quien cante, mientras sea gratis. Entre ellos están los grupos de señoras que se tragan un concierto de rap o heavy por el mero hecho de que no cuesta dinero. También puedes encontrar a los  despistaos viendo a  Maria Dolores Pradera o a la Pantoja con sus melenas y sus pantalones “asustaos”, tarareando la música que escuchaba su madre. Negará todo al día siguiente.

Qué bien lo “pasemos”
Van a echarse unas risas. Hacen gracia nada más que a los que van con él, porque al resto le joden el concierto. En realidad son los graciosetes, que no hacen gracia a nadie. Pero tiene que haber uno en cada sitio.

Los padres de ella
Los padres de las criaturas. La niña o el niño son “superfanes” y ahí les tienes aguantando estoicamente al Justin Bieber de turno o a One Direction. Esos chavales, de mayores, deberían ponerse el tatuaje de Amor de Madre y Padre en la frente en penitencia por lo que les hicieron pasar a sus progenitores. 



Adolescentes en escabeche.
Les han dejado ir al concierto y están solos…. Aprovechan para hacer todo lo que no podrían hacer delante de sus padres… que se niegan a ver al Justin Bieber de turno. Son padres, no santos. Y fuman, y beben, y será el concierto de sus vidas… hasta que se les pase la tontería.

No tienes más que ser un acompañante para darte cuenta de que hay miles de especímenes en los conciertos, pero tampoco es plan de aburriros.  Y ahora, como en los conciertos, aquí tenéis un bis.

¿Eres cantante? ¡Pues canta!
Los cantantes. Tío que he venido a oírte y verte cantar a ti. No tengas morro y cortes cada canción para que cante el público. Porque a) tu cantas mejor… o al menos deberías hacerlo (David Summers, estás disculpado b) el público no se la sabe entera c) son ese grupo de señoras que han venido al concierto porque es gratis y no saben ni en qué idioma estás cantando. 

miércoles, 19 de junio de 2013

Esas pequeñas cosas

Además de una de mis canciones favoritas, el título del post viene a cuento de lo que voy a hablar. Son esas cosas que pueden no parecen importantes, pero que te alegran el día. Antes de que sigáis leyendo, aviso (no soy traidor). No voy a hablar de sexo (¿queda alguien leyendo?), y procuraré no ser demasiado escatológico (ahora sí que me he quedado solo).  Además lo del sexo, no es una cosa pequeña (sin entrar en el tamaño propiamente dicho que cada uno) y no sólo te alegra el día, sino que te alegra la vida.  Tampoco hay que tomárselo tan en serio como el amigo “Clin Isvuz”.  Es un poco más sádico en el tema de las alegrías.


Para que sepáis de qué canción hablo, aquí os dejo el vídeo. Ya, ya sé que parece que Serrat va a soltar la guitarra y salir corriendo a perseguir a los malos en Miami, pero es que era 1987 y es la ropa que se llevaba en aquél entonces (¡Qué expresión tan viejuna).


A algunos os parecerá que estas pequeñas cosas no son para tanto, y que soy muy simple por alegrarme con ellas, pero es que soy hombre. No hace falta mucho para hacernos feliz. Con darnos de comer, no hacer demasiadas preguntas, dejarnos dormir y en general, no molestar, ya está. Aquí os dejo otras cosas que, al menos a mí, me alegran el día. Y como no soy supersticioso, os dejo las 13 que se me han ocurrido.

Si te levantas y no te duele nada
Seguro que habréis oído que a partir de los 40 si no te duele nada, es que estás muerto. Como dicen cuando no tienes dinero, lo importante es la salud… Lo malo es que dentro de poco, te va a hacer falta tener pasta para tener salud (Y hasta aquí, mi crítica al gobierno, intentaré que no me jodan el día hoy).


Aparcar a la primera
No, no me refiero a aparcar bien a la primera (que en algunos casos, es motivo de celebración), sino a encontrar un aparcamiento. Y ya, si es gratis, puedes miel sobre hojuelas (¿Qué cojones son las hojuelas?). Prueba a meterte en Madrid con el coche y si a la media hora de intentarlo, has encontrado aparcamiento, es tu día de suerte. Eso sí, no juegues a la lotería, ni eches la quiniela, has agotado el cupo por hoy. Y no, no cantes victoria hasta que vuelvas a por el coche. Puede que un amable agente del orden, o esos capullos y capullas con chaleco verde (no, no son los suplentes de la selección española calentando) no te han puesto un papelito en el parabrisas del coche. (Aviso, quitarle el limpia al coche, no te va a evitar la multa, ni poner cienes y cienes de tickets para confundirles).


Correo recibido
¿No os ha pasado nunca que recibís un correo larguísimo sólo para decirte al final que está todo correcto, que no tienes que hacer nada más y que muchas gracias?  ¿Por qué no empezarán por ahí? Cuando te llega ese correo, lo tienes que leer mil veces para ver si lo has entendido bien, y después, llamas para preguntar y asegurarte que está todo correcto. ¿Pero de verdad que no tengo que hacer nada más? Y cuando te lo confirman, sólo en ese momento, es como encontrarte en tu baño a Charlize Theron pidiéndote (en perfecto castellano, no vaya a ser que te confunda el idioma), que le enjabones la espalda… sigues sin creértelo.
         


¡Prueba superada!
Creo que no soy nada envidioso (a no ser que sea a ti al que se le aparezca la señorita Theron en el baño), y me alegro cuando alguien gana un premio. Donde sea, en la tele, en el trabajo (ahí te dan pocos premios, está la cosa tan jodida que el premio es tenerlo, y si te pagan bien, ya es la leche).  A lo que voy, que me hace ilusión ver a alguien feliz en la tele (no, no me refiero al señor González Pons o a Montoro sonriendo).


Momento libro
¿No os hace ilusión poneros a leer ese libro que os ha enganchado?  Hay un momento con cualquier libro en el que dudas, no sé yo, no está tan bien… Hasta que te metes en la historia y no puedes dejar de leer, y volver a retomarlo es una de esas pequeñas cosas que te alegran la vida. Lo peor es terminarlo, es como decir adiós a un amigo (creo que tengo que dejar de beber Mimosín). 

Esos domingos
Te has levantado tarde, no tienes ganas de hacer nada, pones la tele para ver si hay algo que merezca la pena (como tantas otras millones de veces que lo intentas), pero esta vez sí. Están poniendo la película que has visto cien veces, que te sabes los diálogos, cada gesto de los actores, pero te da igual. La vuelves a ver. Y sonríes como cuando Montoro dice que no van a subir los impuestos).

¿Nuevo capítulo?
Cada vez veo menos la tele. Me refiero a la convencional. Sin embargo, estoy enganchado a varias series a la vez.  Mi nombre es Javier, y soy adicto a las series. Ojo, no a todas, me faltarían horas al día para ver todas las que me gustan. Hay que elegir, y los días en los que sé que hay un nuevo capítulo, soy más feliz que Messi regateando adversarios (que cada uno elija el adversario al que me refiero).


¿Y este billete de 10?
Esos días en los que refresca y te pones la rebeca (haciendo caso a tu madre), y te encuentras un billete de 5 o de 10 euros. ¿No te da alegría?  Hombre, claro que es mucho mejor uno de 500, pero es que tú no eres político y no hay sobres para todos. Las monedas también molan, pero a no ser que te encuentres el cofre del tesoro (y no los suelen llevar en los bolsillos del pantalón), no es igual. Aunque dinero, “tié que haber”, como veis en el vídeo (con la colaboración especial de mi amiga Pilar).


¿Ya?
¿Estás agobiado? ¿No te da tiempo a hacer todo lo que tienes que hacer? Ponte a hacerlo, ¡Coño ya!  Ya verás como el tiempo que pierdes en preocuparte, lo puedes dedicar a hacerlo. Y lo haces, y antes de lo que esperabas.  ¿Ya te sientes mejor? Pues eso. Esto que parece un manual de autoayuda, a veces funciona.  Recuerdo una vez que me pedí un día libre en el trabajo para hacer mil gestiones, a las 10 de la mañana ya estaban hechas. Y lo bien que te sientes, cuando ya no tienes que hacer nada.

Ummmm ¡Qué bien huele!
Vas a comer a casa de tus padres, o de tus suegros, y te encuentras que ponen tu comida preferida. Ni aunque estuviera Charlize Theron con sus 20 hermanas gemelas en la ducha (¿si son 20 también serían gemelas?) te levantarías. Es de mala educación levantarse de la mesa.  

Respect
Vas en el coche, intentando aparcar, y suena esa canción de Aretha Franklin que te encanta. Y no sólo la cantas, la berreas (con tu inglés), la bailas, y eres feliz…. Hasta que te das cuenta que han subido un vídeo al “Llutú”, pero da igual.  Ya no me pueden quitar lo “bailao” (¿Quién cojones te puede quitar lo bailao?)


¡Ya lo tengo!
Llevas dos horas intentando recordar el nombre de un actor, o de una película… lo que sea. Le das más vueltas a la cabeza que la niña del Exorcista. Desistes y al poco tiempo te viene el nombre. Ya os he dicho que soy muy simple, pero te da una alegría del copón. Y sin mirar en la “Interné” ni nada.

¡Coño Manolo!
Vas por la calle y crees reconocer a un amigo que hace tiempo que no ves.  Miras, remiras, te limpias las gafas y ¡Coño, pero si es Manolo!  ¡Qué alegría hombre! Lo malo es que el tal Manolo lleve el mismo tiempo intentando esconderse para que no le reconozcas… ¡Que hubiera sido más rápido!


Por supuesto que hay muchísimas cosas más que me hacen feliz, pero ya os dije que no iba a hablar de sexo… Os dejo que parece que oigo el ruido de la ducha... 

martes, 11 de junio de 2013

¡Vade Metro!

¿O es vade retro? Nunca se me dio demasiado bien el latín, pero es algo así como ¡Qué te pires! ¡Échate pallá! Niños, si os sale algún texto en latín (igual con el cambio de ley de Educación tenéis que estudiar religión en esa lengua del infierno), no lo traduzcáis así, esto es una interpretación libre.

Bueno, a lo que voy. No es que esté en contra del metro, ni mucho menos. Es uno de los mejores medios de transporte y el de Madrid no está nada mal (a pesar de los políticos). Limpio, rápido y cubre gran parte de Madrid y alrededores (Comunidad de Madrid, ya si eso, os paso la factura más adelante). Pero es que ha cambiado mucho desde que lo utilizaba a diario. En los últimos años he montado más en  metros de otras ciudades y hasta hace poco no había vuelto a ¿disfrutar? del de “Madrí”.  Llamadme antiguo (si tenéis cojones), pero se han perdido algunas cosas que le daba al metro el sabor especial que tenía (como Sevilla, pero en versión gustativa). Del olor, me quedo con el de ahora.  

Cuando utilizaba el metro, a la Vicepresidenta del Gobierno, le peinaba aún su madre y medía… (aquí no hay muchos cambios). Permitidme un inciso. Querida madre de Soraya: Por favor, siga peinando a su hija y no deje que salga en la tele como si acabara de pegarse un revolcón. No es que los demás miembros del gobierno sean ejemplos de “buenos pelos” (los que no sufren alopecia galopante). Si no, mirad al presi y cómo le afectan los recortes del “yusformen” en la barba. 

Hay muchas cosas en las que ha cambiado el metro, menos las taquilleras, que como dice el chiste, las metieron allí de pequeñitas y han ido creciendo. Aquí os cuento las cosas que me ha llamado la atención en mi reciente experiencia como usuario del suburbano (¿Os habéis dado cuenta qué bien utilizo los sinónimos para no repetirme?).


Su tabaco, gracias
Hubo un tiempo en el que se podía fumar en los andenes, pero no me refiero a esto, sino a las máquinas expendedoras de billetes. Si no eres usuario Informático avanzado (todos los somos. Lo pone en el currículum), vas jodido para sacar un billete. Tienes tantas opciones que al final no sabes si has comprado un vagón entero para ti solo, te va a salir un sándwich mixto o un paquete de Ducados de la máquina

¡Vaya precios!
No, no voy a comparar lo que cuesta ahora con hace 20 años, que era cuando lo utilizaba. Ahora todo es más caro, pero es que además, la tarifa depende de a dónde vayas. El precio mínimo es de 1,50 euros hasta 5 estaciones y luego 0,10 por estación adicional, hasta un máximo…, si vas al aeropuerto, tienes un recargo de… He leído algunas cartas escritas por médicos más fáciles de descifrar.


La línea 5 ya no tiene vagones del siglo Equis Palito Equis
Hace años, sabías en la línea que estabas por la antigüedad de los vagones. Los de la línea 5 eran los que heredamos del metro de Londres, en los que se subiría la tatarabuela de la Reina de Inglaterra (si la monarquía hubiera utilizado el metro alguna vez). Ahora son casi todos nuevos y muy limpios y no huelen a pescado cuando estás en Puerta de Toledo (pero esto no tiene nada que ver con el metro).

Esperanza Argüelles ya es sólo una cantante
Antes me sabía de memoria las líneas y muchas de las estaciones de metro. No es que el señor alemán que nos vuelve locos a todos (Herr Alzheimer) haya tomado el control sobre mi cabeza (y no tengo prisa).  Es que ahora hay más líneas y estaciones.  Esperanza-Argüelles que era la línea 4, ha cambiado el apellido y ha pasado a ser Esperanza Pinar de Chamartín. ¿Se cambiará el nombre la “cantanta”? ¿Y cómo cantará Sabina la canción de Tirso de Molina Sol Gran Vía Tribunal?  Porque ya no se llama Sol, ahora es Vodafone Sol, y no estamos para que se ahogue Don Joaquín.

Más publicidad que Antena 3 durante la Fórmula 1
No sólo cambian los nombres de las estaciones por motivos publicitarios. Pronto veremos Rios Four Roses, Príncipe de Beckelar, Delicias de Merluza La Cocinera, Palos de cangrejo Mercadona, Vista Alegre de Afflelou, Empalme by Viagra… También hay publicidad en la pared, en los pasillos, en los vagones y próximamente en la frente de l@s taquiller@s (hay que ser políticamente correcto). El metro es como el mono de un piloto de Fórmula 1.

¡Pero si hay tele!
Antes se podía ver a los señores con sus “transitores”, pero una vez allí abajo tenías menos cobertura que el seguro de vida de los Kennedy. Ahora hay hasta tele. Bueno, unas pantallas enormes en las que antes salía todo el tiempo la señora Aguirre. Ahora sale otro señor digital. Y es que el PP son muy 2.0, a la mayoría de ellos les han nombrado a dedo. Aquí os dejo la programación, pero podría resumirse en: ZP caca, PP bueno, anuncios, deportes y para cerrar un mensaje de qué "güenos semos" los del PP. 

Las taquilleras
Como os decía al principio, son las mismas que había cuando Alfonso XIII (el hijo del “dónde vas triste de ti”) inauguró el metro. Y el muy cuco se reservó una estación. Seguro que exagero, pero la edad media debe andar por los 200 años.  Y cada vez quedan menos, en algún momento irán jubilándose, pero en vez de poner a otra gente, ponen máquinas que expenden (¿Qué cojones significará expender?).

¿Quién corre más? Usain Bolt o una abuela para pillar asiento en el metro
Esto no ha cambiado. Hay una especie que sigue teniendo su hábitat en el metro. También se les puede ver en autobuses y en otros transportes públicos. Y es la señora mayor que anda muy mal de lo suyo, pero no hay quién la adelante a la hora de sentarse en el metro. 

Hay muchas más especies, pero esto daría para un nuevo post, como el niñato de los auriculares con la música a 300 kilowatios (o como se mida la mierda de música que lleva), el “sobaor” de tetas con el codo, el del casco de moto (siempre hay uno en cada línea), los borrachos del último o el primer tren…

¡Qué bonita melodía!
Creía que ya se había acabado esa bonita tradición de ¿amenizar? el trayecto con el puto acordeón o los de Palacagüina tocando la melodía de Titanic con las flautas andinas (Del Cóndor pasan :-)), pero ahí siguen. Y algunos lo hacen muy bien, pero hay otros…

Esto es un hecho real. En el pasillo de Avenida de América hay un señor que toca (los cojones mayormente y a veces el acordeón). Pues el otro día le escuche “interpretar” My Way (escrita por Paul Anka y popularizada por Frank Sinatra… Para que luego digáis que no os culturizo). Creo, no puedo afirmar, que la estaba cantando en inglés, pero sonaba tal que así:

Chu miiii,
Chu mi, chu mííííí
Ay jaf tu llúuuu
Ay chu mi chuuuu, mi
Ay chu, chu mi chu llu (pausa para respirar)
Maaaaaaai güeeeeeey!!!!


Crisol de razas
¿Qué os creíais? ¿Qué no iba a hablar de la diversidad cultural? Si te montas en cualquier metro de otra ciudad, pongamos por caso en Nueva York, tienes claro que el porcentaje de guiris que te vas a encontrar es muy alto.  Incluso tú, eres de fuera (aunque los guiris son siempre los otros). Pero es que en el metro de Madrid el porcentaje debe andar muy parejo.  Entre turistas y gente que trabaja aquí, en Madrid, puede haber como 20 millones de extranjeros en toda la red de metro (es una estimación totalmente científica. Hay 2310 vagones y en cada uno hay más de 8.600 extranjeros… Lo que me ha costado hacer la cuenta, y es que ya sabéis mi facilidad con los números).

Por favor, desconecten sus dispositivos móviles
Si en el metro nos obligaran a apagar el móvil, la Tablet, el Kindle o cualquier aparato electrónico no montaba en el metro ni Perry. Cuando levantas la vista del móvil (para mirar en qué estación estás), te das cuenta que la mayoría está ensimismada (de Mallorca) en sus aparatos (mejor dispositivos, no penséis que el metro es “Sogoma y Modorra”). Ya no se ve ni un mísero ejemplar de La Razón o a alguien leyendo un periódico (¿Por qué hago una distinción entre La Razón y periódico? Anda, vete al rincón de pensar y ya verás como tú mismo encuentras la respuesta).

Hay muchas cosas más que me han llamado la atención, pero tampoco os voy a abrumar… Y tampoco está tan mal para las 5 veces que he utilizado el metro. Si me dejáis un mes, os escribo los Episodios nacionales.

miércoles, 5 de junio de 2013

De aquí, de Madrid

Permitidme que hoy me mire al ombligo (en sentido figurado, que os lo creéis todo y además hay ombligos que molan mucho más que el mío… También los hay más feos, como esos que parecen garbanzos en remojo). Quiero decir que hoy voy a escribir sobre cómo hablamos los de aquí, de Madrid.


¿Os habéis dado cuenta que si a algún madrileño le preguntan de dónde es siempre dice: “de aquí de Madrí”? Da igual si estás en Madrid o en la China Popular (Carod dixit) que dirás lo mismo. Y el chino te mirará con los ojos como platos (de esos en los que se ponen las aceitunas y los boquerones en vinagre, pero platos), porque tú se lo dirás con perfecto acento madrileño. Y no sólo decimos que somos de Madrid, sino del barrio o el pueblo. De Madrí, Vallecas, Carabanchel, La Elipa, Móstoles, Fuenla o el Barrio de Salamanca (éstos no hace falta que lo digan, se les nota… bueno, en realidad se nos nota a todos). 


A veces no hace falta que lo digamos. Los madrileños tenemos acento, aunque creamos que no.  Hasta que sales de Madrid y al oírte hablar te preguntan (válido en Península, Baleares y Canarias, los guiris no son tan diestros en captar los acentos). ¿Tú eres de Madrid, no? Y claro que eres de Madriz o Madrí (son las dos formas aceptadas para nombrar a la capital), y además lo dirás con orgullo. Porque otra cosa no, pero todos somos orgullosos de ser de aquí, de Madrid aunque no hayas nacido aquí. Por supuesto que los andaluces también están orgullosos de ser de donde son, y los vascos, y catalanes…, pero nosotros lo decimos como, ¡Pués claro! ¿Y de dónde mejor se puede ser?  No voy a contestar a esta pregunta, porque se me ocurren muchos sitios mejores de dónde ser, pero ese es otro tema.

También he de decir que no estamos bien vistos en según qué sitios. Yo diría que en casi ningún lugar nos ven bien. Tenemos una fama (probablemente merecida) de chulos y algo prepotentes (y no van desencaminados). Pero no quiero hablaros si caemos bien o mal. Habrá de todo. Nos hace gracia como hablan los del resto del estado español (si digo país, igual se mosquean algunos, y si digo estado español también), cuando dicen palabras que nosotros no utilizamos, o tienen expresiones diferentes. 

En Madrid no dan cosas en la tele (y cada vez menos), las echan. Nosotros vemos la tele, no la miramos (y casi siempre cuando está encendida). Aquí no hay salas de fiesta (¡Qué cosa tan antigua), hay garitos. También nos comemos palabras. La Plaza de Castilla es la “Plazacastilla” y el “Barriolpilar” es lo que la gente de fuera conoce como el Barrio del Pilar. Otras veces no nos las comemos, pero suena tal que así: Nosotros “lorde Vallekas”. No, no es un personaje de “Jarrypoter”, es que los de Vallekas lo dicen así. Aquí no hay ningún hijo de puta (perdón por la expresión), en todo caso, algún hijoputa. 


Si quieres saber si alguien es de Madrid observa cómo pronunciamos Kiosko. No sólo Bono (el exministro) dice egque, kiogko, digcoteca (¿se sigue usando esta palabra?), también los de Madrí. “Voy a ver la ceremonia de los “Ogcars de Jólivud”. Tenemos palabras propias, que se han ido extendiendo, pero nosotros las decimos mejor (aquí se ve la prepotencia y chulería) como gilipollas.  Esa g pronunciada con pasión y la doble l que suena como una ch. Es difícil describirlo pero sería algo como “Menudo ggggggilipochaaaas”. Si dice careto o gepeto en vez de cara, también es una evidencia. Y muchas veces, la liamos parda.


Otros, que suelen ser algo más mayores parece que les han sacado del casting de la Verbena de la Paloma.  Esos que hablan muy despacio, cortando la frase y casi siempre son de Chamberí. No sabes si te están hablando, te van a cantar un chotis, o les está dando un ataque de hemiplejia.


Luego hay otras tribus que no son endémicas de Madrid pero como somos muchos, aquí hay más, aquí os dejo unas cuantas.

O sea ¿no?
También conocidos como los negativos.  Muchas eses y pocas bes. O ssssea, sssaessss ¿no?  Cada frase termina en ¿no?  Y te dan ganas de decirle, pues ¡no! Y cállate ya, ¿no?  Ojo, que hay pijos en todas partes, pero el madrileño es como que ssssupermejor, ¿no? ¿ssssabessss? Es la versión del you know?, pero más de aquí. También deciros que suelen estar mucho mejor ellas que ellos.  

Como yo digo
Esta especie está cada vez más extendida.  Son los que te dicen continuamente la misma frase y todo lo  empiezan diciendo lo mismo. “Y como yo digo” y luego continúan con la frase más trivial del mundo, o un refrán. Como dice mi hermana (esto ya lo he utilizado, pero es que hoy es el día del reciclaje ¿no?): ¿Os habéis parado a pensar que los demás también lo decimos así PORQUE NO HAY OTRA FORMA DE DECIRLO?


Los “bodys”
¿No os hace gracia esa gente que quiere hablar como si tuvieran 15 años o todavía fuera 1980? Ya en aquella época era ridículo, pero ahora, ya es peor que ver a Cayetana de Alba bailando (iba a decir sevillanas, pero en general, bailando cualquier cosa). Siguen moviendo el esqueleto o te dicen cosas como ¿Qué pasa con tu body?, efectiviwonder, molan cantidubi, van tan rápido como un Fitippaldi (también conocido como Felipandi en algunos lares de la sierra de Madrid), y a tope de power… ¡Ojo! Guay también se está convirtiendo en una reliquia. No llega al límite de yes very well fandango, pero se va acercando.

Probablemente la canción más “body” de la historia

Genio y figura
Es una subespecie de los bodys, pero estos tienen más arte y gracia.  Utilizan términos pasados de moda, pero porque siempre los han utilizado. Son los de las variantes del dabuti, dabuten y siguen llamando botijos a los botellines, peluco al reloj, viejos a los padres, las tiendas para ellos no se cierran, se chapan, y continúan llamando tronco y tronca a todos sus colegas (si son de Madrí serán “suggggcolegas”).

¡Deja de decir fistro!
Si aún sigues utilizando jarl, pecador y otras “perlas” de Chiquito de la Calzada es momento de renovarte o… (iba a decir morir, pero casi es preferible que te maten). Con el debido respeto, tuvo su gracia (¿seguro?), pero ya pasó.  Y si además de las “chiquitadas” todavía usas las frases de Martes y 13 (digamelón, Encanna, lo tuyo ya es delito.  Deberías entregarte a las autoridades en cero coma (otro término que odio).

Seguro que hay muchos más, pero si queréis un estudio pormenorizado os habéis equivocado de sitio. A ver si voy a tener que llamar a “la Espe” para que os meta en vereda… Y ya de paso, nos libramos los de aquí, de “Madrí”, de ella.