miércoles, 10 de abril de 2013

Nos siguen engañando

¿Os acordáis cómo nos engañaban cuando éramos pequeños? Si no lo recordáis, no pasa nada, nos siguen engañando ahora que somos mayores. No, no hablo de los políticos. Bueno también. Los políticos nos engañaban antes, lo hacen ahora, y lo seguirán haciendo por los siglos de los siglos (siento ser pesimista con este tema, pero creo que esto no cambiará nunca).  Pero no vamos a echar la culpa de todo a los políticos. Al fin y al cabo, y aunque no lo parezca, ellos también son personas.

A lo que me refiero en el título, es que desde que somos pequeños vivimos en la mentira, o utilizando el vocabulario de los políticos, nos dan explicaciones o declaraciones que no se ajustan a la realidad en forma parcial o total.  Los mayores te dicen: “Ya lo entenderás cuando seas mayor”. Y te haces mayor y tampoco lo entiendes. 

Y no será porque tú no preguntas. Hay una época de la vida en la que los niños se pasan preguntando ¿por qué? una media de 50 veces al día. Hay algunos que incluso de mayores siguen con la misma cantinela. Y la respuesta a los porqués suele ser una de estas opciones: “te lo digo yo, por que sí o soy tu padre/madre y se acabó” ¡Menuda argumentación!  Los políticos además tienen una variante para explicar lo que hacen o dejan de hacer: “Porque tengo mayoría absoluta y las urnas nos han dado la libertad de hacer lo que nos sale de los huevos”. Lo dicen de otra manera, pero vienen a decir más o menos eso.


Aquí tenéis un ejemplo de un adulto que sigue queriendo saber. Si os digo la verdad, este señor (aunque no os lo creáis) me cae bien y además se hace una pregunta que es clave para la historia de la humanidad. 


Para ilustrar mi argumentación, aquí os dejo algunos ejemplos de los engaños que hemos sufrido desde nuestra más tierna infancia.

¿Quién es el niño más guapo?
Pues tu madre, tu padre y gran parte de tus seres queridos (menos ese pariente desagradable que hay en todas las familias) piensan que tú eres el más guapo o la más bella entre las bellas. Pero luego llegan otros hermanos, o primos, o vecinos, y también les dicen lo mismo.  ¿En qué quedamos? ¿No era yo el más guapo?  De mayor te das cuenta, que ni antes ni ahora eres el más guapo.  Pero claro, no te van a decir ya de pequeño.  ¿Quién es este niño del montón tirando a feo?

¿Te quito la nariz? ¿De quién es este culito?
O sea que llega un señor o señora, que en teoría tiene criterio, y te dice que te ha quitado la nariz.  Y tú, como eres educado, aunque seas pequeño, le sigues el juego.  ¿Qué vas a hacer?  Total, no sabes hablar y no le puedes decir.  ¿Pero tú eres tonto o qué?  Y ahí te ves riendo como un idiota con un señor que te ha quitado la nariz. Lo del culito, ya no te hace tanta gracia. Prueba a decirlo en alto a otra persona en el metro o en el autobús. ¿A que no te atreves?  Pues no se lo digas a un crío.

¿Te tapas la cara y ya no estás?
Es uno de los primeros juegos que te enseñan en tu tierna infancia. Puede que de pequeño seamos algo simples, pero los hay ya bien creciditos que siguen pensando que tapándote la cara ya no te ve nadie. No estoy muy seguro, pero creo que no cuela.


El chupete
Estás tú tan tranquilo con tu chupete, y van y te lo quitan mediante engaños.  “Venga hombre, que ya eres un tío grande”. ¡Si solo tienes año y medio!  No puedo elegir la ropa que me pongo, me seguís poniendo un pañal, no puedo comer lo que quiero y ni siquiera puedo expresarme para mandaros a tomar por saco, ¿Pero ya soy un tío grande? Ahí te das cuenta de que tu vida va a ser un infierno. ¿Tu chupete se lo van a dar a otro niño?  ¿Se lo han llevado los Reyes? (esto es más creíble y sobre todo teniendo en cuenta como está la familia Real).

Si te lo comes todo…
Hay que comérselo todo porque hay niños que no pueden comer. ¿Y? ¿Pero qué razonamiento es ése?  Si me lo como yo tampoco voy a poder dárselo a ellos. Hay niños que se lo comen todo. ¿Ah sí? Pues dime cómo se llaman y dónde viven (frase real de mi novia en su tierna infancia. Tan práctica ella). Pero claro, lo que te obligan a comer, no es lo que te gusta.  ¿Por qué no puedo alimentarme de bocatas de Nocilla? (lo de la Nutella es algo más moderno y por ahí no paso). Y aquí entran otra vez las diferentes opciones: Porque te lo digo yo, porque sí o porque soy tu padre/madre y se acabó. 

Cómete las espinacas
Si a tí no te han obligado a comer espinacas y te han dicho que te pondrás tan fuerte como Popeye, no has tenido infancia… o eres muy joven y ya te has librado.  Vamos a ver.  Sí, las espinacas tienen mucho hierro (los langostinos también tienen hierro y no me los ponían), pero no me pongas como ejemplo a un marino tuerto con una novia más fea que un demonio.  Yo de mayor no quiero ser como él. No quiero estar todo el día pegándome con otro señor más fuerte que yo por una chica que no me gusta.  Y vaya ejemplo, siempre fumando.



Walt Disney tú tampoco te libras
Este hombre sí que ha hecho daño.  ¿Un ratón con guantes como Michael Jackson que habla?  ¿Un pato con chaqueta pero con el culo al aire que habla pero no se le entiende? ¿Y esas princesas?  Siguiendo con el tema de las familias reales te das cuenta de que no todas las princesas son buenas, pero esta es otra historia. Las princesas de Disney no es que fueran muy listas, más bien un poco ñoñas (eso sí todas cantan como los ángeles) y su máxima aspiración es casarse con un Príncipe azul.


Los buenos siempre ganan ¿seguro?
Los dibujos animados y las películas de “jolivú” también nos han jodido la infancia.  ¿Siempre ganan los buenos?  ¿Y quién decide quiénes son los buenos?  En las películas del oeste los malos eran los indios. O sea que llegan unos tíos de fuera, se cargan los búfalos o los bisontes o lo que sean esos bichos con cuernos, les quitan las tierras (sin indemnización ni nada)  ¿Y los malos son los indios? En cualquier caso, en la vida real, pocas veces ganan los buenos. A mí me gustaba más el coyote que el Correcaminos, y mira quién ganaba siempre.


Si no te va a doler
Siempre que oigo esto, sé que me va a doler.  Es como cuando escucho lo de no te preocupes. No lo puedo evitar, cada vez que alguien lo dice, me preocupo.  Lo bueno de estas frases es que nadie se las cree. Tú explícale a un niño cuando ve la jeringuilla antes de hacerle un análisis que no pasa nada, que esto no duele y ya verás el corte de mangas que te va a hacer.

Rosa o azul
Aquí ya me estoy metiendo en jardines. No es que sea mentira, pero lo de que los niños tienen que ir de azul y las niñas de rosa no me gusta. ¿Por qué a los niños les tienen que gustar las pistolas (mal) y a las niñas las muñecas.  Echad un ojo al vídeo de esta niña, que lo tiene muy claro.


Las malas compañías
Cuando eres pequeño, tus padres están muy pendientes de quiénes son tus amigos, qué hacen, quiénes son sus padres. Estáis muy equivocados, cuando hay que tener cuidado es cuando eres mayor. Mira que amigos tienen los políticos. La amistad es muy importante, por eso en los gobiernos sólo están los amiguetes.  ¿Aunque sea un inútil? Pues sí, pero es amigo.

Lo importante es participar
¡Los cojones! Podría haber suavizado el comienzo del párrafo, pero no quiero engañar a nadie. Es importante participar si ganas. Imagínate esta conversación  - “He participado en muchas entrevistas de trabajo, pero no he pasado el proceso de selección.” – “No te preocupes, lo importante es participar”.

Lo peor de todo es que todas estas mentiras pasan de generación en generación, por no hablar del Ratoncito Noel, los Reyes Pérez o Papá Mago… ¿O era Papá Pérez, el Ratoncito Rey y los Magos Noel?  

2 comentarios:

  1. Decididamente, la mayor mentira era la de "cuando seas mayor ya lo entenderás".

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    Respuestas
    1. Verdad verdadera. Igual es que tienes que ser muy mayor y aún no hemos llegado (a tí te queda mucho, joven padawan :-)

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