miércoles, 30 de enero de 2013

20 años no es nada ¿seguro?


La letra de uno de los tangos más famosos de Carlos Gardel (sin buscar en San Google, ¿Alguien sabría decirme algún otro cantante de tangos? No me vale Calamaro, éste los destroza, ni Malevaje que son más de uno), dice, después de que sentiiiiiir que es un soplo la vida, que 20 años no es nada.  Para algunos los tangos son como las frases de Paulo Coelho (más sinvergüenza que Calatrava, el de los puentes), ejemplos a seguir, trozos de vida. ¡Pues no!  Aquí Gardel no tiene razón.  20 años es mucho, y la diferencia entre los 20 y los 40 es una burrada, excepto para Demi Moore, que le gustan los yogures recién hechos (no como al Ministro que se los come caducados). 

Ya sabéis que me gusta generalizar. No es bueno, pero me gusta, aunque sólo sea en el blog. Ya en la vida real no lo hago, pero como el blog es mio… Y es que es mucho más divertido jugar con los estereotipos.  Hay jóvenes de 40 años y viejos de 20. También hay tíos de 20 con más sentido común que uno de 80, pero vamos a lo que vamos.  

En  este post, nos centramos en las cosas que hacías o decías a los 20 y que ahora ni se te pasa por la cabeza volver a hacerlas. Habrá alguno que sí, y en ocasiones, echas de menos hacerlas, pero ni tienes el cuerpo, ni las ganas. Vamos allá. 

¿Pero qué me estás contando?
A los 20, todo lo que te diga un tío mayor (todo aquel que tenga 2 años más que tú, ya es un viejuno), será una chorrada y por defecto, será ignorado. A los 40, todo lo que te diga uno de 20, será una chorrada y por defecto, será ignorado.  No, no me he equivocado y se me ha ido la mano con el “copipeist”. Esto es así.

¿Que sabrá este mocoso sobre la vida?
Si a tus cuarenta años, viene un niñato de 20 (pongo en boca del cuarentón, lo de niñato), a explicarte algo nuevo, la reacción será: “Chaval, no tienes ni $%? idea de lo que estás hablando”.  Aunque el niñato sea doctor en física y te esté explicando la teoría de cuerdas, le mirarás con aire de superioridad, esbozarás una sonrisa irónica y le espetarás (que no es tirarle una sardina al careto facial, sino Decir a uno bruscamente algo que le sorprende o molesta). “¡Tú qué coño sabes de la vida!  La teoría de cuerdas es, quiero decir, es como si, pongamos como ejemplo el..” y te podrás tirar 20 minutos sin parar de decir chorradas para no dar tu brazo a torcer.

Pues yo me acuerdo de…
 Si uno de 40 empieza con esta frase, échate a temblar. Si es de más de 40, no tiembles, ¡huye! Al final terminará diciendo que todo esto (sea donde sea, incluso dentro del Estadio Santiago Bernabeu) era campo.  Si lo dice el de 20, el de 40 años, esbozará una sonrisa… y vuelve al párrafo anterior, lo del espeto y el coño y la teoría de cuerdas.

¿Y a esto lo llamas Música?
No lo intentes, nunca llegarás a un acuerdo. La música que os gusta, a los de 20 y a los de 40 no tendrá nada que ver.  ¿No os da un poco de vergüencita volver a escuchar grupos o canciones que escuchabas en vuestra juventud?  Bon Jovi (no me gustó ni antes, ni ahora), parece su propia madre, da un poco de grima. Ahora que todo está grabado, estoy esperando a que se avergüencen las crías de 20 años cuando vean el vídeo del concierto de la niña ésta del pelo corto que canta raro, sí hombre… Justin Bieber.

Tocan los Guachis and the Night en Kuala Lumpur
Allí te ves con 20 años, preparando tu viaje, lo más barato posible para poder ir al concierto de Los Guachis and the Night (no lo busquéis en la Wikipedia, se separaron hace tiempo y no fueron muy famosos, pero vuelven con sus “grites jis”). Ahora, si tocan cerca de casa, puedes dejar el coche al lado, y no es un sitio demasiado grande, te lo piensas 50 veces, antes de comprar las entradas.

¿Hay gente que va de vacaciones a un camping?
Con 20 años, con tal de salir de casa y librarte de tus padres, eres capaz de ir a un camping de vacaciones. Y cuanta más gente entre en la tienda de campaña, mejor.  Con 40 sólo irías si te participas en un programa de esos de Telecinco: “Conocidos por la Selva”, “Los Famosos se han perdido” o cualquiera similar, y sabes que te van a dar una pasta gansa, hagas lo que hagas. A los 20 vas de camping con 2 camisetas, un bañador y un pantalón largo (por si acaso).  A los 40 vas a un hotel, con dos maletas y un bañador (por si acaso). A los 20 llegas a Benidorm y ¡Jodó qué de p.m. cuánta gente, mooola!  A los 40 vas a Benidorm y “Coño, aquí hay demasiada gente”, y te vas a Calpe. 


¿Pero a mí qué me va a pasar?
A los 20 eres un superhéroe, o eso te crees. No te puede pasar nada, eres invencible (excepto si eres del Atleti, que lo aprendes rápido).  A los 40, sabes que te puedes caer y que en cualquier momento, te harás daño. Se te cae hasta el pelo que parecía tan bien agarrado, ¿no te vas a caer tú entero?

Si sólo son las 11.  ¿Las 11 ya?
Con 20 años, a las 11 estás vistiéndote para salir de marcha.  Con 40, te estás poniendo el pijama para ir a la cama.  Vale que hay gente que sigue saliendo, pero los bomberos, enfermeras y el resto de trabajadores a turnos, no cuentan.

¿Que me parezco a quién? 
A los 40 ya tienes claro que vas a ser igual que tu padre o tu madre. No sólo físicamente, que también, sino en la forma de reaccionar y comportarte. Si a uno de 20 le dicen que, no tardando mucho, será igual que esos señores mayores que le hacen la vida imposible… A los 40 te sorprendes dando consejos (que los jóvenes obviarán) como los que te daban tus padres, a los de 20, volverán al primer punto de qué me estás contando.

El garito estaba hasta arriba
Según quién lo diga es bueno o malo.  Con 20 años lo que quieres es ir a un sitio que haya mucha gente (la cola del paro, no vale). A los 40 pagarías por no ir a ese mismo sitio e ir a aquella sala de fiestas (mis padres siguen diciéndolo y me mola la expresión) en la que había música tranquila y se podía hablar.  Como dice mi amigo Jose Miguel, a los 20 botellón y a los 40 botellín (y uno solo porque al segundo no llegas).

¡Pero qué ropa llevan!
Da igual que hablemos de la actualidad (los de los pantalones cagaos), en los 80 (aquellos calentadores de lana (parecían la Gallina Caponata)… Los de 20 nunca se pondrían la ropa de los cuarentones (fuera de la temporada de Carnaval). Eso sí, tienen que pasar dos generaciones para lo que se llevaba hace 40 años, se vuelva a poner de moda, y las niñas irán vestidas como iban sus abuelas (de ahí que haya tanto viejo verde).


¿Veis como Gardel se equivocaba? Y es que no hay que creerse todo lo que digan las canciones, ni al que os diga “pues todo esto antes era campo”.

Y si no conocías la canción, o quieres volver a escucharla, aquí te dejo el vídeo de Don Carlos (y sí, es más viejo que yo, que al final alguno dirá que es de mi quinta :-))


miércoles, 23 de enero de 2013

Pepe, ¿Qué tal por Alemania?

No sé si habéis visto la obra cumbre de la cinematografía española ¡Vente a Alemania, Pepe! Quizá me he pasado un poco con lo de cumbre, pero al menos sí que es famosilla, y en España, el título de tan excelsa película, se ha convertido en un dicho popular. 

Todo esto viene a cuento, porque acabo de pasar un fin de semana en tierras teutonas (no voy a caer en el chiste fácil y relacionarlo con ninguna parte de la anatomía femenina de las bávaras), y me dispongo a hacer un estudio pormenorizado del país y sus habitantes. ¿Qué dos días son pocos para hacer un informe? Hay gente que no sabe de lo que habla, hace un estudio sociológico, y además te lo cobra.  Esto al menos es gratis.

La idea que se tiene de los alemanes es la de unos señores y señoras muy altos y muy rubios que beben cerveza, que no juegan bien al fútbol pero que ganan muchos partidos. Que hablan como si estuvieran enfadados y tienen una palabras tan largas que las puntuaciones del Scrabble o el Apalabrados tienen que ser de escándalo. Pero para contaros eso no hacía falta que leyerais este post, aquí estamos para llegar al fondo de las cosas  (como esperéis un artículo de investigación, vais listos :-))

Son todos rubios

Empezamos desmontando este mito. A no ser que se hayan teñido todos para el fin de semana y que me haya cruzado con todos los turcos, latinos y españoles por el Mundo que hay en Múnich, tengo que decir que no todos son rubios. También hay que señalar que por la calle casi todos llevan algo en lo alto por el frío que hace.  Gorros, pañuelos, sombreros, capuchas y demás tipo de tocados eran habituales por las calles munique, monega, mune…(cojones por Munich). Para saber si todos son rubios, ya sabéis el método infalible, pero no era plan de ponerlos a todos en fila y en bolas sólo por satisfacer vuestra curiosidad.  ¡Que todo lo queréis saber! Altos, sí que son… algunos.

Suban empujen

¡Pues no! Metro no se dice así, pero hay más de una palabra que parezca una traducción del español.  ¿Qué se puede esperar de un idioma en el que treppen significa escaleras?  Vale, si son escaleras de subida tiene sentido, pero si vas para abajo. ¿Cómo trepas? Tiene más sentido que adiós se pronuncie “olvídensen”.  Es un adiós más radical, como que no quieren volver a verte, pero ya sabemos que los alemanes son muy suyos. También podrías pensar que no tienen pipas de girasol y si las hubiera o hubiese las llamarían Pippen (como el jugador viejuno de la NBA) o “Semillen de girasolen que se comen en partiden de fusball”.  He aquí la prueba de lo complicado que es el alemán. 



Hace un frío que te tiemblan los empastes

Diréis, ¿a quién se le ocurre irse a Munich en enero?  Es como irse al Caribe en julio o agosto (pues también lo he hecho, para tareas de documentación y morirme de calor).  ¿De todas maneras, a quién en su sano juicio se le ocurre salir a 7 bajo cero a hacer turismo? Pues claro que hace frío, estás en Alemania, y estamos en enero.  ¿A que no se te ocurre salir a las 3 de la tarde en julio por Sevilla? Pues eso. 

¿Pero ellos tienen frío?

Abrigaos iban al menos. Fíjate en el polo, ¿has visto a algún esquimal en bolas? (las pelis porno con temática esquimal como por ejemplo “Ven acá tú, que te voy a enseñar mi iglú” galardonada en el festival… ¿a quién quiero engañar?) A lo que iba.  ¿Qué esperabais que fueran por Múnich como les ves por Mallorca con sus sandalias y calcetines?  Pues no, van abrigados, muy abrigados y se tapan el cuello y la boca porque son muy obedientes y sus madres (tan alemanas ellas), se lo mandan desde que son pequeñitos.  Lo curioso es que vas por la calle y suenan cascabeles (“pamí” que son sonidos testiculares al ritmo de la tiritona que llevan todos).

No hagas esperar a un alemán

La puntualidad también es un rasgo atribuido a los alemanes, pero tampoco es totalmente cierto.  Hay veces que llegan antes. Eso no es puntualidad señores, eso es llegar pronto y es tan putada como llegar tarde.  Mi tren sale en 5 minutos, y tú piensas, voy sobrado de tiempo. Pues no, el tren llega antes y sale antes (así no hay quien haga funcionar un país). 

No tienen sentido del humor

La verdad es que la imagen de Merkel no está ayudando mucho a cambiar esta visión de los alemanes.  No hace ni puta gracia la señora. Igual si la viéramos en su ambiente con un par de cervezas Frau Merkel es el cubo de la risa, pero como política no provoca muchas simpatías a los españoles. Si fuera al menos tan dicharachero como el resto de Primeros Ministros europeos. Recordemos por ejemplo a Rajoy (¡Qué chispa!) o a Sarkozy (parece un policía malo de película, de bajo presupuesto). En defensa de los alemanes tenemos que decir que un chiste con palabras tan largas debe ser difícil de contar sin trabarte, y eso le hace perder gracia.

Es un deporte de 11 contra 11 en el que siempre ganan

Esta sí que es fácil de desmontar. Ya no ganan como antes, pero es que ahora cualquiera juega en la selección.  Ya no hay tantos alemanes y se han unido turcos, africanos, hijos y nietos de españoles y no tienen el mismo espíritu. Ya en el resto de deportes, les pasa un poco igual, y si no, aquí tenéis la prueba. ¿A quién se le ocurre poner la canasta de esta guisa? Así no hay quien juegue. 

 Prometo que es una imagen real de un edificio de Múnich (Foto cedida por Ana Paez. Igual no es cedida, se la he robado, pero seguro que me deja usarla)

Los alemanes no hablan inglés

Sí que lo hablan pero tienen un acento tan fuerte que crees que siguen hablando en alemán aunque te estén leyendo a “Chespir”. Ellos pensarán lo mismo de nosotros, pero ver una película en la que Jack Nicholson habla alemán, es un poco extraño.  Da más miedo, pero mola más oírle en su idioma.

Comen cerveza y beben salchichas

A estas alturas del post y con la edad, uno ya empieza a desvariar. No sólo beben cerveza, yo una vez ví a uno que bebía agua.  También puede ser que era en el mar y estaba a punto a ahogarse… y tampoco tengo muy claro si era alemán.  Y no comen únicamente salchichas, también codillo (de ahí el color que cogen a las dos horas de estar al sol en la playa).

Y hasta aquí el estudio concienzudo sobre Alemania, usos y costumbres. Espero que NO os haya servido de nada. Esa era mi intención, pero tampoco os lo voy a decir al principio del post y no lo leéis.

También contaros que os he engañado un poquito, no es que sea un experto, pero ya he estado algunas cuantas veces, y trabajo bastante con alemanes.  Casi nazco allí, mis padres se conocieron allí, pero decidieron dejar a Pepe y volverse de Alemania.  Hubiera tenido que llamar al blog “Eine Zigarette und Piltren”.  Hasta el próximo post amiguitos:“Olvídensen”.

jueves, 17 de enero de 2013

El Efecto Ladilla


Cuando empecé con el blog mi idea principal era divertirme escribiendo, y si era posible, sacaros alguna sonrisa.  De momento, primera parte cumplida, me lo paso como un enano, y si además os reís, pues miel sobre hojuelas (toma topicazo y además ¿Qué coño son las hojuelas?), Como todo no va ser buen rollito, y además tampoco quiero que os dé un subidón de azúcar y me demandéis a las autoridades (cada vez menos competentes), hoy vamos a hablar sobre esas pequeñas cosas que nos cabrean sólo un poquito.
Personalmente hay muy pocas cosas que me enfaden, pero a medida que te haces mayor cada vez hay más actitudes, situaciones o cosas que te tocan los huevos que pasamos a llamar El Efecto Ladilla.  A este ritmo ya me veo en el próximo “rimeik” del “Muppet Show” como uno de los dos personajes de la imagen (el pelo ya lo voy teniendo igual).  


Como hay tantos efectos ladilla, como personas en el mundo mundial, vamos a hacer una pequeña selección y las dividiremos tal que así:

En casa 
  • 9 y media de la noche suena el teléfono fijo y te dicen: “¿Quién eres?” Contestas: ¿Y tú? Y cuelgan.
  • 21:32 vuelven a llamar, y ni siquiera te dan la opción de mandarles a tomar por saco. Ya han colgado.
  • Señores de Vodafone, Canal +, El Corte Inglés, Vomistar o cualquier otra empresa que tengas contratada que te llaman por teléfono para decirte que como eres buen cliente “de repente” (tal cual) te quieren hacer una oferta que no podrás rechazar.  Aquí es cuando te dan ganas de cortarle la cabeza a un caballo y metérselo entre las sábanas.
  • Te haces un bocadillo y lo que más te apetece es poner kétchup o mayonesa. Pues nunca hay. Sin “en cambio”, el día que no quieras ponerte nada, tendrás 20 botes y variedades de salsas para todo tipo de comida.
  • Tienes 200 canales de Televisión y no hay un programa que merezca la pena. Al final te sorprendes llorando por la muerte de una foca macho en un combate a muerte con el líder de la manada o viendo una competición de billar a tres bandas en Kazahstan (o como quiera que se escriba este país del demonio).
  • 12 de la noche. Estás muerto de sueño, tan cansado que te quedas sopinstant en el sofá.  A los 10 minutos te despiertas sobresaltado, te echas un cigarrito, te lavas los dientes y ya estás listo para otras 4 horas sin pegar ojo.  
  


En el espacio exterior
  • Cine con 1000 butacas y sólo 20 ocupadas.  Pues llega el listo y se sienta a tu lado.  ¿No tienes suficiente con 980 asientos libres?  ¿Y por qué siempre eres un tío y no una maciza? Iba a hacer lo mismo. NADA. Pero al menos si no te gusta la peli, te la montas tú solo (la peli, no a la maciza).
  • Vas a un restaurante. Lees la carta de postres y todo tiene una pinta cojonuda.  Al cabo de 10 minutos te decides por esa tarta de chocolate que has visto a la amable dama de cabellos plateados de la mesa de al lado, pero ¡Ay mísero de mí, ay infelice! Ya no les queda… ¡Así se atragante la vieja! 
  • ¡Qué limpio está el extranjero!  Es que los guiris (en su país) no tiran las cosas al suelo. La cantidad de papeleras es directamente proporcional al número de guarros.
  • Paso de cebra. Reduces la velocidad y dejas pasar a un grupo de chavales.  ¿No os joden esas personas que van más despacio y te miran directamente a los ojos como si estuvieras en un duelo a muerte en una peli del Oeste?  
  • Estás en el supermercado. Como siempre, no llevas carro, porque ¿para qué? Si sólo voy a comprar 200 kilos de cualquier cosa.  Cargado como un mulo con la bolsita reciclada del “carreflur” te diriges a la caja para efectuar el pago.  Siempre me adelanta una señora mayor que podría pasar perfectamente el casting de la tía de Norman Bates.  Cualquiera le dice nada, pero te toca la moral.
  • Uno de los efectos ladilla más irritantes es el de: “Huy, no te había visto, si no me dices nada, paso de largo”.  Mamón/a, llevas caminando de frente desde hace 10 minutos y ¿tienes que bajar la cabeza cuando te cruzas conmigo? La próxima vez paso de ti y… Nunca pasas porque eres una persona educada.
  • ¿No odiáis a los que bajan o suben las escaleras para no darte charleta en el ascensor?  Yo no. Ellos, se lo pierden. Tendríamos una conversación inolvidable de 1 minuto sobre la situación meteorológica. Quizá me enfada un poquito, pero no mucho. Pues no sé yo nada de líneas isobaras, sensación térmica, el anticiclón de las Azores y los Churrascos del Cantábrico. 
  • Entras a un baño público con la velocidad de quien tiene verdadera necesidad de miccionar.  Otro sale a la misma velocidad y te pegas el susto de tu vida.  Se te corta no sólo las ganas de mear, sino hasta la respiración. 
  • Vale, ya te has pegado el susto y has orinado (¿os dáis cuenta como manejo los sinónimos?).  Sales del baño y te cruzas con un tío que entra a toda leche.  ¿Dónde irá el cabrón con tanta prisa? ¿Pues no va y se asusta de verme? 
En el trabajo 

  • Estás terminando un documento Excel. Sabes que la fórmula está mal, pero no sabes cómo arreglarla. Pides ayuda y ese botón que se había ocultado durante más de una hora, aparece como por arte de magia cuando tu compañero se acerca al PC.
  • Vas al baño, te pegas el susto correspondiente al cruzarte con el compañero que te hace el relevo.  Haces aguas menores (I’m on fire! ¡otro sinónimo!). Vuelves, y el ordenador se ha reiniciado por la puta actualización de Güindows (El Sistema Operativo, al Ministro no hay quien le actualice, ni le desinstale).
  • El ordenador no arranca, haces mil pruebas, tocas todos los botones, hasta que alguien te dice con aire de superioridad ¿Lo has enchufado? Le miras con los ojos inyectados en sangre, y cuando estás a punto de decirle: “¿Tú te crees que soy imbécil?”, miras de reojo para ver el cable y respuesta afirmativa. Eres imbécil, no estaba enchufado.
  • Sales de la oficina y te cruzas con los de la empresa de enfrente. Nunca saludan y si pueden salen corriendo para no bajar contigo en el ascensor. Con el buen rato que podríamos pasar hablando del tiempo.
Seguro que hay mil cosas que te provocan el efecto ladilla, pero tampoco es cuestión de darle más bola de la necesaria.  Vamos a relajarnos, intentar no enfadarnos demasiado porque es uno de los propósitos del año que sí quiero cumplir (aunque no lo apunté y seguramente no pasa nada si no lo cumplo), y ya nos cabrearemos por las cosas que de verdad tienen importancia.