miércoles, 28 de noviembre de 2012

El amor en los tiempos del Tuenti



Exterior Noche- Estadio Vicente Calderón

Tres chicos jóvenes de unos 14 o 15 años gritando desde la grada a una periodista a pie de campo

Tres jóvenes al unísono (que quiere decir “todosalavez”)

¡Rubiaaaaaaaa, pásame el tuenti!!!!

La periodista rubia, sin girar la cabeza, hace caso omiso (que quiere decir ni puto caso) de los jóvenes que se desgañitan repitiendo la frase una y otra vez.

Palabrita del niño Jesús, que no me he inventado esta escena. Lo mejor de todo es que los chavales estaban indignados porque la rubia en cuestión no les hacía ni caso.  ¿Qué esperábais que fuera hacer la muchacha?


A – ¿Que os oyera mientras otros 50.000 tíos animando a su equipo y os gritara su perfil de Tuenti?

B – ¿Que se enamorara de los tres a la vez al veros tan apuestos y educados y corriera rauda y veloz a vuestro encuentro para salvar la distancia de 50 metros y os propusiera relaciones estables?

C - ¿Qué sólo se enamorara de uno de los tres, pero había que intentarlo?

D.- Ninguna de las tres primeras y echaros unas risas

Probablemente apostarían por la cuarta, pero ¿y si cuela?  Al fin y al cabo, ellos sólo pedían el tuenti de la rubia.  Luego todo lo demás, sería coser y cantar. Una vez tienes su perfil, la chica ya está en el bote.

¿Os acordáis cuando no había tuenti, ni Facebook, ni Twitter, ni Whattsapp, ni “ná de ná”? Por no haber, no había ni móviles.  No os estoy hablando de cuando todavía se entendía a la Duquesa de Alba al hablar.  Hace menos de 20 años de todo esto.  ¿Te gustaba una chavala?  Pues te jodías y tenías que llamarla por teléfono. Sí, sí, a ese teléfono fijo que todavía algunos tienen en su casa y que no suena más que para que un comercial te llame a las 10 de la noche para venderte algo. 



Los números de teléfono, si era en tu provincia sólo tenían 7 dígitos.  Si te molaba alguien de otra parte de España, estabas jodido, tenías que saberte 9 números.   ¿Quién se sabe ahora el móvil de otra persona?  Sin embargo me acuerdo del fijo de todos mis amigos (aunque no les llame nunca a casa).

A lo que iba, que siempre me pasa igual. Si te gustaba una jovenzuela, o ya te habías liado con ella, la primera prueba de fuego era conseguir hablar con ella por teléfono.  Ibas a una cabina (ese sitio donde se cambia Supermán), y llamabas.  Siempre, siempre, siempre, el teléfono iba a ser respondido por una voz masculina (las madres solo cogen las llamadas en las películas).  Había dos opciones, el padre, con voz de padre y poco simpático, o el hermano, en teoría más simpático, pero tirando a hijoputa.

En cualquier caso, la secuencia era siempre la misma. Tú con voz temblorosa, dirías, 
- Tú: Por favor, ¿podría hablar con “ponga aquí el nombre de su amada”? 
-Hermano:  ¡Pili! (¿Me habré equivocado?  ¡Me había dicho que se llamaba
 Pilar!).  “Te llama tu novio”.   
 – Tú: “No, que no soy tu novio, sólo somos…”

Pero ya estás hablando solo… o peor, ya estás hablando con ella y lo ha oído todo.
Si es el padre el que contesta, sería. 

–Padre: “¿Tú quien eres? “
- Tú: “Pues soy fulanito” (en el mismo momento que dices tu nombre, te cambia la voz y vuelves a tener cinco años).

Cuando contestaba el padre, la chica no estaba en casa, es una regla no escrita y te toca hablar más de la cuenta con un señor con una voz de más mala hostia que Fernando Fernán Gómez firmando autógrafos.

Una vez que lograbas dar con tu chica, o medio novia (tu quieres ser su novio, pero ella no), había que pasar un nuevo suplicio.  La velocidad con la que la cabina se tragaba las monedas.  Tenías 100 pesetas en monedas de 5 y aquello iba más rápido que Forrest Gump en los sanfermines.  Si se cortaba, tenías que volver a conseguir cambio y empezar el proceso de nuevo.

Había dos opciones, la carta (cuando aquello ya iba en serio) o los teléfonos.  Ahora, tienen todas las posibilidades de contactar con la chavala, o el chaval (que también ellas tienen derecho a entrar a los tíos).  Tienen el tuenti (menos el de la rubia de nuestra primera escena), Facebook, Twitter, Google+, whattsapp… mil y una posibilidades… Y con todas estas posibilidades, ¿lo único que se te ocurre es llamarla ¡Rubiaaaaaaa!?  Dios da pan a quien no tiene pañuelos (otra vez me he vuelto a liar).

En próximos capítulos explicaremos más a fondo las posibilidades del amor en los tiempos del Tuenti, o no...

miércoles, 21 de noviembre de 2012

¿Cómo están usteeeedes? Pues un poco tristes, la verdad



Salir de la cama siempre es una putada (sea lo que sea que hayas hecho dentro de ella), pero levantarte un domingo, más o menos temprano y que la primera noticia que veas es la muerte de una de las personas que más te ha hecho reír en tu infancia, es aún peor.  

No recuerdo la televisión sin algún miembro de la familia Aragón. Primero fueron Gaby, Fofó, Miliki y Fofito, luego llegó Milikito, después Rody… Pero siempre fueron Los Payasos de la Tele, los de verdad.  Ahora hay muchos más payasos en la televisión, casi ninguno de la familia Aragón, y todos sin hacerme ni puta gracia.  

Para esos niños de 30 años a los que cantaba Miliki hace más de 13 años (a ver esas matemáticas…), escuchar el famoso Había una vez, un circo, era lo más.  Lo que llevabas esperando toda la semana (así de simples éramos). Sinceramente, no recuerdo qué día de la semana lo ponían, tenía 5 añitos (sí, había tele en aquella época), pero recuerdo ver a tres señores con una camisa gris (más tarde supe que era roja) por las rodillas y otro más serio con un frac diciendo ¿Cómo están ustedes?… Todos, hasta mi abuela, aunque estuviera resfriada y se había pasado el día diciendo que estaba muy mala, gritando como una loca, ¡Bieeeeeen!



La secuencia era siempre la misma, todos y cada uno de ellos, soltaban la misma frase para que los niños perdieran la voz.  Después la actuación de algún domador, mago, alguien haciendo juegos “calamares” (como diría Miliki), la aventura con el Sr. Chinarro (aquel calvito que siempre terminaba malamente) y el cierre con alguna canción. No sé si el orden era exactamente ese, pero la aventura era tan esperada como el último capítulo de Lost (y además mucho mejor).



Da igual la edad que tengas, pero si eres español (ya sé que me leéis muchos desde fuera de España y se os agradece muchííííísimo, pero seguro que les conocéis también) has oído y cantado alguna, aunque sólo sea una, de sus canciones.  Y aquí, es donde estoy convencido, de que estos señores se metían algo para componer esas letras.  Se habla mucho de las drogas y los Rolling o Los Beatles, y toda esa panda de ye-yés, pero estos eran de la época y esas letras no se escriben con una cervecita y un Ducados únicamente.  Con todo el respeto que les tengo, estos señores se “drojaban”, esas narices postizas ocultaban algo y si no, ¿cómo es posible lo siguiente?
  • En la canción de Hola Don Pepito y Don José, dos tipos requete finos y medio chiflaos. ¿A quién se le ocurre una conversación como esta?  ¿Qué enredos tenía la abuela de Don Pepito con Don José (¿o era al revés). Sospechoso cuando menos. 
  •  ¿Y el ratón de Susanita? ¿Pero dónde se ha educado esa niña para alimentar un bicho así?  Normal, que el bicho le diera por bailar tangos y rock & roll, si le has inflado a azúcar al bicho con el chocolate, el turrón y las bolitas de anís.  En los últimos análisis tenía la tensión por las nubes y está a base de Danacol.  De Susanita no se han vuelto a tener noticias. 
  • ¿Y el auto feo? No me importa porque llevo ¿Torta? Esto lo coge Iker Jiménez y te hace un programa entero con la letra. El viajar es un placer que nos suele suceder… Vale, lo que tú digas.
  • La de los chinos de amol también tenía su miga. Ahora que se ven tantos chinos en sus tiendas de chinos, nunca he oído esta conversación. Puede ser que no lo pille porque hablan en su idioma, pero por el tono no se les ve muy enamorados. Al menos en los chinos donde yo compro.  Sólo dicen, “son tles cualenta” (todo cuesta lo mismo, independientemente de lo que compre). 
  • En el Dale Ramón, la historia termina bien, el chaval de tanto chutar fuerte, llegó a Primera División.  No sé a qué equipo, pero para mí, que nos han engañado.  En la colección de cromos nunca he visto a ningún Ramón.
  • Otra es la de la escoba y Pepe.  Seguro que el Instituto del Infante prohibiría la canción.  ¿Dónde se ha visto a alguien pedirle la escoba para darle con ella?  Pepe trae la escoba que te doy con ella.  Este Pepe, debía ser el padre de Don Pepito, que luego se lió con la abuela de Don José.
  • ¿Y qué me decís de Manuela, porompompón? ¿Qué rima con Manuela?  Pues Cazuela ¡Qué gran idea! ¡Vamos a hacer una canción sobre una cocinera que se llama Manuela y si me hace buenos guisos, yo le compro un piso!  Si no os creéis la letra, aquí la tenéis: http://seronoser.free.fr/payasos/letras.htm#manuela


¿Véis como, casi siempre, mis teorías están fundamentadas?  Estos señores eran unos cracks (y va sin doble sentido). Si habéis tenido la suerte de disfrutar con ellos, entenderéis que aunque me levanté un poco triste, siempre es mejor recordar al gran Emilio Aragón (el otro es alto, pero no es tan grande) con una sonrisa.