martes, 26 de junio de 2012

Desconfía de un hombre sobrio bailando


Como dice el célebre proverbio que me acabo de inventar (puede ser que lo hayáis oído antes, pero yo no,  para mí es nuevo y como el blog es mío…), no te fíes nunca de un hombre sobrio bailando.  

Puede que el bailarín no atente contra tu integridad física, o quizá sí, pero seguro  seguro, que tu vista se verá dañada.   También, puede darse el caso de que el hombre en cuestión sea un profesional, pero de estos no voy a hablar porque no tienen ni puta gracia.

Como ya viene siendo habitual en este blog, vamos a proceder a hacer una disección de hombres bailando.  Todos, claro está, bastante perjudicados por las “drojas” y los efectos del alcohol.  

  • ¡Nos vamos de marcha!

Es el momento de salir con la basca (sí amigos, todavía hay gente que sigue usando esta expresión) e intentar pillar.  Pillar y baile, no deberían ir juntos en la misma frase, pero generación tras generación, seguimos cometiendo el mismo error.  Hasta la segunda copa está prohibido bailar. Da igual lo buenas que estén las “mozas” del garito, de la plaza del pueblo o del lugar en el que te encuentres.  Al principio sólo moverás los pies, pero luego te sueltas y sería mejor que nunca hubieras empezado.

  • Follow the leader

Llega el verano y aparecen las canciones con instrucciones.  El “foloudelíder”, el “pasitopalante María”, la Yenka (algo más antigua) y alguna más de cuyo nombre no quiero acordarmeo.  Mira que lo dice la letra, pero nada. Si la canción dice una mano arriba, allá que les ves moviendo la cintura.  Cuando dicen izquierda, tooooodos para la derecha.  La culpa la tiene Aznar que quitó la mili y se jodió la marcialidad J

  • El “Maikelyakson”

Son todos aquellos que por bailar como el rey del pop lo único que consiguen es que parezca que hubieran pisado una caca de perro y se la intentaran limpiar.  El método continúa por agarrarse la zona “cojonil" y pegar un gritito bastante gayer.  Eso sólo le quedaba bien al finado (esta palabra sí que mola aunque sea para referirse a un muerto).  Amiguitos, no lo intentéis en casa, y mucho menos rodeado de gente. No es gracioso por muy borracho que vayas.

  • El breikindance

Revolcarse por el suelo y hacer la croqueta no es break dance.  Hacer el robot tampoco, pero ahí les tienes intentándolo y si van más pedo que Alfredo, con más ahínco (sin rimas, por favor).  También intentarán agarrar al más cercano para hacer el calambre (seguro que hay algún término más profesional para llamarlo)… Cada vez que alguien baila break, Dios mata un gatito.  Dentro vídeo



  • Las Tres Vueltas

¿A qué creías que ahora venía el Crusaito o el robocop?  Pero que poco confiáis en mí.  Nada más lejos de la realidad, el que viene ahora es “El tres vueltas”.  Os preguntaréis qué significa. Dícese de aquellos que se han pasado unas vacaciones en cualquier lugar turístico en el que se baile cualquier variedad de salsa, bachata, merengue, mascarpone… (creo que me estoy liando…), y pensar que eres todo un experto en este tipo de bailes. Realmente lo único que saben hacer es mover los pies, agarrar a la chica y darle tres vueltas.  La “afortunada” sólo consigue marearse. Se han visto casos de tíos que de verdad saben bailar estas variedades pero el resto de hombres ebrios, sólo acertamos a decir: “¿Será gilipollas?  Y se creerá que sabe bailar”.  1- No es gilipollas, 2- sí que sabe y 3-lo peor de todo, él sí que se va a liar con la que has mareado previamente.

  • Perrea, perrea

La puta lambada ha hecho mucho daño en este país.  Lo único que necesitas es sacar a bailar a una moza con el mismo o mayor nivel alcohólico para poder arrimar la cebolleta. Objetivo cumplido, ¿Qué más da que se rían de lo mal que bailas?  Estás “arrimao” y los que se ríen es porque se mueren de vergüen...digo de envidia.  

  • BBC

Son los “bailaores” ocasionales.  Sólo lo hacen en eventos familiares, bodas, bautizos y comuniones, en los que se junta el peor cocktail posible, familia, alcohol y música.  Es aquí donde los jovenzuelos se descojonan literalmente viendo bailar a sus padre “moviendo  el body” (sí, también hay gente que sigue diciendo aquello de mueve tu body.  Y lo sueltan así, sin el menor asomo de vergüenza).  Lo peor es que ahora existe Youtube para befa y mofa (ésta sí que me mola) y repetir hasta la saciedad las mejores jugadas del evento familiar.  ¡Trágame tierra!

  • Paquito el chocolatero

Es la única situación en la que un hombre de bien debería bailar.  Estamos en las fiestas del pueblo ¡Qué cojones!  Este es tu momento, sólo tienes que agarrarte al de al lado, mover el cuerpo “palanteypatrás”. No tiene mucho misterio y todo el mundo va a hacer lo mismo.  Eso sí, abstente de sacarte la chorra y/o hacer un calvo, que eso ya no forma parte de la coreografía.

Teniendo en cuenta que un hombre de bien, a no ser que se gane la vida danzando, no debe nunca, y la única excepción es en las fiestas patronales, bailar ni borracho.  La humanidad entera te lo agradecerá. 

jueves, 21 de junio de 2012

¡Tierra trágame! ó ¡Trágame Tierra!


¿Cuántas veces habéis querido que se os tragara la tierra? A mí me ha pasado alguna que otra vez.  Afortunadamente, no demasiadas, o al menos (el cerebro es muy sabio), se me han olvidado. Seguro que algún cabrón con pintas (que suelen ser mis mejores amigos), me recuerda alguna. Antes de que lo hagan ellos, les ahorro el trabajo y ya las cuento yo. 

Recuerdo una vez estando de vacaciones con amigos en Benidorm (donde el hortera es un señor), hace ya muchos, muchos años, a las tantas de la madrugada (la noche me confunde) me apoyé (en lo que yo creía) la ventanilla de un coche, con la mala suerte de que estaba abierta.  Y con peor suerte, porque el vehículo estaba ocupado por un tío de 2 X 2 que gastaba muy mala hostia.  Entendible (la mala hostia), porque al apoyarme con todo mi peso en una mano, (pesaba algo menos que ahora, no la mano, sino yo todo entero) le metí un galletón en toda la cara al propietario del vehículo.  Lo peor no fue el golpe, sino las risas de los 4 mamones que aún siguen siendo amigos, al ver los “caretos faciales” que pusimos ambos dos (el hostiado y el hostiador).  No sabía dónde meterme, pero la cosa afortunadamente no pasó a mayores (en aquella época tenía un sprint endiablado, seguro que no, pero no me pilló). 

En otra ocasión, y debido a mi vista de lince, me tiré al capó de un 127, intentando hacer la gracia para asustar a un amigo (Sanvi, estás en todas). El susto fue de la señora mayor dueña del coche al ver cómo un ye-yé de mierda se abalanzaba sobre su coche. Tampoco es que yo saliera mejor parado y el susto fue morrocotudo (que palabra más viejuna) al ver que mi amigo se había convertido en una amable ancianita. 



Pero no vengo a hablar de mi libro, sino de situaciones que seguro, nos han pasado a todos.
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  • Hombre, ¡Cuánto tiempo!
¿No os ha pasado que alguien te para por la calle para saludarte efusivamente y no tienes ni idea de quién es?  El caso es que te suena.  Te empieza a preguntar por la familia o amigos supuestamente comunes, y tú intentando acordarte, ya no de su nombre, que no te acordarás nunca, sino de qué conoces a este tipo (casi siempre son tíos, nunca me ha pasado con mujeres).  Empiezas a darle vueltas: ¿La universidad? ¿Antiguo vecino? ¿Aquél garito al que ibas hace años?  ¿Del trabajo?  Intentas salir del paso, pero nada, que no das con ello, y vuelta la burra al trigo.  Qué bien lo pasamos en aquella época ¿verdad? Y tú diciendo, jodó con lo pesado que eres, no creo que lo pasáramos tan bien.
  • ¿Me vas a decir tú a mí que no eres fulano de tal?
Es la versión contraria al Hombre, ¡Cuánto tiempo!  Es este tipo que te encuentra y te dice quién eres (porque se supone que tú no lo sabes). Si hombre, si eres el hijo del X y de la Y.  Y no da una, ni es el nombre de tu padre, ni el de tu madre.  Pero va y te lo discute.  Vale, “patílaperragorda”.  Me contaba un amigo que a su padre le pasó algo parecido.  Se encontró, a un tipo que él creía que era un novillero amigo de la infancia (parece el título de una canción de Serrat), y empezó a pegar pases de pecho y verónicas al desconocido, mientras gritaba, ¡Ehe!, ¡Ehe! ¡Torito! El caso es que al supuesto novillero no le hizo ni puta gracia. (versión algo libre de una historia contada por un amigo que quiere permanecer en el “economato”.  La verdadera película es mucho mejor).
  • Siéntate por favor
Es ese momento en el que te sientes un caballero y le cedes el sitio a una joven que crees en estado de buena esperanza… y la única esperanza es que adelgace 30 o 40 kilos, porque embarazada no está.   También puede pasar con hombres mayores a los que crees que les haces un favor ofreciéndoles tu asiento y te asesinan con una mirada como la que te dedicaría Darth Vader al dudar del poder del lado oscuro si le quitaras la careta. ¿Qué cojones te crees? ¡No quiero sentarme!  Es entonces cuando decides no volver a sentarte en ningún transporte público y esperar a que a otro insensato le ofrezca un asiento a la “embarazada” y al “amable anciano”. 


  • Conversaciones peligrosas
Nunca hables de religión, política o fútbol con alguien al que no conoces suficiente. Es diarrea segura (mucho más que cagada).  Para una vez que defiendes a Rajoy (aunque no haya motivos para defenderle), el otro es del PSOE, si hablas de fútbol, siempre será del equipo contrario (en mi caso es mucho más que probable, porque los del Atleti somos pocos y siempre estamos en minoría).  Recuerdo una ocasión en la que hablaba con un grupo en el gimnasio sobre el 23 F. Qué estábamos haciendo, dónde estábamos aquel día... Hasta que salió el típico listo diciendo que (verídico) Carrillo había sido uno de los cerebros del golpe.  Yo conocía y sabía quién era aquel señor delgadito y con cara de no enterarse de nada que escuchaba la conversación “esputefacto”.  El “enterao” nos contaba con todo lujo de detalles que sabía de buena tinta que Santiago Carrillo era uno de los responsables del golpe de Estado, junto al Rey y Fraga (los tres juntos, con dos cojones y un palito…) El señor enjuto (parece un nombre de árbitro) que escuchaba la conversación mientras hacía que levantaba pesas, le preguntó en qué se basaba para decir lo que decía.   – “Lo sé y punto. Y además, ¿Usted qué sabrá de todo esto si tiene acento francés?” –“Naci en Francia, y me llamo Santiago Carrillo.  Tú mataste a mi padre, prepárate a morir” (esto ya es una licencia poética :-))
  • ¡Recuperar! ¡Recuperar!
¿Quién no ha enviado un correo que nunca debería estar en elementos enviados? Llega un correo para toda la empresa y el graciosito de turno le da a reenviar a todos, casi siempre con una chorrada, o peor, con una crítica tal que “asín”: “Se podían meter la jornada intensiva por el culo”. “¿Quién se habrá creído que es este/a listillo/a?” El listillo/a, suele ser el más alto cargo de la empresa, o es alguien de Asuntos Internos (a.k.a. Recursos Humanos). Entonces llegan los sudores fríos, ¿Dónde está el botón de recuperar?  Quita el cable de red, apaga el ordenador, haces todo lo posible para que el correo no llegue a su destino, pero es demasiado tarde.  Ya está enviado. Le ha llegado a toda la empresa. ¡Estás en la puta calle!  Yo hice una parecida, pero al escribir a una compañera hablando de otra (a la que puse en copia por error al querer comprobar su dirección de e-mail), “X es un poco borde, pero te va a ayudar” (a mi no me ayudó en absoluto, pero a mi compañera sí). 

Hay muchas más, como cuando te gusta alguien y haces todas las tonterías posibles para llamar su atención, sin conseguirlo, o incluso peor, consiguiendo que se fije en lo bobo/a que estás siendo. Salir a la calle en chanclas y calcetines a tirar la basura y que te vea todo el mundo (vale, para un alemán no sería hacer el ridículo, sino estar en “Benalmadina” o en “Fungurola”. Caerte delante de todo el mundo…

¿Se te ocurre alguna más?

martes, 12 de junio de 2012

No hay quién se avecine


Llegó el momento, vuelvo a tener Junta General Ordinaria (también como conocida como la puta reunión de vecinos).  La verdad es que no me gustan nada las series en los que salen los vecinos tipo Aquí se avecina o como quiera que se llamen pero según dicen son divertidas. Creo que las reuniones de vecinos reales, son mucho más divertidas. Yo al menos, me lo paso bien. Si no has ido a ninguna, no sabes lo que te pierdes (PLC, acrónimo de Por los Cojones).

Sólo he vivido en dos comunidades, con gente muy distinta, pero con características comunes.  Estoy convencido que en casi todas las reuniones hay el mismo tipo de personal. Como ya escribí en otro post del blog, me encanta diseccionar a los diferentes grupos étnicos.  Voy a volver a intentarlo.
  • El señor administrador

Siempre están por encima del bien y del mal, con nombre y dos apellidos, como los árbitros (para que te puedas cagar en su padre y en su madre). Son los señores que convocan las juntas, en primera y segunda convocatoria.  (¿Por qué se molestan en poner la hora de la primera convocatoria si nadie llega puntual ni a la segunda?)  Son los señores (casi siempre señores) que dan la palabra, la quitan, se inventan "palabros" que ni ellos saben pronunciar, los que nos engañan (porque nadie se sabe las leyes) con los reales decretos y la ley de propiedad horizontal (parece más una ley física para los que les gusta tumbarse a la bartola… ¿No sería más correcto, la ley de propiedad vertical?). 
  • El/la presidente/a y/o vicepresidente/a

Aquí creo que me he arriesgado demasiado.  No hay un único tipo de presidente, aunque la característica común es que es gente que está hasta los huevos.  O bien hartos de los propios vecinos, todo el día llamándoles para solucionar el problema de la jodía bombilla, que no han limpiado su descansillo, o cualquier otro tema de vital importancia, o bien de su pareja.  El tema de la pareja suele ser siempre el mismo.  “Si no te lo van a agradecer, no sé porque te toca siempre a ti.  Esto debería estar pagado….”. 

Entre ser community manager de Rajoy en estos días y presidente de comunidad, no estoy muy seguro de qué elegiría.  Los dos están mal pagados (aunque el community manager cobre millones, eso no está pagado) y te llevas palos por todas partes.

He aquí un ejemplo de la página de Facebook del presidente del Reino de España, para que veáis las lindezas que le brindan (no entro a valorar sin son merecidas o no, pero se lo merece :-)).



  • Porculero profesional

Este subgénero es profesional en todos los campos. Es el que se escaquea en el curro, al que no le puedes pedir nada por que está muy ocupado rascándose un huevo… uno sólo, porque la otra mano la utiliza o bien para llevar un papel, molestar con el teléfono o gesticular para mostrar su disconformidad con cualquier cosa que se esté discutiendo.

A todo se opone, todo lo pone en cuestión.  ¿No podríamos comprar bombillas más baratas?  ¿Cuál es el horario del portero? ¿Por qué no puedo bajar la basura a la hora que yo quiero?  ¿Son vecinos los que están jugando los sábados por la tarde en la pista de padel? 
  •        El “preguntaor”

Aunque podría ser “primo” del porculero, no tiene la mala leche del anterior.  Pregunta porque no se entera ni del NODO.  Cuando estás en medio de un tema que se ha repetido 50 veces y ya está todo el mundo conforme, pregunta. “¿Pero no estábamos votando para el nuevo presidente?”.  He visto películas de zombis en las que hay miradas más cariñosas que las que le lanzamos el resto de los vecinos.
  • Qué hay de lo mío

Esta especie es de las más comunes. Ya se puede estar discutiendo si se derriba el edificio, o si se suben los pagos de los recibos, para él siempre hay un tema más importante: EL SUYO.  Da igual de lo que se hable, él siempre tiene su tema.  “¿Por qué no ponemos un columpio?”. “No entiendo por qué la piscina tiene que cerrar a las 9 si todavía hay luz”.  “El agua está muy caliente a las 4 de la tarde, ¿Por qué no ponemos unos hielos”.  Lo que sea, da igual, siempre hay un asunto que no le deja dormir. 
  • Yo pasaba por aquí

Su frase favorita es: “A lo mejor este tema ya lo hemos hablado, pero creo que…”.  Efectivamente este tema ya se ha hablado y se ha votado hace 6 meses, cuando tú no viniste.
  • Yo es que he llegado un poco más tarde

Es una variante del yo pasaba por aquí, pero es el que llega dos horas tarde, cuando ya está a punto de terminar la reunión y pide que se le resuma todo.  A esta especie le obligaba a que resumiera todos los capítulos de Dallas y Dinastía en 10 minutos. 
  • El “enterao”

De cualquier cosa que hables, él se sabe la ley, conoce otra comunidad en la que se hacen mejor las cosas, tiene un amigo que sería el administrador perfecto, su cuñado es el candidato ideal para ser el portero de la finca.  A la hora de pedirle un presupuesto para cualquiera de estas cosas, nunca más se supo de él… hasta la próxima reunión. 
  • Los otros

Nada que ver con la peli de Amenábar, o quizá sí.  Son los que están allí, pero no saben si están vivos o muertos después de una jornada de trabajo de 10 horas y otras dos en la reunión escuchando soplapolleces. Van, votan (sin saber muy bien el qué, como en las elecciones de verdad) y a veces juran en hebreo porque el “porculero” sigue hablando, el “enterao” ha vuelto a dar su opinión y el qué hay de lo mío, ha vuelto a proponer una “idea” brillante.  

Hay muchos más, y por supuesto, esto es tan científico como las portadas de La Razón.

La parte más interesante de toda reunión de vecinos es el punto: RENOVACIÓN DE CARGOS DE LA JUNTA DE GOBIERNO DE LA COMUNIDAD DE PROPIETARIOS.  ¡Aquí me gustaría ver a un torero!.  Esto es presión y no tirar un penalti en la final del Mundial de Fútbol.  Habrá casos, no los conozco, pero haberlos, cuentan las leyendas que “haylos” que hay comunidades en que hay gente que mataría por ser presidente.  Es en este punto donde el presidente saliente, con von entrecortada dice: “Ya me gustaría seguir, pero es que no tengo tiempo.  Si alguno quisiera salir voluntario…“. Lo que pasa a continuación ya lo explicaron mejor en La Vida de Bryan.



¡Bienaventurados los que viven en el campo , porque ellos no sufrirán a sus vecinos!  ¿Seguro?

martes, 5 de junio de 2012

Y tú ¿De qué te ríes?


Dicho así, parece más una amenaza que una pregunta.  Los malotes cuando tenían ganas de liarla, no tenían más que decir esta frase para buscar una excusa para empezar la pelea.  No había una fórmula perfecta para evitar que te dieran un viaje, pero lo mejor era decir. “¿Yoooo? (con la O más larga que pudieras), de nada”.  Y si había suerte, te librabas.

Ya estamos como siempre, me lío y no voy a lo que iba.  La pregunta es literal.  No todos nos reímos de lo mismo, y a veces lo que te ha hecho mucha gracia, en situaciones o condiciones distintas, ya no te hace ni puta gracia. Seguramente el señor que se peina con petardos, el tal Punset, tiene una teoría mucho más elaborada que la mía, pero cada uno se ríe de lo que le da la gana y en ocasiones, ni siquiera puedes decidir cuándo te ríes, simplemente, te descojonas (y no me refiero a cuando tomas “droga porro” u otras sustancias relacionadas con la “drogaina”).

Como decía Rosendo hay muchas Maneras de Reír (¿o no era así la canción?) y con esto no me refiero a la forma de reír de cada uno. Hay risas que preferirías no haber oído nunca, o que le provoque al susodicho/a una asfixia reversible (para los que no habéis estudiado medicina quiero decir que el “reidor” no se ahogue del todo, pero que se lleve un buen susto).  

No soy de reírme a carcajadas. Seguro que es por timidez, pero las pocas veces que me ha pasado, no me acuerdo el porqué.  Sería por cualquier tontería.  Me encanta el humor inglés, siempre me ha parecido el más inteligente, pero seguramente todo el mundo piensa que lo que le hace gracia es porque es humor inteligente (abstenerse seguidores de Jose Luis Moreno).    Casi cualquier cosa de los Monty Phyton me encanta.  Me moría de risa con Tip, pero Coll me parecía que tenía menos gracia que la peluquera de la Duquesa de Alba. Gila siempre contaba lo mismo pero aún sigo riéndome cuando le veo en la tele como con Faemino y Cansado y alguna que otra serie de humor como The IT Crowd, Frasier...

¿Os acordáis como esperábamos a que llegara Navidad y poder ver el programa de Martes y Trece? Todo el mundo repetía las caras de soplapollas de Millán, las empanadillas, y demás estupideces.  Ahora lo ves con cariño, pero no es lo mismo. Lo mismo me pasa con Chiquito (pero me cansé la segunda vez que le vi), Mr. Bean, Torrente (a la tercera teta y cuarta espinilla reventada, ya me da un poco de “cosica”).

No podría decir de qué me río.  Depende del momento, pero muy pocas veces me hacen gracias las caídas, las inocentadas, la broma al débil, al gordito, al cuatro ojos, al distinto. Tampoco me hace demasiada gracia cuando nos reímos (digo nos, porque a veces también he caído) del que sabe menos que nosotros.  Todos aquellos que se ríen de Belén Esteban cuando le da una patada al diccionario.  ¿Quién es el tonto? ¿Ella que sin saber hacer la O con un canuto se está forrando, o los que la critican? (no pongáis sus programas y ya veréis como deja de salir). Seguro que ella piensa: “Ande yo caliente, me descojono de la gente”.

Sí que me he reído mucho con mis sobrinos y con los pequeños en general.  Me encanta esa inocencia.  A veces, sin que ellos lo sepan, están diciendo lo más gracioso del mundo.   Mi sobrino cuando su abuela (un beso, suegra :-)) le estaba enseñando a rezar lo de los 4 angelitos tiene mi cama e iba por “Cuatro angelitos que me la guardan…”, se quedó pensando y por improvisar dijo: Uno… y el crío no se le ocurrió otra cosa que responder dijo el “uno el crusaito, dos el “brikindans”.  El hijo de unos amigos (5 años.. el niño, no los amigos), una vez que nos quedamos solos y su madre y mi novia se habían ido de compras, me preguntó, “¿Dónde están nuestras madres?”.

Antes de que os empecéis a preguntar de qué os reís, os dejo un vídeo de una escena de una serie británica muy viejuna que siempre me ha hecho muchísima gracia. Seguro que conocéis a dos de los actores. Está en inglés, pero si no os reís, es porque no tenéis sentido del humor J